Durante años, los alumnos de la Escuela Alberto García Hamilton miraron por la ventana y vieron basura. Desde las aulas de segundo grado, el paisaje era siempre el mismo. Residuos acumulados, malezas, olores desagradables y un terreno abandonado que los vecinos de avenida Don Bosco al 4.000 identificaban como un basural histórico. Durante más de cuatro décadas, ese espacio fue sinónimo de abandono.
Por eso la escena de estos días pareció contarles otra historia y ellos quisieron ser protagonistas. Ayer, más de 20 niños de siete años recorrieron el predio para poner manos a la obra. Algunos hicieron pozos; otros acomodaron plantines o cubrieron las raíces con tierra.
“Estamos trabajando para ayudar a las plantitas. Hay que hacerlo por amor y para cuidar el ambiente”, dijeron Benicio, Ian y Matías, mientras observan las especies que acaban de plantar.
Lo que estaban construyendo junto a docentes, vecinos y personal del municipio capitalino es un mariposario comunitario a cielo abierto. La propuesta busca convertir un terreno que durante décadas acumuló basura en un refugio para la biodiversidad, capaz de atraer mariposas, abejas y otros polinizadores.
Todavía no hay mariposas revoloteando sobre el lugar. Pero toda la intervención está pensada para esperarlas.
Atraer vida
La iniciativa es impulsada por la Secretaría de Ambiente de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán y forma parte de un proceso más amplio de recuperación del sector.
“La propuesta es crear un mariposario comunitario a cielo abierto. Para ello estamos trabajando junto a los vecinos y también con alumnos de la Escuela García Hamilton, que se encuentra frente a este espacio. Estamos muy felices de poder construirlo entre todos”, explicó Rocío Fernández, coordinadora de Huerta, Puntos Verdes y Compostaje.
La funcionaria detalló que un mariposario es un espacio donde se incorporan plantas hospederas y nectaríferas, es decir, especies que ofrecen alimento y refugio a las mariposas durante las distintas etapas de su ciclo de vida. “Al incorporarlas, las mariposas que ya circulan por la zona encuentran allí un sitio para alimentarse y anidar”, señaló.
Entre las especies elegidas se encuentra la asclepia, considerada una de las plantas más importantes para la mariposa monarca. Sus flores anaranjadas y rojizas atraen a estos insectos, mientras que sus hojas sirven de alimento para las orugas.
Junto a ella se plantan lantanas, lavandas y salvias. Las lantanas forman racimos de flores de colores intensos que atraen mariposas y otros polinizadores.
El objetivo no es solamente embellecer el paisaje. “Con esta iniciativa queremos aumentar la biodiversidad, y generar un compromiso de cuidado por parte de los vecinos y de la comunidad educativa. Queremos que sientan este espacio como propio”, afirmó Fernández.
Dejar atrás el pasado
La transformación cobra especial relevancia cuando se observa la historia del lugar.
Los vecinos recuerdan que durante décadas el terreno funcionó como un punto de acumulación de residuos. Allí se arrojaban desechos domiciliarios, restos de poda y escombros. La situación era motivo permanente de reclamos. En 2022 LA GACETA se hizo eco de los reclamos y publicó un artículo que mostraba el abandono de la zona.
La recuperación comenzó hace pocas semanas con tareas de limpieza, relleno y forestación. “Para recuperar el sector fue necesario utilizar nueve bateas de compost producido en la planta de valorización de residuos verdes”, contó Fernández.
Para la comunidad educativa de la García Hamilton, la transformación tiene un significado especial. Las docentes María Isabel Martínez, Luisa Tedeschi y Fátima Ruiz recuerdan que desde las aulas observaban diariamente el estado de abandono del terreno.
“Durante mucho tiempo vimos cómo los esfuerzos de limpieza no lograban sostenerse en el tiempo. Desde la escuela trabajábamos constantemente con los alumnos temas vinculados al cuidado del ambiente, y el reciclado, pero al mismo tiempo observábamos que fuera de la institución ese compromiso no siempre se reflejaba”, cuentan.
Por eso, la noticia fue recibida con entusiasmo. “Esta experiencia vivencial es muy rica para ellos. Porque esto es un semillero. Estamos seguras de que ellos van a replicar estas acciones en sus casas”.
Todavía quedan sectores por recuperar y las flores recién comienzan a echar raíces. Pero en este rincón de Don Bosco al 4000 ya no se habla de basura, sino de cuándo llegarán las primeras mariposas.









