Sueña con ver otro Mundial sin que su pueblo desaparezca
Resumen para apurados
- Eduardo Villagra teme que su pueblo natal, Puesto Nuevo en La Cocha, desaparezca debido a una grieta de tres kilómetros que amenaza la zona durante este Mundial.
- La erosión comenzó en 1997 por el desborde de un canal y empeoró en marzo tras una fuerte creciente, lo que destruyó casas, dividió al pueblo y provocó el éxodo de familias.
- A pesar del peligro inminente y el avance de la grieta, Villagra se niega a abandonar su hogar con la esperanza de que el pueblo resista hasta la próxima Copa del Mundo.
Cuando la Selección sale a la cancha, en Puesto Nuevo las preocupaciones quedan suspendidas durante algunas horas. Los televisores se encienden, las familias se reúnen y el Mundial se transforma en un refugio frente a una realidad que golpea todos los días. Eduardo Villagra también intenta aferrarse a esa ilusión, aunque sabe que, una vez terminado el partido, el problema seguirá allí, a pocos metros de su casa.
Tiene 68 años, está cerca de cumplir 69 y nació y se crió en este paraje del departamento La Cocha. Desde allí vivió cada Copa del Mundo de una manera diferente: primero alrededor de una radio, después frente a televisores alimentados con baterías y ahora desde su propia casa, acompañado por su familia.
Pero el paisaje que rodea a Puesto Nuevo cambió por completo. El antiguo camino que atravesaba el pueblo y durante décadas comunicó La Cocha con Graneros dejó de existir. En su lugar apareció una enorme grieta que, según Villagra, se extiende por unos tres kilómetros y que, en algunos sectores, alcanza los cinco metros de profundidad. La fractura del terreno dividió a la comunidad, dificultó la comunicación entre vecinos y se convirtió en una amenaza permanente para quienes todavía resisten en el lugar.
Las huellas del desastre están a simple vista. Hay viviendas abandonadas, otras parcialmente derrumbadas y varias familias que decidieron marcharse después de ver cómo el suelo avanzaba sobre sus casas. El episodio más grave ocurrió en marzo de este año, cuando una fuerte creciente provocó el desborde del agua desde distintas fincas de la zona. La corriente profundizó la erosión y agrandó una grieta que ya venía avanzando desde hacía décadas.
“Uno, por el deporte, trata de sacar todo adelante y de ser positivo”, dice Villagra. Sin embargo, reconoce que la alegría dura apenas lo que dura un partido. “Después uno vuelve a sentir todo esto que estamos viviendo”
El presente contrasta con los recuerdos de su infancia. En aquellos años Puesto Nuevo era un pueblo mucho más poblado. Las familias ocupaban prácticamente todas las fincas, los vecinos se conocían entre sí y caminar por los caminos de tierra era parte de la rutina cotidiana.
“Era un pueblo muy tranquilo. Todos nos saludábamos, chicos y grandes. Había mucho respeto y era un lindo lugar para vivir”, recuerda.
Entonces tampoco existían los servicios básicos. La electricidad todavía no había llegado y conseguir agua requería un esfuerzo diario. “El agua llegaba solamente hasta la ruta. De ahí para acá había que traerla en baldes. Después fueron ampliando la red de a poco”, cuenta.
El fútbol también ocupaba un lugar importante en la vida del pueblo. Existía un club llamado Puesto Nuevo, como el propio paraje. La primera cancha estaba ubicada en un sector alejado, aunque con el paso del tiempo un vecino cedió un terreno para trasladarla junto al camino principal. “Venían equipos de afuera y nosotros también traíamos jugadores. Antes había mucha más gente viviendo acá”, recuerda.
Los Mundiales fueron marcando cada una de esas etapas. Cuando Eduardo era chico, las transmisiones llegaban únicamente por radio. Tener un aparato ya era un privilegio y los televisores eran casi inexistentes. Para seguir el Mundial de Argentina 1978 tuvo que cruzar la ruta hasta un negocio que contaba con el único televisor de la zona. “Fuimos allá porque era el único lugar donde había televisión”, cuenta.
Con el paso de los años comenzaron a aparecer los primeros televisores que funcionaban con baterías y, para México 1986, cuando Diego Maradona levantó la Copa del Mundo, varias familias ya podían ver los encuentros desde sus propias casas.
Hoy la escena volvió a cambiar. Cada familia sigue los partidos desde su hogar y el Mundial continúa siendo uno de los pocos acontecimientos capaces de reunir a todos alrededor de una misma pasión.
Sin embargo, apenas termina el encuentro, la realidad vuelve a imponerse. Villagra ubica el origen del problema en 1997, cuando una creciente desbordó un canal de riego y comenzó a erosionar el terreno. “Todos los años las tormentas iban comiendo un poco más. Este año fue mucho peor porque terminó de romper todo”, explica.
Su casa quedó al borde de la grieta. Muy cerca de allí, otras viviendas fueron destruida. Algunas perdieron parte de su estructura y quedaron deshabitadas. Otras ya desaparecieron bajo el avance del terreno.
A pesar de todo, Eduardo no piensa abandonar Puesto Nuevo. Allí nació, allí vio pasar cada Mundial y allí espera seguir reuniéndose con su familia para alentar a la Selección. Mientras Lionel Messi intenta conducir al equipo hacia otra estrella, Villagra persigue un objetivo mucho más cercano: que la próxima Copa del Mundo encuentre todavía en pie al pueblo donde transcurrió toda su vida.







