La vida es aquello que sucede entre mundial y mundial

Por Solana Colombres para LA GACETA.

LA ODISEA DEL MUNDIAL DE FÚTBOL. Cada partido ha sido una pequeña Troya. Y cada actor, muchas cosas a la vez.
LA ODISEA DEL MUNDIAL DE FÚTBOL. Cada partido ha sido una pequeña Troya. Y cada actor, muchas cosas a la vez.
Hace 5 Hs

Desplegada como bandera, en una pantalla de la Via Vittorio Manuele, se anuncia gigante la publicidad de La Odisea, de Cristopher Nolan, en estreno mundial. Y desde que el planisferio se ha vuelto un gran jardín de senderos que se bifurcan millones de pupilas con sus párpados ansían ver esta remake de uno de los relatos más antiguos y más actuales que se conozcan. Se sabe: Odiseo o Ulises, rey de Ítaca, vuelve a su tierra luego de librar la cruenta batalla de Troya. Lo espera su mujer Penélope. Según Joseph Campbell en El camino del Héroe, todas las culturas cuentan narraciones similares porque reflejan la naturaleza sempiterna de la condición humana. Algo así como que nacemos con un guion inscripto en los genes según el cual debemos salir de nuestra patria, pelear batallas para volver transformados en héroes. Metafórica o literalmente. En otras palabras todos somos un poco Odiseos así no hayamos partido de nuestra tierra o vencido monstruos marinos. Y de ahí lo universales de estas historias

Hace casi un mes el planeta se detuvo para ver las prestaciones artísticas de la inauguración del Mundial 2026. Shakira y su Dai dai, J Balvin, Belinda y otros más con desparejos shows hicieron lo suyo y luego sonó el pitido de largada como una shofar anunciando el comienzo de la guerra. Es ahí donde la verdadera epopeya en episodios comenzó. 48 equipos, como 48 tribus, conformados por jugadores con todas sus moléculas, todas sus células, todas sus arterias, su sangre y sus órganos salieron a la cancha a mostrar la materia que los componía. Una odisea cuántica hecha de miles de narcisos contemplándose en el espejo ovalado de los estadios en tiempos y espacios paralelos.

Pero no solo la Odisea se dibuja en filigranas entre contienda y contienda. El Mundial activa mitologías variopintas. Antes de aquel relato, la Ilíada, también de Homero, nos habla de una guerra y sus héroes míticos: los troyanos y los griegos. Agamenón, Aquiles, Ajax, Héctor, Menelao y hasta el cobarde de Paris. En este juego de máscaras móviles todos serán los unos y los otros y serán también el caballo y la incomprendida Casandra anunciando el futuro. Serán Dionisio. Serán Apolo. Serán lo que deban ser.

Cada partido es una pequeña Troya en sí misma. Y cada actor muchas cosas a la vez.

Hat trick de Messi, doblete de Mbappé, La historia de los mundiales es la historia de las vendettas: deportivas y geopolíticas. Desde lados opuestos del ring, se calienta la cancha y palo a palo se cuentan por uno los records de goles mientras Francia espera en su rincón de gran favorito el momento de cobrarse la revancha. Cantan laudes periodistas, cuentan epopeyas futuras, lamen por adelantado las delicias de la copa. Avanza en silencio España con un prometedor Yamal seguido de Inglaterra que también está de parabienes con Kane a la cabeza, sueña tal vez con restañar la herida del 86. Los periodistas titulan: Messi dueño del mundo, Messi inmortal y titulan también Argentina salvada por los árbitros.

Sale ahora a la cancha Borges: Tim Payne, un ignoto jugador neozelandés es “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, un cosmos inventado por una sociedad secreta que a fuerza de contarla se vuelve corpórea. Un tal El Carso, creador de contenidos, sea lo que sea que eso signifique, decide darle vida en sus redes a un desconocido. De repente, Payne tiene cantos, hinchas y pasa a juntar siete millones de seguidores en pocos días.

Llega el cuarto partido y nuevos mitos se actualizan. Argentina, como un gran Goliat, en 16avos encontrándose con su David, Cabo Verde, país pequeño que emerge de África , el continente de las promesas. Nuevos héroes ven la luz: el arquero Vozinha en un 3 a 2 infartante. Algo huele mal en la FIFA, dicen, shakespereanos, los foristas unidos del mundo y adjudican la urdimbre de intrigas y maquinaciones al bueno de Leo. Se izan murmullos que pronto se vuelven clamor: Argentina hace trampa. El coro mediático canta las supuestas fechorías de nuestro capitán: La princesa de la FIFA, le llaman algunos que antes lo habían entronizado.

Transit mundo fugit

En este eterno juego de roles, ya no seremos héroes. Seremos villanos por obra y gracia del hate. La campaña anti Messi se vuelve imparable como su zurda.

La mayoría del público mundialista que no se conecta con el futbol más que una vez cada cuatro años. Aprende a pronunciar nombres nuevos: Bellingham, Upamecano, Saka, Cucurella, Saliba y sobre todo Haalland. Los hinchas nórdicos gritan ¡Ro! mientras emulan con los brazos el movimiento de remar al ritmo de un tambor y uno tiene el ominoso sentimiento de que los vikingos asolarán nuevamente las costas de Northumbria.

Suceden otros Davides -Paraguay, Marruecos y Noruega- venciendo a otros Goliates -Alemania, Países Bajos y Brasil-. Dénsela siempre al 10, relata Pablo Giralt y todos gritan a todo pulmón: gooolll. Homeros relatando jugadas como cantando guerras. Pasan también cosas inenarrables y casi todas son alrededor de la hinchada. En las tragedias griegas el coro estaba ahí para representar el sentimiento colectivo, acompañar al héroe y conservar la memoria: los tifosi no cuelgan jamás los botines. Las pantallas del mundo están pletóricas de banderazos argentos. Los cánticos se renuevan: Quiero ver la cuarta estrella.

Llegamos a octavos contra los faraones egipcios. Como en una coreografía perfectamente ensayada la Scaloneta lo vuelve a hacer: los jugadores escriben con sus pies guiones de potrero y aguante. A esta altura las palabras “resiliencia” y “remontada” son la piel que los reviste. Ser argentino es sufrir, dice Scaloni. Hay que saber sufrir, le responde anacrónicamente Homero Manzi. VARgentina, ArgenFIFA entonan los coros anti Argentina. “Son unos corruptos”. Responden otros: Juegan con el corazón, los argentinos viven el futbol como pertenencia. Las aguas se dividen igual que aquellas del Mar Rojo que se abrieron para dejar pasar a Moisés y al pueblo judío en búsqueda de la tierra prometida. Solo que se trata de un relato invertido: Hace cuatro años Lionel “Moisés” Scaloni nos sacó de casi 40 años de desierto.

15 de julio de 2026. Argentina se enfrenta a los Tres leones en semifinal. Es solo un partido, se esmeran en repetir. Hay rabia, hay frenesí, hay miedo, hay sed de revancha. De ambos lados. El sentimiento anti-argentino se corta con cuchillo, en el único mundo que cuenta: el de la matrix. Las redes destrozan a la selección. Los medios hacen lo propio. Llega el día y las estadísticas están del lado de Inglaterra. Argentina tiene muchas falencias, dicen. Argentina es “a piece of cake” insisten mientras se toman un té con scones. Pero en los minutos finales cuando casi estábamos otra vez replegando las banderas y haciendo mutis por el foro, Messi, que reparte gambetas como quien tira ochos y quebradas, le pasa la pelota a Enzo Fernández y luego al Toro Martínez sucesivamente para convertir dos golazos salvadores. Argentina 2, Inglaterra 1.

Vini vedi vincire

Otra bandera salida de la nada se despliega en el césped. Las Malvinas son argentinas, reza. No era solo un partido.

Una nueva vez aparece Georgie. Cuando mi viejo me compro mis primeros botines soñaba con hacer este gol. El toro Martínez deviene Tadeo Isidoro Cruz en “El fin”. Él también tuvo su momento de la vida en que supo quién era.

A esta altura los azules ya han caído en manos de los rojos. El mundo perplejo, el gigante resulto ser un castillo de sal, o de arena, y ahora solo quedan dos frente a frente en la final: Argentina y España.

La prensa se rinde ante el Goat y la escuadra albiceleste. Titula L’équipe: Por supuesto, Messi. Dice un comentarista de France Inter: Los jugadores argentinos están poseídos por una misión. Me gustaría ser argentino. Una periodista italiana escribe una carta de amor para el país: Vengo a ofrecer mi corazón. Hablan del valor colectivo, de la amistad, de pertenencia, de fuego sagrado. Ese mismo que los lleva a ejecutar con precisión sus ya famosos last minutes rescue. Los anti Messi sin embargo esperan el domingo 19 en el Metlife Stadium de Manhattan con el cuchillo entre los dientes.

Una foto da vuelta al mundo: un joven Lionel Messi sosteniendo a un bebé Lamine Yamal en una bañadera. Se trata de una campaña de Unicef realizada hace 20 años para un calendario solidario y si el crack español está ahí es porque la suerte o la providencia hicieron que saliese sorteado en su barrio. A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos, Jorge Luis Borges dixit.

Trump ha chiamato Infantino perché l’Argentina vincesse la Coppa, sentencia con toda autoridad Enzo mientras me sirve un gelato de fragola en una Gelateria de la Via del Governo Vechio. Hace 20 años que la FIFA complota para juntar a Messi y Yamal en un mundial, dice jocoso Jimmy Fallon en su late night show, burlándose de los complotistas de siempre.

Las hinchadas del mundo se preparan para el domingo, desde Times Square en New York, la rue Dauphine en París o Campo di Fiore, en Roma. Hay turistas pero hay también exiliados argentinos que miran el mundial como Ulises añorando la patria. No la patria real sino la patria que se inventan desde la distancia.

Todos al mismo tiempo contemplando el mismo espejo: el de la niñez, los sueños ganados o perdidos, los que ya no están. Vemos a los 11 pero también vemos girar el caleidoscopio de nuestras vidas.

¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Hacia dónde vamos? Se decía en la antigüedad que el peligro de las sirenas es que nos revelaban al final de nuestras vidas nuestra verdadera identidad. No solo en lo singular pero también en lo colectivo.

¿Qué es ser argentino? Y más aún, ¿Qué es Argentina? “…el olor de la madreselva [...] el sabor de una fruta [...] un daguerrotipo, el arco de un zaguán, el aljibe... La patria es ahora todas las patrias, todos los árboles que me dieron una sombra” decía Jorge Luis. “La patria significa en muchas lenguas hogar, un suelo donde vale la pena asumir la aventura de vivir y morir ya no en soledad”, reflexiona el filósofo tucumano Víctor Massuh en Argentina como sentimiento. Y agrega: “Argentina siempre tendrá a mano una frustración para triunfar sobre sí misma”.

Gira la moneda en el aire. Sentada en una Trattoria cerca de la Via del Corso, escribo estas líneas. La vigilia se vuelve una cruz. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy?

Mientras tanto las dos legiones afilan sus espadas. Se preparan para la batalla final. ¡Dai Dai! entonará Shakira otra vez, solo que ya no la escucharemos. Tampoco bailaremos.

Lionel Andrés Messi Cuccitini en modo Gaius Julio Cesar. El Santo Grial lo espera por segunda vez.

El mundial es aquel teatro donde todos jugamos.

Alea Jacta est.

© LA GACETA

Solana Colombres – Profesora de Francés. Tiene una maestría en Letras de la Universidad de París.

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