Es sacerdote y viajó 12 horas en colectivo para alentar a la Selección en Dallas

Un cura aprovechó su único día libre para recorrer más de 1.000 kilómetros y acompañar a Argentina en el Mundial.

El cura, Jorge Gabriel, en el fan fest de Dallas.
El cura, Jorge Gabriel, en el fan fest de Dallas. LA GACETA / MATÍAS AUAD
Por Matías AuadEnviado especial Hace 3 Hs

Resumen para apurados

  • El sacerdote argentino Jorge Gabriel viajó 12 horas en colectivo desde El Paso hasta Dallas para alentar a la Selección en el Fan Fest durante el Mundial en su día libre.
  • Radicado en EE.UU. desde los 90, recorrió más de 1.000 km sin entrada debido a los altos costos de los tickets, los cuales criticó duramente junto a la gestión de la AFA.
  • Este caso expone la incondicional pasión del hincha argentino en el exterior y reaviva el debate sobre las barreras económicas para acceder a los partidos mundialistas.
Resumen generado con IA

A las 11 de la mañana, cuando todavía falta más de una hora para que abran las puertas del Fan Fest de Dallas, casi todos los hinchas buscan refugio donde pueden. El termómetro marca 29 grados, la sensación térmica supera los 30 y el sol cae con fuerza sobre el predio. Los árboles se convierten en el bien más preciado para las cerca de 20 personas que ya aguardan el ingreso. Algunos toman agua. Otros conversan para matar el tiempo. Casi todos intentan mantenerse lejos de los rayos del sol.

La mayoría viste camisetas de la Selección, lleva alguna prenda celeste y blanca o exhibe banderas argentinas sobre los hombros. Sin embargo, uno de ellos llama la atención por un detalle. Viste la camiseta número 10 de Argentina y una gorra albiceleste, pero sobre el cuello de la casaca sobresale el alzacuello blanco característico de los sacerdotes católicos.

“Para no mirar el partido solo, me vine en autobús”, le cuenta a LA GACETA Jorge Gabriel. Tiene 63 años, nació en La Plata y recorrió más de 1.000 kilómetros para estar ahí.

Vive desde hace casi tres décadas en El Paso, Texas, una ciudad ubicada en el extremo oeste del estado, junto a la frontera con México. Para llegar al Fan Fest pasó toda la noche arriba de un autobús. Fueron 12 horas de viaje. Como no consiguió a nadie que se quedara a cargo de la parroquia, decidió aprovechar su día libre para acercarse a Dallas y vivir una jornada mundialista rodeado de argentinos.

Jorge llegó a Estados Unidos a mediados de la década de 1990, empujado por la situación económica que atravesaba la Argentina. Desde entonces desarrolla su tarea pastoral allí. Trabaja especialmente con personas que atraviesan problemas de adicciones y también acompaña a militares. Su rutina, según cuenta, suele estar marcada por emergencias, funerales y múltiples responsabilidades vinculadas a la vida parroquial.

“El trabajo es arduo. Por día hago cinco funerales, siete llamadas de emergencia, más todo lo que una parroquia lleva”, explica.

La imposibilidad de encontrar un reemplazo también le impidió viajar a Kansas City durante los primeros días del Mundial. Por eso decidió aprovechar que el torneo se acercaba a Texas para vivir al menos una jornada vinculada a la Selección. No consiguió entradas, aunque eso le cambió los planes.

Como muchos hinchas argentinos que llegaron a Estados Unidos para seguir al equipo de Lionel Scaloni, Jorge cuestiona las dificultades para acceder a los tickets y los costos que implica acompañar a la Selección durante el torneo. Considera injusto el sistema y no oculta su malestar con la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino.

“Es muy injusto”, afirma. “Yo no le voy a pagar al “Chiqui” Tapia. Buscate otro curro porque se te termina”, sentencia sin filtro.

Jorge cuenta que, siempre que puede, intenta pasar los mundiales acompañado por argentinos. Esta vez la oportunidad apareció a pocas horas de distancia de su casaz. “Siempre trato de pasar el Mundial en Argentina con argentinos. Este año dije: está acá, me vengo acá”, relata.

Su vínculo con el fútbol tiene una historia particular: durante su infancia su abuela, Juana, no lo dejaba participar demasiado. Hablar de ella le dibuja una sonrisa. “Me tenía sentado en el banco de suplentes. Que Dios la tenga en la gloria”, dice entre risas.

Cuando se le pregunta qué siente al estar ahí, rodeado de hinchas argentinos en pleno Texas, responde como cualquier fanático que espera el partido bajo el sol de Dallas. “Cualquier emoción que un hincha puede tener por la pasión del fútbol argentino. La fe mueve montañas; el fútbol argentino mueve multitudes”, dice.

Después de casi 30 años viviendo en Estados Unidos, Jorge también desarrolló una mirada propia sobre el país que eligió para vivir. Dice que muchas veces escucha en Argentina una descripción que no coincide con lo que observa todos los días.

“Allá te enseñan que acá es todo dinero, dinero, dinero y material. No es así”, sostiene. “Hay mucha gente de fe acá en los Estados Unidos”, añade.

El Paso, donde reside desde hace casi tres décadas, es una ciudad de frontera marcada por la convivencia permanente con México. Sin embargo, hay costumbres argentinas que nunca dejó de extrañar. “A mis amigos, a mi familia y el poder tomar un café en la calle. Acá eso no existe”, cuenta.

Todos los años regresa al país, generalmente después de las fiestas de fin de año. Visita La Plata, pasa algunos días por Buenos Aires y suele escaparse a la Costa Atlántica. Mantiene intactos los vínculos con familiares y amigos, aunque reconoce que la distancia sigue pesando.

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