Scaloni, el héroe en este lío

“Algún día nos va a tocar perder”, adelantó el entrenador del seleccionado argentino. Ese día llegó y, sin embargo, un país celebró su trabajo. Dos libros y un documental cuentan quién fue y quién es ese hombre de perfil bajo que hizo historia.

Scaloni, el héroe en este lío
Hace 5 Hs

Por Alejandro Duchini para LA GACETA

Son dos los libros periodísticos que permiten acercarse a la figura de Lionel Scaloni, el director técnico del seleccionado argentino de fútbol que se convirtió en uno de los referentes deportivos y sociales con más peso en nuestro país. El más reciente es Scaloni - Biografía oficial (Sudamericana, 2025), de Diego Borinsky. El anterior, Revolución Scaloni (Planeta, 2024), de Alejandro Wall. En el formato audiovisual también hay material: El método Scaloni, producción estrenada en la plataforma Flow pocas semanas antes del inicio del Mundial. Hay otros libros que también lo refieren, aunque de forma más distante porque se trata de trabajos que apuntan a la Selección en general o a alguno de sus integrantes.

En 540 páginas, Borinsky desmenuza al entrenador a través de charlas en el predio que la AFA tiene en Ezeiza, Provincia de Buenos Aires, y en Mallorca, España, donde el DT vive con su familia. Su primer encuentro con el entrenador fue en 2024 y duró dos horas. Los de Mallorca fueron más complejos, porque el periodista compartió hogar y salidas con sus hijos, Ian y Noah, y su esposa, Elisa. Además, Borinsky habla con amigos, familiares y gente del ambiente futbolístico para que le ayuden a armar el rompecabezas Scaloni.

Durante cuatro años de trabajo, Borinsky rescató variadas anécdotas. Entre ellas, la que le cuenta Corina, la hermana del entrenador, entrevistada en Pujato, Santa Fe, de donde son oriundos los Scaloni. Corina le recuerda que en septiembre de 2021 el DT seguía la recuperación de sus padres en una clínica tras sufrir ambos un ACV con poco tiempo de diferencia. Para sobrellevar la angustia, se la pasaba armando posibles listas del plantel que participaría en el Mundial de Qatar.

Sugus y secuelas

Scaloni le cuenta a Borinsky que no puede parar de comer caramelos “Sugus, solo rojos” cuando está nervioso, que entrena dos horas diarias de bicicleta y que siempre fue “un calentón” al que no le gusta “perder a nada”. Le dice que en eso se parece a Messi. El perfil que traza Borinsky es el de un ex jugador y actual entrenador con influencias de Marcelo Bielsa y José Pekerman. Pero también influenciado por César Luis Menotti, quien confió en su plan de trabajo cuando nadie quería hacerse cargo del seleccionado. Los entrevistados coincidieron en el buen humor de Scaloni, en su innegable rol de líder grupal y en su capacidad de diálogo, además de su sinceridad.

En estas páginas hay un Scaloni que recuerda sus permanentes secuelas físicas tras su paso por el fútbol profesional. Tan duro fue aquello que hoy no puede jugar al fútbol debido a los dolores. Es por eso que se dedica de lleno al ciclismo, ya sea en ruta como en montaña. El todavía DT (en diciembre próximo termina su contrato con la AFA) recuerda que su mayor arrepentimiento es no haber regresado para retirarse como jugador en el fútbol argentino, en Estudiantes de La Plata, al que fue convocado por el actual presidente y ex futbolista Juan Sebastián Verón.

También se habla del proceso que fue de Rusia 2018 a Qatar 2022, que implicó la renuncia del entrenador Jorge Sampaoli. “Los jugadores se le plantaron”, recuerda Borinsky. Lo que siguió fue el ofrecimiento provisorio para que Scaloni se haga cargo del equipo. Luego vino la confirmación. Lo demás sabemos que derivó en la mejor época del fútbol argentino a nivel internacional.

Fanático del automovilismo -particularmente del TC-, dice que le hubiese gustado ser corredor. Y su hermano Mauro detalla que sus nervios los expresa a través de las uñas: “Las tiene destrozadas; él sangra de las uñas, se lastima, es meganervioso. (...) Creo que va todo por adentro y no festeja los goles porque está pensando en que no lo agarren mal parado al equipo”. También habla Messi, quien le responde a Borinsky que lo mejor de Scaloni es “su manera de ser, siempre muy cercana a los jugadores” y que “siempre te dice las cosas de frente”.

“No tengo problemas -contesta Scaloni cuando se le pregunta por las críticas de ciertos periodistas en la previa al Mundial 2022-, primero porque no soy rencoroso, no me interesa devolver las cosas, y segundo porque creo que es algo propio del cargo que ocupo”.

“Mi psicólogo me dice: ‘Le ponés demasiadas cosas a tu cabeza, no podés ocuparte de todo, no podés arreglar los problemas de los demás. Vos tenés que arreglar los tuyos. Y de los tuyos, sólo los que estén a tu alcance. Hay muchos de los tuyos que no dependen de vos, muchísimos, más de los que te imaginás’”, le cuenta Scaloni.

El revolucionario

Alejandro Wall, en cambio, ahondó en el entorno y el material de archivo. Su libro empieza por los inicios de Scaloni en el fútbol de Pujato, luego en Newell’s y, después, en un insólito paso por Rosario Central. Revolución Scaloni traza un paralelo con el DT que rompió el molde al asumir al frente del Seleccionado campeón del mundo en 2022 y subcampeón en el reciente Mundial.

Wall da cuenta de las exigencias de su padre cuando se iniciaba en el fútbol. Recuerda que su hermano, el ya mencionado Mauro, no pudo tener una carrera similar a pesar de los intentos. Aunque lo llamativo es que el padre -una suerte de agente de ambos- imponía en los acuerdos por Lionel la incorporación de Mauro.

Un hallazgo es el recorte del diario La Capital del 14 de mayo de 1986: “(…) se descubriría un dato oculto para la vida futbolística de Scaloni. ‘Rosario Central campeón categoría 1978’, decía un recuadro suelto en esa edición y la acompañaba la foto de unos pibes con la camiseta de Central parados detrás de los trofeos ganados en el Torneo Cebollitas. ‘El elenco auriazul terminó invicto su campaña y contó, además, con el goleador del certamen, Lionel Scaloni’”. Quien encontró la noticia fue el historiador de Rosario Central Germán Alarcón.

Apodado Chacra, primero, y Gringo, después, se destacaría por su juego y por su pelo largo y enrulado, una imagen física que dista de la conocida. A sus 15, jugando en las inferiores de Newell’s, aparece en una foto detrás de Diego Maradona, la noche en la que hizo su presentación en un amistoso ante el Emelec de Ecuador. La desaparecida revista Sólo Fútbol habla de “Lionel Sebastián Scalloni”.

El Scaloni de Rosario que describe Wall era “entrador” y “pícaro” con sus entornos. Se avistaba, así, al conductor de grupos que años después manejaría al seleccionado tras el Mundial de Rusia. Aquel Scaloni era, al mismo tiempo, una suerte de calentón que si tenía que insultar a un árbitro lo insultaba; y si tenía que irse a las manos en un partido, no lo dudaba.

“Nunca dejó de ser buena gente”, lo recuerda el ex futbolista de Newell’s y hoy escritor Kurt Lutman al hombre que se volvió ídolo del Deportivo de La Coruña, etapa en la que el club obtuvo su único título de Liga. Luego, la historia conocida: West Ham, Racing de Santander, Lazio, Mallorca y Atalanta, donde se retiró como profesional. También se recuerda el período con José Pekerman al frente del Seleccionado (juveniles y mayores) entre los 90 y los 2000.

Luego es el turno del Scaloni que rompió los manuales cuando, con perfil bajo y vapuleado por su inexperiencia, agarró el fierro caliente de la Selección, convenció a Messi de que valía la pena volver a intentarlo y, juntos, conquistaron el mundo.

El método

“Scaloni nos cambió la carrera a muchos y la vida a todos”, dice Julián Álvarez entre los tantos entrevistados de El método Scaloni, estrenado en Flow. “Ve seres humanos que juegan al fútbol. No solo profesionales”, resume Rodrigo de Paul.

El trabajo fue realizado en forma conjunta entre la consultora Business Meet Culture (BMC Consultores) y la productora Virgen Films. Se divide en tres capítulos: La reconstrucción (“Si estamos bien, somos capaces”), La épica (“Que la gente se identifique”) y El legado (“Siempre podemos dar algo más”). Scaloni anuncia que en algún momento se va a perder, que el triunfo no es eterno. “Nadie sale ileso de un Mundial. Sabemos que hay cosas que hoy se ven de una manera sólo porque la pelota entró”, refuerza Pablo Aimar, uno de sus ayudantes de trabajo. Son más de cien horas de entrevistas.

En El método Scaloni el protagonista dice que “el grupo es lo primordial. No es lo mismo perder y que dos se vayan por un lado, tres por otro y así. Si perdés y estamos juntos, la sensación es diferente”. Messi, suelto, en un poco habitual papel secundario, recuerda los comienzos del ciclo que terminó con la tercera estrella: “Veíamos el día a día y sabíamos lo que se estaba armando”.

El futbolista Germán Pezzella reconoce que “ni el más optimista creía que iba a pasar lo que pasó” y Leandro Paredes destaca que “lo mejor que hicimos con Messi fue sacarlo del póster y que se sienta como uno más del grupo”. Nahuel Molina se emociona al recordar los vaivenes anímicos que vivió en el partido ante Países Bajos en Qatar y que cuando hizo uno de los goles pensó en su familia, en sus amigos y “en Leo”.

“La gente dice que siempre estaba tranquilo, pero no estaba tranquilo. Si después del Mundial me salió un herpes zóster tremendo, me picaba el cuerpo por todos lados. La gente no lo sabe pero la pasé mal”, cuenta Scaloni.

Todos los Scaloni de estos trabajos son el mismo y a la vez diferentes entre sí. El Scaloni que alcanzó el cielo de Qatar hace cuatro años. Y también el Scaloni que nos hizo llorar de emoción y por agradecimiento después de que Argentina perdiese la final ante España. Porque sin dudas, Scaloni se ganó un lugar de héroe en la historia argentina. Lo dicen los libros; pero lo ratifican las calles del país.

© LA GACETA

Alejandro Duchini – Periodista. Colaboró en El Gráfico, Olé, Clarín, Perfil y Página/12. Autor de los libros La palabra hecha pelota y Mi Diego.

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