Detenidos y deportados, la pesadilla de los “soñadores” en Estados Unidos

Algunos pudieron volver al país en el que se criaron. Otros esperan respuestas. Todos está protegidos por un programa creado por Obama.

RETORNADO. José Contreras pudo conocer a su bebé tres meses después de que nació, al volver de Honduras.
RETORNADO. José Contreras pudo conocer a su bebé tres meses después de que nació, al volver de Honduras.
Hace 5 Hs

HOUSTON, Estados Unidos.- José fue deportado y pasó 118 días en Honduras. María, más de un mes en México. Jessica espera regresar. Llegaron a Estados Unidos siendo niños y, aunque están protegidos por un programa gubernamental, fueron expulsados del país al que llaman hogar.

José llegó con su familia desde Honduras a Estados Unidos cuando tenía ocho años y se instalaron en Texas.

“Aquí hice escuela, bachillerato, Crecí con una cultura estadounidense activa”, dice, ahora a sus 30. Fue beneficiario de DACA, el programa creado en 2012 por Barack Obama, que protege de la deportación y permite trabajar a inmigrantes llegados al país siendo niños, y al que el movimiento MAGA de Donald Trump ataca una y otra vez.

Son unos 500.000 beneficiados, llamados “soñadores”. “Saqué mi licencia de conducir y tuve mi primer trabajo”, recuerda. Formó una familia y esperaba un hijo.

El 2 de enero acudió a una revisión rutinaria de su caso. “Fui y me dijeron: vamos a deportarte ahora mismo”, cuenta. Argumentaron que tenían una orden de remoción en su contra de cuando era niño.

“Denme al menos un mes... déjenme recibir a mi bebé, denme algo de plazo y me voy”, les dijo.

Se rieron de él, cuenta: “Era beneficiario de DACA. Y me deportaron”.

Trump intentó acabar con DACA durante su primer mandato, pero los tribunales lo impidieron. Ahora pide al Congreso una solución permanente.

Su administración ha arrestado a unos 343 beneficiarios y deportado al menos a 86, según un documento de la ONG Home is Here, que cita cifras del Departamento de Seguridad Nacional.

“Abrazar a mi hija”

María de Jesús Estrada llegó de México a los 15 años. Hoy tiene 42, vive en California y tiene una hija de 23 años, estadounidense. Además de su DACA, había iniciado un trámite de residencia. Tuvo una cita el 18 de febrero. Allí, llegaron “como seis agentes que dijeron levántate, date la vuelta, pon las manos detrás de la espalda”. Pidió unos minutos para despedirse: “No me voy a resistir, necesito un momento para abrazar a mi hija, no sé cuándo volveré a verla”.

José fue esposado, montado en un avión y enviado a Honduras. María fue deportada por tierra a México. En su estadía en casa de un familiar “no vivía, sobrevivía (...) Pero tenía que luchar para volver con mi hija”. Y mientras José estaba en Honduras, nació su bebé en Texas. “Me derrumbé, lloré”, dice. “Pero sabía que tenía que volver de una forma u otra”.

Ambos recurrieron a la abogada Stacy Tolchin.

El Departamento de Seguridad Nacional alegó que la deportación de María se basó en una orden de 1998. Una corte federal concluyó que esa deportación fue una “violación flagrante” y ordenó su retorno. El caso de José fue similar. María volvió por tierra para abrazarse con su hija el 30 de marzo de 2026. José regresó el 19 de abril, lo detuvieron y fue liberado con un grillete electrónico el 7 de mayo. Por fin pudo tener a su hijo, Mateo, en brazos.

“Valió la pena el esfuerzo, solo por estar de nuevo con él”, dice.

María recuperó su trabajo en un hotel y José sigue en mantenimiento de piscinas, aunque le embargaron la vivienda que trataba de comprar.

“Los casos de José y María evidencian la distorsión ilegal e inhumana de la ley por parte de esta administración”, dijo la abogada Tolchin.

María tiene miedo de que otro “error” vuelva a pasarle. “No somos ciudadanos pero nos llaman soñadores porque creemos en el sueño americano”, sostiene José.

Ellos “pagan impuestos, tienen empleos, crean negocios, forman familias (...) El Congreso debe crear un camino hacia la ciudadanía que refleje lo que los beneficiarios de DACA saben: que son estadounidenses”, dice a la agencia francesa AFP Todd Schulte, presidente de la organización FWD que promueve una reforma migratoria.

El sueño de volver

Jessica Treviño llegó a los 7 años. A sus 34 hizo una vida en Álamo, Texas. El 28 de diciembre de 2025 salía con su familia de la iglesia e iba a hacer compras, cuando agentes de ICE los interceptaron. Pese a estar amparada por DACA, la detuvieron. Su esposo, indocumentado, fue sometido con violencia, según un video que se hizo viral. Fueron deportados a México en marzo. Sus tres hijos, todos menores, quedaron al cuidado de un familiar.

Ahora aguarda en Matamoros que la justicia estadounidense vea su caso. Espera estar de vuelta cuando una de sus hijas cumpla 15 años en agosto.

“Aunque no nací en Estados Unidos, ahí me crié toda mi vida”, dice. A veces “me voy a dormir para ver si no despierto en mi casa”.

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