Resumen para apurados
- A 20 años del crimen de Betty Argañaraz en Tucumán, se recuerda la teoría sobre un remisero vinculado al hecho que los investigadores descartaron rápidamente.
- La hipótesis fue presentada por investigadores federales durante las pesquisas iniciales, en un caso que involucró procesamientos por homicidio.
- El descarte de líneas secundarias permitió concentrar la causa en las principales sospechosas, manteniendo el reclamo de justicia a dos décadas del homicidio.
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La desaparición de Ángela Beatriz Argañaraz había desatado otra tormenta política en Tucumán. No habían transcurrido ni seis meses del crimen de Paulina Lebbos y nadie quería que la provincia fuera escenario de otro caso escandaloso.
Todo el esfuerzo que hizo el gobierno de José Alperovich fue en vano. El hecho terminó ocupando páginas y horas de televisión a nivel nacional. El ex mandatario dispuso que se realizara un seguimiento especial del caso. Incluso, fue el debut de Homicidios, la división especializada en este tipo de delitos que había sido creada después del femicidio de la estudiante.
Según reconstruyeron ex investigadores que participaron de la causa, Aníbal Fernández, entonces ministro del Interior de Néstor Kirchner, decidió involucrar a organismos federales en la búsqueda de respuestas sobre la desaparición de la docente. Por esa razón, se sumaron a la pesquisa investigadores de la Policía Federal, de Gendarmería Nacional y agentes de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). Nunca quedó del todo claro si el objetivo era reforzar la investigación o reunir información ante la crisis política que atravesaba la provincia.
Los investigadores federales se presentaron en la fiscalía que conducía Adriana Giannoni y solicitaron acceder al expediente. Al poco tiempo, aparecieron con una hipótesis totalmente diferente a la que manejaban los funcionarios judiciales tucumanos.
Anunciaron que presentarían al chofer que habría trasladado a “Betty” al departamento donde vivían Susana Acosta y Nélida Fernández. Sostenían que podría tratarse de un agresor serial vinculado tanto a ese caso como al de Paulina Lebbos. Vale la pena recordar que, en la causa por el crimen de la estudiante, quedó demostrado que Juan Cruzado, el remisero que dijo haber trasladado a la joven hasta la zona del parque 9 de Julio, había sido inducido por policías a sostener esa versión.
A 20 años del crimen, se supo que los federales presentaron un automóvil en la Justicia. Era un vehículo blanco que tenía varias estrellas adheridas al parabrisas y no una sola, como había surgido de los testimonios reunidos por la fiscalía. También identificaron a un conductor. “Le explicamos cuáles serían las consecuencias de no decir la verdad. Inmediatamente negó cualquier posibilidad de haber transportado a la víctima”, recordó uno de los investigadores.
Con el paso de los años, varios de los funcionarios que participaron en la pesquisa interpretaron que esa hipótesis buscaba orientar la investigación hacia una línea alternativa que permitiera cerrar rápidamente dos casos que mantenían bajo una fuerte presión al poder político provincial.










