Resumen para apurados
- Hinchas tucumanos se reunieron en el Monumento al Bicentenario tras la derrota de Argentina ante España en la final del Mundial para agradecer el esfuerzo de la Selección.
- Con una convocatoria dispersa y contenida en Tucumán, los hinchas y vendedores ambulantes siguieron el partido por celular y valoraron el esfuerzo del equipo pese a la derrota.
- Este encuentro refleja un cambio cultural donde los hinchas reconocen y agradecen el proceso deportivo y el camino recorrido por el equipo de Scaloni más allá del resultado.
No hubo una multitud ocupando la avenida Mate de Luna ni una caravana interminable alrededor del Monumento al Bicentenario. Esta vez, el festejo tuvo otra forma. Fue más pequeño, disperso y contenido, pero no estuvo ausente. Después de la derrota de Argentina frente a España en la final del Mundial, algunos tucumanos salieron igualmente a agradecerle a la Selección por el camino recorrido. No había desahogo ni lágrimas colectivas. Había bocinas, camisetas y la sensación de que, más allá del resultado, el equipo de Lionel Scaloni volvía a merecer un reconocimiento.
En las inmediaciones del monumento no había una concentración masiva. Los vendedores ambulantes eran mayoría y esperaban que el movimiento aumentara con el correr de los minutos. A las 19.25 llegó una camioneta de la Policía para permanecer atenta ante la posibilidad de que los festejos crecieran. Poco después, un grupo se reunió en una de las esquinas, lanzó una bomba de estruendo y algunas motocicletas comenzaron a acelerar sus motores. Fueron pequeños estallidos de una celebración que nunca terminó de explotar.
José Luis Ponce era uno de los vendedores que esperaba desde temprano. Había llegado a las 10 de la mañana con la ilusión de trabajar durante una jornada que imaginaba multitudinaria. El partido lo encontró atendiendo su puesto y siguiendo cada jugada como podía. “Me gustó mucho Argentina, pero nos faltó un poco más de llegada. España también es un muy buen equipo. No se nos dio, pero llegamos a una final”, analizó.
A un costado de su puesto descansaba un bombo que había preparado para una celebración mucho más grande. “Lo saqué para festejar, para alentar a la gente”, aseguró.
Entre los hinchas apareció Leandro González con un poncho albiceleste. Había visto la final junto a sus amigos y su novia y decidió acercarse al Monumento al Bicentenario cuando terminó el partido. “Ya ganamos dos Copas América, un Mundial y llegamos a otra final. Hoy no salió como esperábamos, pero también podemos tomarlo como un festejo”, explicó.
A pocos metros estaba Abel Soraire, otro vendedor ambulante que siguió el encuentro desde su celular mientras trabajaba. “Fue una sensación única. Teníamos la esperanza de volver a salir campeones, pero también hay que aprender de la derrota. Nos dolió mucho, pero creo que la gran final ya la habíamos ganado contra Inglaterra”, sostuvo.
Entre los puestos también llamó la atención Analía Contreras, que lucía un body painting con los colores de la Selección como una forma de homenajear al equipo pese a la derrota. “No merecíamos perder así”, resumió con lágrimas en los ojos.
La noche empezó a caer sin una explosión popular. No hubo abrazos interminables ni un Monumento desbordado de gente. Hubo bocinas, bombas de estruendo, motores acelerados y un puñado de tucumanos que eligió salir igual. No para celebrar una copa, sino para agradecer un ciclo que volvió a llevar a la Argentina hasta el último partido del Mundial. Porque esta vez la fiesta no fue por el resultado. Fue por el camino recorrido.










