Resumen para apurados
- Dos tucumanas, Pamela y Rocío, viajaron recientemente a varias ciudades de China para comprender de primera mano la cultura y economía de la potencia asiática.
- La travesía les permitió recorrer el país asiático e intercambiar vivencias para analizar el modelo de innovación y el desarrollo económico chino desde una perspectiva directa.
- Este tipo de intercambios fomenta el acercamiento cultural y comercial entre Tucumán y China, permitiendo aplicar lecciones globales en el ámbito profesional local.
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Antes de viajar, China era para ellas una idea. Una imagen construida a la distancia, con ciudades enormes, una cultura milenaria, tecnología de avanzada y una economía que creció hasta convertirse en una de las más poderosas del mundo. También era, en cierta forma, un lugar lejano, difícil de comprender y todavía atravesado por muchos prejuicios.
Después de 20 días recorriendo Hong Kong, Beijing, Shanghái y Shenzhen, ese concepto quedó atrás para Pamela Mazziotti (45) y Rocío Tomsic (40), quienes viajaron con la inquietud de entender qué había detrás de esta potencia mundial.
Lo que encontraron fue un país que vive a una velocidad difícil de seguir, donde la inteligencia artificial ya forma parte de lo cotidiano, y las universidades, las empresas y el gobierno funcionan dentro de un mismo ecosistema conectado.
Pero también encontraron algo que no esperaban: personas que las recibieron con una calidez que derribó varios de sus prejuicios. Ejecutivos de grandes empresas que se levantaban para servirles agua. Familias que acompañaban a sus mayores por la Gran Muralla. Estudiantes sometidos a una presión enorme. Jóvenes que dudan ante la posibilidad de tener hijos. Una sociedad que se siente segura, aunque vive bajo un fuerte sistema de control.
“Hay que ir a China para conocer China. Si te quedás con lo que imaginás, no es real”, dice Pamela. Tomsic coincide. Para ella, sin embargo, el viaje tuvo un efecto muy profundo: le cambió la manera de pensar el trabajo, el liderazgo y la vida en sociedad.
“Me hizo un clic el sentido de lo colectivo”, cuenta. “Acá muchas veces predomina el individualismo, el sálvese quien pueda. Allá las personas te hablan de querer ser parte del crecimiento de China”.
Entender el futuro
Las dos tucumanas llegaron al gigante asiático con objetivos concretos. Pamela, contadora, buscaba conocer de cerca una potencia comercial y tecnológica para analizar qué herramientas podrían trasladarse a empresas, emprendedores y clientes de Tucumán. Rocío, con una extensa experiencia en productos digitales, liderazgo y mentorías, quería observar cómo la tecnología transforma el trabajo y cómo se construyen nuevas formas de organización.
El viaje terminó siendo mucho más que una experiencia profesional. Fue otra manera de entender el futuro. Pamela y Rocío viajaron en mayo y regresaron el 1 de junio. Durante casi tres semanas recorrieron algunos de los principales centros financieros, tecnológicos y culturales del país.
El itinerario incluyó Hong Kong, Beijing, Shanghái y Shenzhen, una ciudad considerada uno de los grandes polos tecnológicos de China. Cada destino les mostró una cara diferente de un mismo país.
Hong Kong fue la puerta de entrada al mundo financiero. La ciudad funciona como uno de los principales puentes entre China continental y el mercado internacional, explica Pamela.
También visitaron universidades y comenzaron a observar una de las características que, según cuentan, atraviesa toda la sociedad china: la importancia de la educación. “Para los chinos es fundamental estudiar, ir a la universidad y tener una preparación. Eso los lleva a un nivel de competitividad muy alto”, señala Mazziotti.
En ese punto, Rocío observa una de las grandes diferencias que más las impactaron: el modo en que se relacionan las universidades, las empresas y el Estado.
Hay una idea de sistema. La lógica es circular. Las universidades forman. Las empresas incorporan a quienes tienen mejores resultados. El gobierno sostiene, financia y establece objetivos.
“Vos estudiás y sabés que hay empresas que van a buscar a la gente mejor preparada. A su vez, el gobierno apoya a las universidades y también a las empresas. Todo funciona de manera interrelacionada”, resume Pamela.
También observaron una valoración muy fuerte del mérito. “En China es muy difícil acceder al gobierno. Hay que tener una preparación muy grande y determinados niveles de responsabilidad y formación. Y, en muchos casos, esos puestos son los mejores pagos”, cuenta.
Rocío advierte que detrás de la imagen de una sociedad organizada y eficiente existe también un lado menos visible. “Hay una alta presión sobre los estudiantes. El nivel de exigencia es muy grande y tiene un costo”, señala.
Inteligencia artificial
Después de Hong Kong, el viaje continuó por Beijing, Shanghái y Shenzhen. Esta última ciudad fue especialmente significativa para ellas. Allí pudieron observar de cerca el desarrollo tecnológico chino. “En todos los lugares a los que fuimos había una mirada económica, financiera y tecnológica. Y también pudimos ver cómo la inteligencia artificial ya se lleva a la realidad a otros niveles”, cuenta Rocío.
La experiencia, reconoce, fue difícil de comparar con la realidad argentina. “Te abre la cabeza de una forma impresionante. Nosotros todavía estamos un poco lejos. Ellos, en cambio, parecen haberse familiarizado mucho más con la tecnología”, dice.
En China, el celular es una herramienta central para la vida cotidiana. Se utiliza para pagar, viajar, comunicarse y realizar buena parte de las actividades diarias. Pero la diferencia, según observó Rocío, no está solamente en la tecnología disponible, sino en la forma en que se prepara a las personas para convivir con ella.
“Ellos piensan la tecnología desde que los chicos son muy pequeños. Desde los primeros años empiezan a familiarizarse con los sistemas y con las herramientas que van a utilizar en el futuro”, explica.
La formación también está vinculada con el mercado laboral. “Saben que determinadas capas de trabajo ya fueron absorbidas por la Inteligencia Artificial (IA) y que vendrán otras. Entonces, se capacitan para estar un paso adelante y no esperan a que la tecnología los desplace para recién reaccionar”, señala.
En China, según explican las tucumanas, la IA a salió del laboratorio y está en la acción del día a día. “No es una conversación sobre mañana; es sobre hoy”, explicaran.
“Por otro lado, ellos no piensan que la tecnología va a reemplazarlos sin más. La ven como una herramienta que ellos manejan y que les permite hacer la vida más fácil”, explica Pamela.
Eso no significa que el proceso no genere cambios. Las ocupaciones se transforman y obligan a revisar la educación y la formación profesional.
“Hay personas que no pudieron avanzar en la universidad y que hoy pueden dedicarse a un oficio. Por eso están tratando de profesionalizar los oficios y generar nuevas posibilidades laborales”, cuenta.
Seguridad y confianza
Otra de las experiencias que más las impactó fue la sensación de seguridad. Las cámaras están presentes en prácticamente todos los espacios públicos. Y esa seguridad convive con una fuerte sensación de control, señala Rocío.
Uno de los principales aprendizajes del viaje, según Pamela, fue derribar prejuicios. “China es mucho más limpia, ordenada y segura de lo que imaginábamos”, afirma.
Pero, sobre todo, encontró una sociedad mucho más amable. “Hay que ir para conocerla. Si uno se queda con la imagen que tiene desde lejos, se pierde una parte enorme de la realidad”, sostiene.
Rocío coincide. “Nosotras sentimos un nivel de bienvenida, humildad y amabilidad que no esperábamos”, afirma.
También encontraron una sociedad profundamente orgullosa de su crecimiento. Todo está medido. Las empresas muestran cuánto crecieron, en cuánto tiempo alcanzaron un objetivo. Esa obsesión por los indicadores se vincula con una cultura de fuerte competitividad.
También las sorprendió la forma en que se relacionan en el ámbito empresarial. “Nos atendieron con mucha calidez, amabilidad y disposición. Son muy serviciales”, cuenta Pamela. Incluso observaron una cierta horizontalidad en el trato cotidiano. “Vos no sabés quién es el CEO y quién es el ayudante. Puede pasar que el CEO se levante y te sirva un vaso de agua. Después, cuando presentan a cada persona, descubrís quién ocupa cada lugar”, relata.
Para Rocío, esa actitud forma parte de un cambio que China está atravesando. “Durante mucho tiempo creció mirándose hacia adentro. Ahora está empezando a comprender que necesita conectarse con las personas y no sólo con las computadoras”, sostiene.
La familia
La familia también ocupa un lugar central en la sociedad china, destaca. “Hay un agradecimiento de generación en generación. Muchos jóvenes dicen que sus padres y sus abuelos trabajaron durante décadas y que ellos son parte de lo que China es hoy gracias a ese esfuerzo”, explica.
Pero el país enfrenta un problema demográfico: cada vez más jóvenes deciden no tener hijos o tener menos. “Muchos dicen que tener un hijo es caro, que quita tiempo y que implica una gran responsabilidad”, cuenta Pamela.
Un puente
Pamela y Rocío buscan transformar la experiencia en un proyecto profesional que permita generar vínculos entre Tucumán y China. Durante su estadía accedieron a universidades, empresas y organismos, y comenzaron a construir contactos que podrían servir para asesorar a empresas tucumanas.
También quieren trabajar sobre la cultura organizacional y la forma en que las empresas se adaptan a los cambios tecnológicos.
“Si una empresa incorpora tecnología, no significa automáticamente que deje de necesitar personas. Puede hacer que el trabajo sea más eficiente y que la empresa mejore”, señala Pamela.
La propuesta también incluye charlas y encuentros en ámbitos universitarios y empresariales. “Queremos que esto sea una herramienta más para acercar Tucumán a China”, sostienen.
“No se trata de copiar a China. Se trata de mirar qué podemos aprender, qué queremos conservar de nuestra propia cultura y cómo podemos construir un puente entre dos mundos que, aunque parezcan muy diferentes, tienen mucho para enseñarse”, remarcan. “No creemos que todo lo que hacemos los argentinos esté mal y que todo lo que hace China esté bien. La idea es generar un tercer espacio: ver qué podemos tomar de cada cultura y qué podemos construir a partir de eso”, concluye Rocío.









