Cuando el odio pelotea de las tribunas al poder

Hace 6 Hs

El Mundial 2026 está en su fase final. Estamos en la última semana de emociones y expectativas de un evento que, sin dudas, ha vuelto a demostrar que el fútbol es el deporte por definición global. Pero esta gran celebración también se está cerrando teñida de proliferación y normalización de discursos racistas. No es el primer Mundial caracterizado por los prejuicios y las descalificaciones, pero en estos últimos días tomó relevancia el desacertado protagonismo de dirigentes políticos que lanzaron comentarios en contra de selecciones y jugadores.

En particular, la selección de Francia fue el principal blanco de estos persistentes ataques, evidenciando de manera cruda cómo el color de la piel sigue siendo utilizado como un arma de discriminación y de cuestionamiento identitario en el debate público. Este clima de hostilidad no es una simple percepción mediática, sino una crisis grave y cuantificada que ya fue advertida por la propia FIFA en un informe oficial.

Si algo nos faltaba a los argentinos era justamente ser partícipes de este lamentable clima. Luego de la victoria de Francia sobre Paraguay en los octavos de final, la vicegobernadora de Mendoza, Hebe Casado, desató un grave conflicto diplomático al referirse al combinado europeo como un “equipo africano flojo de modales” a través de un mensaje en sus redes sociales. Allí también cuestionó a su máxima estrella, Kylian Mbappé. Lejos de emitir una disculpa frente al repudio social, Casado justificó su accionar afirmando que se trataba simplemente de un “sarcasmo”. La magnitud institucional de su ofensa provocó que la Embajada de Francia en Argentina la declarara formalmente persona no grata.

Esta fuerte hostilidad sudamericana hacia el plantel galo también provino de la senadora paraguaya Celeste Amarilla. Tras la eliminación de su selección, la legisladora arremetió de manera violenta y directa contra Mbappé, tildándolo despectivamente de “camerunés colonizado” que finge ser francés. Mbappé, por su parte, le respondió que era una mujer “despreciable e indigna” de su cargo gubernamental y Amarilla amenazó con denunciar al jugador por violencia de género.

Y en las últimas horas, el ataque llegó de un exmandatario europeo. El expresidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, avivó esta narrativa supremacista mediante una columna de opinión en la que aseveró que la selección francesa goza de “un altísimo nivel, eso sí, sin franceses”. Según Rajoy, los jugadores afrodescendientes de una de las mejores selecciones del Mundial no son franceses.

Estas graves expresiones públicas emitidas por figuras de autoridad se ven avaladas y replicadas por un ecosistema digital cada vez más tóxico, tal como refleja el último informe del Servicio de la FIFA de protección en las redes sociales. Durante la fase de grupos del actual Mundial 2026, el organismo internacional analizó más de seis millones de publicaciones, detectando 89.000 instancias de contenido altamente ofensivo. El racismo se posicionó como la principal forma de discriminación registrada, representando el 11% del total de los insultos violentos.

La lucha por erradicar el racismo de las redes sociales quizás sea una batalla perdida, pero cuando el odio emana desde las más altas cúpulas del poder, el deporte global deja de ser un motivo de celebración. Triste final, sea quien sea el ganador.

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