La “ley del odio” en las rutas del NOA

La “ley del odio” en las rutas del NOA
Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 26 Julio 2026

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Diálogo en la cabina de peaje de Molle Yaco, mientras se pagan los $1.500 que cuesta el ticket para circular por la ruta 9, desde Tucumán a Salta:

-¿La gente se queja por el estado de la ruta?

-Sí, pero nadie se baja a firmar el libro de quejas.

 -¿Dónde está el libro de quejas?

-Allá, en la oficina a la par de la ruta.

El estado de la infraestructura en el NOA dio lugar a conversaciones en esta semana, desde tres aspectos. Por un lado, la queja de los constructores reunidos en Tucumán que advirtieron que la situación es crítica y que aunque están de acuerdo con que el Gobierno nacional busque el superávit fiscal ellos han perdido 120.000 puestos de trabajo y no hay inversiones.

Por otro lado, el estado desastroso de las carreteras del NOA que dependen sobre todo de la Nación, que las ha abandonado. La ruta 9, entre Rosario de la Frontera y Metán (30 km), es un paisaje lunar, está llena de pozos y por allí los vehículos circulan a 10 km/h y aún así se corre riesgo de roturas. Allí el recorrido se parece al que relata la escritora salteña Juana Manuela Gorriti en su texto La tierra natal, a fines del siglo XIX, cuando, después de décadas de exilio, deja el tren en Tucumán y vuelve al hogar de la infancia en galera/diligencia, a puro barquinazo.

En tercer lugar, la aseveración de los funcionarios tucumanos de que no se van a hacer cargo de los 600 kilómetros de rutas que le corresponden a Vialidad de la Nación (lo dijo el ministro de Economía, Daniel Abad) y la diferencia con la tarea que lleva a cabo la Provincia para hacerse cargo de sus 1.000 kilómetros de carreteras y caminos provinciales. El ministro de Obras Públicas, Marcelo Nazur, desafió a los periodistas: “estamos muy contentos cuando la obra pública avanza... No hay plata, no hay obras públicas a nivel nacional, pero sin embargo para la administración del gobernador (Osvaldo) Jaldo se avanza; tenemos más de 70 obras que Ud. quiera nombrar. Más de 170 kilómetros recuperados nuevos de la red vial. Estamos trabajando en la red terciaria en el interior”.

Mensajes ambiguos

Los constructores, que necesitan que se reactive la inversión por parte de la Provincia y de la Nación, no hicieron críticas, pero destacaron que “desde hace muchas décadas hay baja inversión en infraestructura y vivienda”, que “la infraestructura es deficiente, antigua y en mal estado de conservación. Es imprescindible el apoyo del Estado en sus tres niveles: nacional, provincial y municipal”. Así lo dijo el titular de la Cámara Argentina de la Construcción, Gustavo Weiss, que advirtió que aunque se estabilizó la caída, no se prevé recuperación este año ni en la primera mitad del año que viene.

Todo viene en medio de mensajes ambiguos. Por un lado, las autoridades del Norte Grande reclamaron en junio por el abandono de la Nación de los caminos de esta región. Aunque el Gobierno federal de Javier Milei desistió de la idea de disolver Vialidad Nacional, las delegaciones provinciales del organismo vial informaron que actualmente disponen de apenas el 25% del presupuesto asignado, sin contemplar los recursos provenientes del impuesto a los combustibles.

¿Y la Coparticipación federal?

Por otro lado, está la idea de que se va a entregar en peaje esta zona. “Nación llamará a licitación por el sistema de peaje, pero Tucumán por el momento no se va a hacer cargo de ninguna ruta nacional porque no tenemos los recursos”, dijo el ministro Abad esta semana. ¿Llamar a peaje? Pero ni siquiera la parte que está concesionada es mantenida en condiciones... La Nación, que se desentiende del tema machacando que el Estado no sirve, les dice a las provincias que se ocupen de las obras públicas si quieren y estas, asfixiadas de recursos, dudan. El vicegobernador Miguel Acevedo dijo en el Norte Grande que disminuye significativamente la coparticipación federal. “La caída está siendo muy importante y eso se refleja no sólo en una provincia, sino en toda la región”, dijo.

Los constructores, por su parte, señalan que las provincias más fuertes -mencionan Córdoba, Santa Fe, Neuquén, Buenos Aires y CABA- están haciendo sus obras. Las del NOA reniegan -como hace Salta, que está tratando de arreglar el tramo Metán-Rosario de la Frontera- y negocian con la Nación, como hace el gobernador Jaldo, para que el Gobierno de Milei dé ayudas especiales con los acuerdos políticos que ellos llaman “diálogo”.

Tal vez es tiempo de negociar en serio la Coparticipación federal. Si la Nación -que recibe la parte del león- se está desentendiendo de la obra pública y se la tira a las provincias, se debería desentender del cobro de impuestos y quedarse con una parte chica, acorde con el Estado pequeño que quiere lograr.

Ese debate no se plantea, en función de la emergencia permanente en que se vive, que, siempre obliga a tensiones y negociaciones sin modificar el statu quo. Aunque de hecho lo estén modificando.

La acción irracional que impera

Esta situación es eterna. Por un lado, está el estilo político de vivir de emergencia y denostar lo hecho por los gobiernos anteriores. En el reciente libro del historiador Ramón Leoni Pinto -Historia, historiador, historiografía en Tucumán, 1850-1950- se señala que “impera... la acción irracional que destruye lo positivo solo por haber sido realizado por el otro. No se obra a partir de lo ya hecho; hay una tendencia siempre inaugural, propia de un eterno presente, que impide la suma de esfuerzos en la conquista del bien común. En 1955, por ejemplo, derrocado Perón, se clausuraron el Hogar de Ancianos y el de Niños, lo cual implicó la suspensión de servicios indispensables. Fue una actitud análoga y paralela a la ejercida por el peronismo respecto a la Granja Modelo, una positiva creación de Alfredo Guzmán. Se trata de antecedentes que explican la relación entre política y sociedad, líderes y pueblo, historiador y época, y los conflictos que impiden la formación de una sociedad civil que dirija sus fuerzas a la creación y no a la destrucción”. “Ley del odio”, la llama Leoni Pinto.

Por otro lado, está el constante abandono de las obras hechas, que se deterioran sin pausa. En 1940, el ex gobernador Ernesto Padilla le dice por carta al ex subdirector de LA GACETA Alfredo Coviello que las obras de riego y provisión de agua en Amaicha y Colalao del Valle que había hecho la Nación -sin terminar- y habían sido transferidas a la Provincia, estaban en estado desastroso. “Conviene propugnar que la Nación no deje la administración de las obras que construye, hasta que las concluya”, dijo. Añadía que las debía manejar “hasta que se asegure el funcionamiento normal y se forme una celosa costumbre administrativa, contra la que sea imposible que intervenga el criterio circunstancial de los intereses locales”. Pedía que Nación y Provincia aplicaran reglas y conceptos administrativos “que contribuyan a asegurarles un más alto tono de vida, que les asegure bienestar” (en: “La Nación y la obra pública”, Carlos Páez de la Torre (h), LA GACETA, 18/12/2003).

“Esta ‘ley del odio’ y la discordia está presente y caracteriza a la clase dirigente desde su hora germinal en el siglo XVI”, dice Leoni Pinto (pag 45).

Volviendo a la cabina de peaje de la ruta 9 en Molle Yaco: ¿Por qué haría falta que la gente se baje a pedir el libro de quejas para que arreglen la ruta? ¿No está entendido que con pagar el peaje debería estar impecable el camino?

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