Laguna de Robles, donde el Mundial se vive entre radios, televisores y caminos de tierra

Argentina derrotó 3-2 a Egipto y avanzó a los cuartos de final del Mundial 2026. En Laguna de Robles, un paraje de apenas 150 habitantes, el partido se siguió entre radios, televisores y reuniones familiares, reflejando una forma de vivir el fútbol tan tranquila como la vida cotidiana del pueblo.

Varios habitantes de Laguna de Robles siguieron el partido a través de la radio.
Varios habitantes de Laguna de Robles siguieron el partido a través de la radio.

Resumen para apurados

  • Los 150 habitantes de Laguna de Robles, Tucumán, vivieron la clasificación de Argentina a cuartos de final del Mundial 2026 ante Egipto entre radios y televisores satelitales.
  • El paraje rural sufre de falta de conectividad móvil, cortes de agua y aislamiento vial por lluvias, lo que obligó a los vecinos a compartir internet o usar viejos receptores.
  • El festejo íntimo demuestra cómo la pasión por el fútbol supera el aislamiento geográfico y de infraestructura, uniendo a las comunidades más postergadas del interior del país.
Resumen generado con IA

Apenas un control policial con conos sobre la calle anuncia que comienza Laguna de Robles. Después aparecen los caminos de tierra, las casas desperdigadas entre el monte, la pequeña plaza con algunos juegos, la iglesia, la Escuela N.º 4 Martín Miguel de Güemes y una cancha de fútbol que hace las veces de club en un pueblo que nunca llegó a tener uno. Allí viven unas 150 personas. Y allí, donde termina el recorrido del colectivo conocido como "El Malevo", también se vivió el partido más dramático de la Selección en el Mundial 2026.

El reloj apenas superaba el cuarto de hora cuando el defensor egipcio Yasser Ibrahim cabeceó al gol y silenció el estadio de Atlanta. A varios miles de kilómetros de distancia, ese mismo silencio también se instaló en Laguna de Robles.

Laguna de Robles está en el límite con Salta. Laguna de Robles está en el límite con Salta. Matías Quintana.

En algunas casas la televisión transmitía el partido gracias a las antenas de DirecTV. En otras, donde no había pantalla o la señal no alcanzaba, el Mundial seguía saliendo por una vieja radio. La falta de cobertura de telefonía celular obliga a muchos vecinos a buscar otros caminos para mantenerse conectados. Algunos contrataron internet satelital; otros todavía prefieren escuchar el relato como hace décadas. Poco después llegó otra desilusión. Lionel Messi tuvo la oportunidad de empatar desde el punto penal, pero el arquero Mostafa Shobeir contuvo el remate. Más de un vecino se llevó las manos a la cabeza.

Al final de Laguna de Robles hay un badén por donde cruza el río Urueña. Al final de Laguna de Robles hay un badén por donde cruza el río Urueña. Matías Quintana/LA GACETA.

Mientras tanto, la vida del pueblo seguía girando a otro ritmo. Los alumnos de la Escuela N.º 4 Martín Miguel de Güemes salieron una hora antes de lo habitual. A las 11 ya estaban de regreso en sus casas. Algunos llevaban la bandera argentina pintada en el rostro. El Mundial también había entrado a las aulas.

En Laguna de Robles no existe un bar donde se reúna todo el pueblo. Tampoco un club social. Cada familia encontró su propia manera de vivir el partido. Algunos abrieron sus casas para compartir una pantalla. Otros eligieron el relato radial. Hubo quienes caminaron hasta la vivienda de algún familiar o vecino donde había internet y quienes simplemente se quedaron solos frente a un pequeño receptor.

Cuando Mostafa Ziko convirtió el segundo gol egipcio en el complemento, el sueño argentino pareció desmoronarse. También en este rincón de Burruyacú hubo resignación por unos minutos. Pero la ilusión volvió casi de golpe.

La cría de animales es una de las principales actividades comerciales de Laguna de Robles. La cría de animales es una de las principales actividades comerciales de Laguna de Robles. Matías Quintana/LA GACETA.

El descuento de Cristian Romero encendió nuevamente las esperanzas. Después apareció Messi para empatar el partido y, cuando todo parecía encaminado al tiempo suplementario, Enzo Fernández marcó de cabeza el 3 a 2 definitivo que clasificó a la Selección a los cuartos de final. Entonces sí aparecieron las sonrisas. Pero no hubo caravanas. Ni bocinazos.

En Laguna de Robles los festejos son distintos. Cada familia celebró puertas adentro y, unos minutos más tarde, el silencio volvió a adueñarse de los caminos.

La rutina no espera. La mayoría de los habitantes vive de la cría de animales, de pequeñas huertas para el consumo familiar, de la producción artesanal de carbón o de los trabajos golondrina durante la cosecha del limón. Los comercios casi no existen: apenas dos kioscos abastecen al pueblo. Para comprar el resto hay que viajar hasta Burruyacu. Ese viaje depende, muchas veces, de un solo colectivo.

Los vecinos aseguran que Laguna de Robles es el último destino al que llega "El Malevo", la línea que une al paraje con el resto del departamento. Y cuando llueve fuerte tampoco eso está garantizado. Sobre la Ruta Provincial 304 un badén permite cruzar el río Urueña. Cuando el agua crece, el paso queda cubierto y el pueblo permanece incomunicado durante horas. Ese mismo camino conecta también con Antilla y otras localidades del sur salteño.

Así son los caminos internos de Laguna de Robles. Así son los caminos internos de Laguna de Robles. Matías Quintana/LA GACETA.

Como si eso fuera poco, la zona norte del paraje lleva años sin agua corriente por una rotura en las cañerías del surgente que abastece a las viviendas. Cada semana un camión cisterna de la Municipalidad de Burruyacú recorre el lugar para llenar tanques y tachos con la reserva que las familias administran durante los días siguientes.

Aun así, el fútbol sigue encontrando un lugar. Los chicos ocupan la cancha cada vez que pueden. Los mayores todavía discuten si Maradona fue mejor que Messi. Algunos prefieren una pantalla; otros siguen confiando en la radio. Porque en Laguna de Robles el Mundial no necesita fan fest ni pantallas gigantes. Le alcanza con una antena, una radio o una mesa alrededor de un televisor para demostrar que, incluso en el último pueblo al que llega "El Malevo", la Selección también consigue detener el tiempo durante 90 minutos.

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