El consumo en Argentina es selectivo y no repuntan las ventas

El efecto del Mundial y el pago del aguinaldo alentaron las operaciones en junio, pero no alcanzaron para revertir la caída del 2,5% registrada en el primer semestre del año, según datos de la CAME.

MIGRACIÓN. Según un estudio, la encuesta de supermercado del Indec no toma en cuenta la migración hacia marketplace, apps o delivery.
MIGRACIÓN. Según un estudio, la encuesta de supermercado del Indec no toma en cuenta la migración hacia marketplace, apps o delivery.

Las ventas minoristas de las PyME crecieron 0,9% interanual en junio, pero bajaron frente a mayo y acumulan una caída del 2,5% en el primer semestre del año, de acuerdo con un relevamiento elaborado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Este incremento en la medición interanual se explicó por la inyección de liquidez derivada del cobro del aguinaldo y por el movimiento comercial que generó el Mundial de fútbol. Ambos factores lograron dinamizar el consumo y alentar la demanda en rubros específicos, sosteniendo de esta manera el indicador general, se explicó desde la entidad que preside Ricardo Diab.

El dato corta con más de un año de contracción, ya que la última medición interanual positiva fue en abril de 2025, cuando se había registrado un avance del 3,7% en relación al mismo mes de 2024, que fue sucedido por 13 meses seguidos de retroceso.

Según la CAME, el flujo de transacciones resultó altamente selectivo y no logró revertir la caída intermensual, lo que evidenció a un consumidor con el presupuesto restringido que priorizó consumos puntuales y continuó relegando la adquisición de bienes durables. Farmacia, Alimentos e Indumentaria fueron los rubros cuyas ventas crecieron en el sexto mes del año.

Altamente endeudadas, las familias tratan de evitar el uso de la tarjeta de crédito y la toma de préstamos con elevadas tasas de interés. Según la entidad, la concreción de las operaciones quedó estrictamente supeditada a los esquemas de financiación en cuotas y beneficios bancarios, exponiendo la falta de liquidez directa del público. El consumo privado creció, pero ese crecimiento es un promedio que mezcla durables, importados y turismo en alza con una góndola que apenas se recupera. La caída de los supermercados es real, pero exagera el retroceso del consumo masivo porque no ve el caudal que migró al comercio electrónico y a los canales de cercanía. Y todo el fenómeno está atravesado por una geografía que separa a las provincias con renta exportadora del resto, detalla Damián Falcone, profesor de Gestión de Riesgos y Finanzas en IAE Business School. Según el analista, para ordenar el ruido existente se propone leer el consumo en tres capas superpuestas: qué se compra, dónde se compra y quién compra.

Primera capa: qué se compra

El récord de consumo no proviene de la góndola del supermercado, sino de las Cuentas Nacionales del Indec, donde la variable se denomina consumo privado. Ese agregado creció en torno al 8% en 2025 y alcanzó el nivel más alto de la serie. Falcone apunta que el dato es técnicamente correcto, pero engañoso si no se lo descompone. El consumo privado incluye absolutamente todo el gasto de los hogares: alimentos, sí, pero también automóviles, electrodomésticos, turismo, servicios y bienes importados. La recuperación se explica por los componentes más dinámicos y de mayor ticket. Los bienes durables y, en particular, los importados, se dispararon en cantidades, mientras que el consumo masivo -alimentos, bebidas, limpieza, perfumería- apenas tuvo una mejora marginal tras el desplome de 2024. Dicho de otro modo, parte de la población que pudo compró un auto, una heladera o un pasaje, mientras otros sectores recortaban consumos primarios. El promedio de ambos comportamientos da positivo y proclama un récord; pero ese récord describe a un país que no existe porque es la suma estadística de dos realidades opuestas.

Segunda capa: dónde se compra

Si la primera capa explica por qué el agregado y la góndola divergen, la segunda explica por qué incluso la góndola se mide mal. La Encuesta de Supermercados del Indec, estadística de referencia del consumo masivo, sí registra un canal online, pero con una definición estrecha: las ventas por internet o teléfono de las propias cadenas relevadas explica Falcone. Su peso es ínfimo y decreciente en términos reales, apenas algo más del 3% del total. Queda fuera el universo donde efectivamente migró el consumo: marketplaces, plataformas de delivery, venta directa de fabricantes, importación directa y autoservicios de cercanía. Estimaciones del sector ubican al comercio electrónico en torno al 18% de las ventas minoristas del país, muy por encima del 3% que capta la encuesta.

Cuando un hogar deja de comprar productos básicos en la góndola de una gran cadena y lo adquiere en un marketplace, en una app de envíos o en el autoservicio de barrio, la Encuesta de Supermercados lo registra como una caída de ventas, advierte. Pero no hay menos consumo; es el mismo cambiando de canal. En consecuencia, la caída de los supermercados sobrestima la caída real del consumo masivo porque confunde migración de canal con destrucción de demanda.

Tercera capa: quién compra

Las provincias con mayor actividad del agro, el petróleo y la minería exhiben una dinámica más favorable, mientras el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) concentra la tensión sobre salarios, empleo y consumo cotidiano. Los durables lo muestran con crudeza -provincias exportadoras con patentamientos en alza de más del 60% frente a otras estancadas en un dígito- y la góndola repite el patrón, de modo que el rótulo interior agrupa realidades incompatibles. Un mismo interior que compra más autos y a la vez recorta la góndola. No es contradicción, sino hogares distintos bajo la misma etiqueta: donde la renta exportadora derrama, los ingresos medios y altos acceden al durable financiado; donde no llega, el salario real es el único motor y se recorta hasta el artículo de limpieza.

Según el economista, la capa geográfica ilumina además el sesgo de la anterior: la penetración del e-commerce y el delivery es mucho mayor en el AMBA, de modo que la peor performance de los supermercados del conurbano no refleja un porteño que consume menos, sino uno que migró más rápido a canales que la medición no capta; el interior, con menor densidad digital, exhibe una caída más genuina.

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