Nicolás Valentini no quiso hacer una biografía del polaco (radicado en la Argentina) Witold Gombrowicz. Los datos sobre su nacimiento, sus libros o los lugares donde vivió podían encontrarse fácilmente. Lo que le interesaba era llevar al cine su humor, sus contradicciones y su manera de romper con las formas establecidas.
Así nació “Gombrowicz o la inmadurez”, un filme sin guion que comenzó durante un congreso dedicado al escritor polaco y terminó convirtiéndose en un viaje por Buenos Aires, Francia y Santiago del Estero. “Traté de hacer un documental con su poética, de llevar adelante sus ideas más que hablar sobre él”, explicó Valentini a LA GACETA. Para Gombrowicz, aquello que todavía no está cerrado o terminado podía convertirse en un punto de partida. “La inmadurez puede llegar a ser una fortaleza para crear”, resumió el director.
Durante el congreso, Valentini entrevistó a figuras como Martín Kohan y Horacio González. Sin embargo, al revisar el material, entendió que la película no estaba en las conversaciones más teóricas, sino en las interrupciones, los errores y las situaciones imprevistas. “Me pareció que el documental pedía poner lo que no va en un documental”, contó. Por eso dejó escenas en las que alguien pide no aparecer, entrevistas que se cortan y momentos incómodos que una producción tradicional habría descartado. Él mismo aparece delante de cámara y funciona como hilo conductor. La decisión también está relacionada con Gombrowicz, quien escribía en primera persona y convertía su propia experiencia en parte de sus obras.
Valentini filmó con sus propios recursos, sin equipo técnico ni una estructura previa. Recién en el montaje ordenó los materiales y encontró una historia. “Era alguien del interior, sin los medios necesarios, entrando a un mundo académico y formal. Eso no había que ocultarlo: tenía que ser el punto de partida”, señaló.
Filmar fuera del centro
Nacido en Santa Fe y con vínculos familiares en Santiago del Estero, el director también buscó correr la mirada de Buenos Aires. Consideró que gran parte del cine argentino sigue concentrado en la capital y que las historias del resto del país suelen quedar atadas a expectativas ajenas.
“Es una invitación a pensar otra manera de filmar y a crear con lo que nos falta”, sostuvo. También cuestionó la situación del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. Para Valentini, existe una política de vaciamiento que redujo las posibilidades de producir, especialmente para los documentalistas y realizadores del interior. Recordó que antes existía una vía permanente para presentar documentales, una herramienta que ya no está disponible.
“Eso corta nuestras voces y nuestra expresión como pueblo”, afirmó. Por eso, valoró que el festival Tucumán Cine permita encontrarse y mirar películas por fuera de Buenos Aires y de las referencias europeas.
Proyecciones
Las últimas películas en competencia
Antes de que se anuncien los ganadores del Tucumán Cine, se proyectarán las últimas dos películas en competencia en el teatro municipal Rosita Ávila (San Martín 251). A las 18, entre los largometrajes argentinos, se verá “Gente de la ruta” (foto), dirigida por Lucas Koziarski. El filme sigue a Gladys, quien huye de su marido y se refugia con sus hijos en casa de su prima Analía en Oberá, Misiones. Entre visitas y rutinas, su vida cotidiana se ve atravesada por la oscuridad del barrio, los controles policiales y desapariciones de mujeres que trabajan en la ruta. En el turno de las 20 estará la producción mexicana “Teléfono público”, de Moïs Roditi y en la sección latinoamericana, con una historia que comienza tras un terremoto nocturno que corta el servicio de celular, por lo que se debe recurrir a las viejas cabinas telefónicas callejeras para saber cómo están los seres queridos. Además, a las 22 y en la sala Orestes Caviglia (San Martín 251) se emitirá el quinto capítulo de “Tafí Viejo, verdor sin tiempo”.









