En su edición del 30 de junio de 2026, LA GACETA informó sobre la capacitación en cambio climático y sustentabilidad destinada a docentes tucumanos. La iniciativa merece destacarse porque la educación ambiental constituye un paso indispensable para formar ciudadanos comprometidos con el cuidado del ambiente. Sin embargo, frente a un problema de semejante magnitud, resulta oportuno recordar que la educación, por sí sola, no alcanza. También será necesario proyectar y construir ciudades e infraestructuras capaces de responder a las nuevas condiciones climáticas. El cambio climático ya no representa solamente un problema ambiental; constituye también un desafío para la ingeniería y la infraestructura. Las lluvias extraordinarias, las inundaciones repentinas, las sequías prolongadas y las olas de calor están modificando las condiciones con las que históricamente fueron concebidas muchas de las obras públicas y privadas. La infraestructura ya no debe diseñarse con los registros climáticos del pasado, sino con la mirada puesta en las exigencias del futuro. Ese cambio de paradigma obliga a revisar los criterios de planificación, diseño, construcción y mantenimiento de las obras que sostienen la vida cotidiana de nuestras comunidades. En ese contexto, la ingeniería civil tiene una responsabilidad ineludible. Su misión ya no consiste únicamente en construir obras seguras y funcionales, sino también en hacerlas más resilientes, sostenibles y preparadas para enfrentar escenarios climáticos cada vez más exigentes. Desde el planeamiento urbano hasta el diseño de cada obra, puede aportar soluciones concretas para reducir la vulnerabilidad de nuestras ciudades y aumentar su capacidad de adaptación. Desagües pluviales dimensionados para precipitaciones más intensas, obras hidráulicas que mitiguen inundaciones, pavimentos permeables que favorezcan la infiltración del agua, edificios energéticamente eficientes, materiales de menor huella de carbono, recuperación de espacios verdes y una adecuada gestión del recurso hídrico son algunas de las herramientas que hoy ofrece la profesión. Pero el aporte de la ingeniería civil va aún más allá de la ejecución de obras. También participa en la planificación territorial, en la evaluación de riesgos, en el ordenamiento del crecimiento urbano y en la formulación de políticas públicas orientadas al desarrollo sostenible. La mejor obra frente al cambio climático es aquella que evita que el problema llegue a producirse. Adaptarse al cambio climático no consiste únicamente en reparar los daños ocasionados por los fenómenos extremos; significa, sobre todo, anticiparse a ellos mediante decisiones técnicas acertadas. Cada peso invertido en prevención suele evitar costos económicos y sociales mucho mayores en el futuro. La experiencia demuestra que las ciudades que planifican sus obras con visión de largo plazo son también las que mejor protegen a sus habitantes, preservan sus recursos y utilizan con mayor eficiencia los fondos públicos. La educación ambiental y la ingeniería civil no recorren caminos separados. La primera forma conciencia; la segunda transforma ese conocimiento en soluciones concretas que mejoran la calidad de vida de la comunidad. Las ciudades del futuro no dependerán solamente de mejores leyes ambientales, sino también de mejores obras de ingeniería. Ese es uno de los grandes desafíos que la ingeniería civil está llamada a asumir en las próximas décadas.
Rogelio Esteban Giraudo
r.giraudo@gmail.com







