Resumen para apurados
- Tras 20 años del crimen de la docente Beatriz Argañaraz en Tucumán, se rememora la detención de dos sospechosas clave, acusadas por el homicidio que conmocionó a la provincia.
- Las acusadas fueron arrestadas cuatro días después del asesinato. Previo a su captura, ambas mujeres afirmaron sentirse perseguidas en el marco de la investigación policial.
- El caso continúa siendo uno de los hechos policiales más emblemáticos de Tucumán, cuyo recuerdo reaviva el debate sobre la justicia y la impunidad a dos décadas del hecho.
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“Nos sentimos perseguidas. Aquí hay una caza de brujas contra nosotras para que se sepa qué pasó con Ángela Beatriz Argañaraz”. Esas palabras salieron de la boca de Nélida Fernández minutos antes de ser detenida junto con su pareja, Susana Acosta. Fueron las primeras arrestadas por el asesinato de “Betty”, un crimen ocurrido hace 20 años que conmocionó a los tucumanos.
El viernes 4 de agosto, cerca del mediodía, las mujeres se presentaron ante la fiscala Adriana Giannoni. Debían declarar como testigos y pretendían recuperar el Ford Orion que les habían secuestrado durante un allanamiento realizado horas antes.
El ya fallecido empleado judicial Carlos Bustos Morón, al salir de la oficina, le hizo una seña al cronista de LA GACETA. “Caso ‘Betty’”, gesticuló con la boca, sin emitir una palabra. Luego se llevó el dedo índice al ojo derecho. Fue la señal clave para advertir que algo importante estaba por ocurrir con ellas.
Las mujeres estaban molestas porque llevaban horas esperando ser atendidas, una práctica habitual utilizada para ablandar a los testigos. Se enfurecieron aún más cuando el equipo periodístico se acercó para entrevistarlas. En el tercer intento, Fernández se animó a hablar; Acosta, en cambio, se apartó unos metros para evitar ser interrogada y, por supuesto, fotografiada por Jorge Olmos Sgrosso. Hasta ese momento, nadie las había tenido en cuenta.
Horas después, Fernández era trasladada a una celda de la ex Brigada Femenina. A Acosta, en cambio, días después, se le permitió regresar a su domicilio para cuidar a la hija de ambas, de siete años, aunque bajo custodia policial.
Una vida juntas
Fernández y Acosta hicieron el noviciado en Córdoba. Allí se conocieron. Completaron su formación religiosa, pero decidieron no tomar los hábitos. Luego regresaron a Tucumán. Susana comenzó a trabajar como docente en el colegio Padre Roque Correa, donde llegó a desempeñarse como secretaria. Fernández, por su parte, trabajó en la Municipalidad de Las Talitas y fue secretaria gremial del Sindicato de Empleados Públicos de Tucumán.
Vivían en un departamento de la primera cuadra de Catamarca junto con su hija y tenían una casa de descanso en la entrada de El Cadillal. Ese era su lugar en el mundo, el sitio donde cada fin de semana se refugiaban para descansar. Públicamente nunca reconocieron que mantenían una relación de pareja.
“Eran tiempos en los que este tipo de relaciones no eran aceptadas. Ellas tenían mucho miedo de que la Iglesia las apartara por la vida que llevaban. No se olviden de que participaban en la pastoral y realizaban tareas misioneras con frecuencia. Mantuvieron oculta esa faceta, pese a que podría haber sido considerada un atenuante. No lo hicieron y después terminaron casándose en prisión”, indicó una allegada que aceptó hablar con LA GACETA a cambio de que no se revelara su identidad.
Gustavo Morales, defensor de las acusadas, ofreció otra mirada sobre aquella situación. “En una sociedad tan pacata y clerical como la tucumana, haber reconocido esa situación hubiera sido mucho peor. Fue todo un desafío manejarla y debo destacar la prudencia con la que se condujo el caso, tanto por parte de la fiscalía como, especialmente, de los colegas Carlos Picón -actual fiscal- y Leonardo Coria, que representaban a la familia Argañaraz hasta que le quitaron el rol de querellante”, señaló.
Giannoni también aportó su visión sobre la investigación. “Tuvimos que sacarnos de la cabeza la idea de que las sospechosas eran ex novicias. No podíamos permitir que esa condición nos llevara a creer que era imposible que estuvieran involucradas en un crimen”, sostuvo.
Ceremonia en la cárcel
En 2013, las ex religiosas terminaron casándose en una ceremonia realizada en el interior de la cárcel de mujeres de Banda del Río Salí.
“¡Hablen, digan dónde está el cuerpo de ‘Betty’! ¿Hasta cuándo van a mantener el pacto de silencio?”, gritó ese día Liliana Argañaraz, hermana de “Betty” desde la puerta de la cárcel.
Dos años después, Fernández inició los trámites legales para solicitar el cambio de género e identidad. Desde entonces pasó a llamarse Marcos Daniel Fernández.
Durante años circuló la versión de que guionistas y productores estaban interesados en llevar el caso al cine o incluirlo en una serie basada en crímenes cometidos por mujeres. Finalmente, en 2023, el director tucumano Agustín Toscano estrenó el documental En vos confío, una producción que reconstruye la historia de Acosta y Fernández y revisita uno de los casos policiales más impactantes de la historia reciente de Tucumán.










