Resumen para apurados
- El gobierno británico exigió este jueves a la FIFA investigar a la selección argentina por celebrar el pase a la final del Mundial con una bandera que reclama las Islas Malvinas.
- Durante los festejos, los jugadores argentinos lucieron una bandera de soberanía nacional, pese a que la FIFA había advertido que no permitiría mensajes políticos en el estadio.
- El conflicto reaviva la tensión diplomática bilateral y genera expectativa por posibles sanciones de la FIFA, mientras políticos británicos exigen excluir jugadores de la final.
El gobierno del Reino Unido reaccionó este jueves al festejo de la selección argentina, tras la victoria sobre Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026, y reafirmó su postura sobre la soberanía de las Islas Malvinas. Desde Downing Street, un portavoz del primer ministro, Keir Starmer, sostuvo que la posición británica "no ha cambiado" y reclamó que la FIFA intervenga por la exhibición de una bandera con la inscripción "Las Malvinas son argentinas".
En la sede del gobierno británico difundieron además un mensaje que rápidamente tuvo repercusión. "La Copa del Mundo puede no ser nuestra, pero las Islas Malvinas sin duda lo son", sostuvo el Ejecutivo de Starmer, según informó la cadena BBC publicado por "Ámbito".
El portavoz del primer ministro insistió en que la postura del Reino Unido respecto del archipiélago permanece inalterable y remarcó que el principio de autodeterminación corresponde a los habitantes de las islas. "Nuestra postura no ha cambiado. La autodeterminación recae en los isleños y nuestro compromiso con las Malvinas nunca flaqueará", afirmó.
Las críticas también llegaron desde otros sectores de la política británica. El líder de los Liberal Demócratas, Ed Davey, reclamó una sanción deportiva y sostuvo que los jugadores argentinos que participaron de la celebración "deben ser excluidos de la final".
Por su parte, el ministro de Comercio, Peter Kyle, calificó el episodio de "violación flagrante" del reglamento de la FIFA. "La política debe estar separada del fútbol. De hecho, uno de los principios fundamentales del Mundial es que la política está separada del fútbol", declaró.
Además, agregó: "Eso ahora le corresponde a la FIFA. Esperamos que la FIFA lleve a cabo una investigación al respecto".
Hasta el momento, el organismo rector del fútbol mundial no emitió ningún pronunciamiento oficial sobre el episodio.
La bandera exhibida
Minutos después del triunfo sobre Inglaterra, los jugadores argentinos celebraron en el campo de juego con una bandera que llevaba la inscripción "Las Malvinas son argentinas", sostenida por Giovani Lo Celso junto a otros integrantes del plantel.
La imagen cobró una fuerte carga simbólica después de la controversia surgida en los días previos al encuentro. Antes del partido trascendió que la FIFA impediría el ingreso al estadio de Atlanta de banderas, camisetas u otros elementos con referencias a las Malvinas, al considerar que el Código de Conducta prohíbe materiales con contenido político, ofensivo o discriminatorio dentro de los escenarios mundialistas.
La ministra de Seguridad argentina, Alejandra Monteoliva, había explicado que la decisión dependía de la interpretación de los veedores del evento. "Todo dependía de lo que consideren una provocación o no los veedores del evento. Una bandera, camiseta, un trapo, lo que sea que tenga un mensaje de contenido político o provocación racial", señaló.
La posición de Scaloni
En la conferencia de prensa previa al encuentro, el entrenador Lionel Scaloni había intentado quitarle contenido político al duelo frente a Inglaterra. "Es un partido más. No mezclemos las cosas", respondió al ser consultado sobre la carga simbólica del cruce.
En la misma línea se había expresado Rodrigo De Paul, mientras que el recuerdo del histórico enfrentamiento del Mundial de México 1986, protagonizado por Diego Maradona, volvió a instalarse en la previa.
Sin embargo, tras la clasificación argentina a la final, la exhibición de la bandera con el reclamo de soberanía volvió a situar la cuestión Malvinas en el centro del debate y generó una nueva reacción política por parte del gobierno británico.













