Llegó desde Córdoba, una tragedia familiar lo llevó a instalar internet y hoy abre su casa para que todo un pueblo tucumano vea a la Selección
Durante el Mundial 2026, Alejandro Zabala convirtió su vivienda en uno de los puntos de encuentro de Laguna de Robles para seguir los partidos de Argentina. Aunque el duelo frente a Egipto lo compartió con su familia, muchos vecinos le preguntan si pueden acercarse a verlo. La decisión de contratar internet nació después de una dolorosa experiencia personal.
Resumen para apurados
- Alejandro Zabala abre su casa en Laguna de Robles, Tucumán, para que sus vecinos vean a la Selección en el Mundial 2026 ante la falta de conectividad en el pueblo.
- Decidió contratar internet tras la muerte de su padre, de la que se enteró tarde por estar incomunicado. El paraje rural sufre graves deficiencias de servicios básicos.
- Esta iniciativa refleja la solidaridad comunitaria frente al olvido estatal, consolidando el hogar de Zabala como un espacio clave de unión social para futuros eventos.
El televisor descansaba sobre una mesa del comedor. No había un mueble preparado para recibirlo ni un living pensado para las grandes reuniones. Alcanzó con acomodarlo allí, frente a unas cuantas sillas, para que la casa de Alejandro Zabala volviera a transformarse, al menos por una tarde, en uno de los lugares donde el Mundial también se juega en Laguna de Robles. Afuera, el viento seguía levantando tierra sobre los caminos del paraje. Adentro, la pelota empezaba a rodar entre Argentina y Egipto.
La hija de Alejandro todavía tenía una bandera argentina pintada en el cachete. Había salido una hora antes de la Escuela N° 4 Martín Miguel de Güemes, donde las clases terminaron a las 11 para que los chicos pudieran prepararse para los octavos de final. Según los pobladores, el establecimiento recibe alrededor de 25 niños y adolescentes divididos entre primario y secundaria. En el aula, desde hacía días, el Mundial era el tema de todas las conversaciones. La Selección terminó sufriendo más de la cuenta, pero ganó 3 a 2 y avanzó a los cuartos de final. En el comedor de los Zabala hubo alivio. También la sensación de que el sueño seguía vivo.
Hace 10 años que el cordobés vive en Laguna de Robles. Llegó junto con su familia a la tierra donde conoció a quien se convertiría en su esposa. Lo que comenzó como un cambio de vida terminó convirtiéndose en un fuerte sentido de pertenencia con un pueblo donde apenas viven unas 150 personas y donde las casas aparecen separadas unas de otras, escondidas entre los caminos rurales. Con el tiempo, su vivienda también empezó a cumplir otro rol.
Cuando juega Argentina, muchos vecinos le preguntan si pueden acercarse a ver el partido. No es casualidad. En Laguna de Robles la señal de celular desaparece por largos tramos y no todas las familias tienen televisión o acceso a internet. Algunos optan por reunirse en otras casas. Otros todavía prefieren seguir los relatos por radio.
La casa de Alejandro es una de las pocas que cuenta con una conexión estable a internet, suficiente para seguir los partidos prácticamente en tiempo real. Pero esa decisión no nació por el fútbol. Hace algunos años atravesó uno de los momentos más dolorosos de su vida. Su padre falleció y él recién pudo enterarse al día siguiente porque la falta de comunicación lo había dejado completamente aislado. Aquella noticia llegó demasiado tarde y marcó un antes y un después. "No quería volver a pasar por algo así", contó.
Desde entonces decidió contratar internet. Lo hizo para no quedar otra vez incomunicado. Sin proponérselo, aquella decisión terminó cambiando también la manera en que muchos vecinos viven cada Mundial.
La solidaridad, de hecho, siempre encontró lugar en Laguna de Robles. Antes de tener internet, un vecino que contaba con DirecTV perdió su televisor por una falla eléctrica. Como no podía utilizar el servicio, le prestó el decodificador a Alejandro para que pudiera aprovecharlo. En un pueblo donde compartir es casi una obligación, la tecnología también empezó a circular de casa en casa.
Ese espíritu colectivo se mantiene hasta hoy. Cada Día del Niño, Zabala organiza festejos solidarios para los chicos del paraje. Durante semanas reúne juguetes y donaciones con un objetivo sencillo: que ningún niño vuelva a su casa con las manos vacías. "Tratamos de que todos se lleven, por lo menos, un juguete", explicó.
La vida cotidiana, sin embargo, sigue estando atravesada por las dificultades. Una parte de Laguna de Robles continúa sin agua corriente debido a un problema en las cañerías del surgente que abastece a la zona. Una vez por semana, un camión cisterna enviado por la Municipalidad de Burruyacú llena los tanques y tachos de las familias afectadas. Con esa reserva deben cocinar, bañarse, lavar la ropa y atravesar los siguientes días. "Dependemos de que nos traigan agua una vez por semana. Con eso tenemos que organizarnos para todo", contó.
Cuando el agua no alcanza, algunos vecinos todavía recurren al río. “Vamos al río porque, si bien no es recomendable para el consumo, es lo único que tenemos”, dijo. También cuenta que el sitio no cuenta con una posta sanitaria y, en caso de una urgencia, deben recorrer 48 kilómetros para asistir al hospital de Burruyacu.
A pesar de todo, Alejandro asegura que la comunidad nunca perdió la costumbre de ayudarse. Eso también se refleja en el fútbol. En Laguna de Robles no existe un club que participe de torneos oficiales, aunque sí hay una cancha donde los chicos se juntan casi todas las tardes. Él está convencido de que muchos tienen condiciones para jugar, pero las oportunidades suelen terminar donde empiezan los problemas de transporte y la falta de recursos.
"Hay chicos con mucho talento. El Mundial los inspira, quieren jugar todo el tiempo, pero no tenemos cómo llevarlos a competir", lamentó.
Por eso no le sorprendió ver a su hija regresar de la escuela con la cara pintada de celeste y blanco. El Mundial había invadido también las aulas. Mientras en las grandes ciudades miles de personas eligieron bares, fan fest o pantallas gigantes para acompañar a la Selección, en Laguna de Robles la pasión volvió a concentrarse en las casas. Algunas familias buscaron señal en los celulares. Otras siguieron el partido por radio. Y otras encendieron el televisor para compartir un rato alrededor de la mesa.
Cuando el árbitro marcó el final y Argentina selló el 3 a 2 frente a Egipto, el comedor volvió a quedar en silencio. La televisión se apagó, las sillas regresaron a su lugar y la rutina volvió a imponerse. No hubo caravanas ni festejos desmedidos.
Alejandro sabe que, si la Selección vuelve a jugar, el ritual se repetirá. Bastará con apoyar otra vez el televisor sobre la mesa. Porque en este rincón del este tucumano, donde una tragedia personal terminó acercando a toda una comunidad, su casa dejó hace tiempo de ser solamente una casa. Cada vez que juega Argentina, también se convierte en una puerta abierta para que el Mundial llegue hasta Laguna de Robles.












