El pueblito de montañas moradas y casonas de adobe que se esconde detrás de una de las rutas más lindas de Argentina

Huaco es una pequeña localidad de la provincia de San Juan. Allí los cerros se guardan con particular esplendor, la hospitalidad es la norma y la arquitectura un deleite a la vista.

Huaco, un lugar donde los tiempos son otros.
Huaco, un lugar donde los tiempos son otros. Imagen: La Vida de Viaje
Por Luisina Acosta Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • Huaco, un histórico pueblo de San Juan situado entre las rutas 40 y 150, atrae hoy a los turistas por la preservación de su arquitectura de adobe y sus paisajes de montaña.
  • El poblado conserva molinos del siglo XIX y cultivos tradicionales, accesible tras cruzar la imponente infraestructura de túneles y viaductos de la Ruta Nacional 150.
  • Este destino impulsa el turismo sostenible y cultural en San Juan, revalorizando el legado histórico de Buenaventura Luna y consolidando la región como un oasis de descanso.
Resumen generado con IA

Los cantos de las cotorras y loros se reúnen con los susurros accidentales de algarrobos, breas y retamos, una banda sonora que transcurre mientras la vista se pierde entre cadenas montañosas, casonas de adobe y puertas con arco de medio punto que marcan el tono arquitectónico de este oasis árido de monte. Enel pueblo de Huaco, los tiempos de la naturaleza conviven con los de su gente, apaciguada en su andar, que invita a retroceder sobre los propios pasos, contemplar y volverse a admirar.

Hay poblados que inspiran, que exhortan a reflexionar, a soñar despierto. Ubicado al norte de San Juan, se encuentra un enclave donde todo ocurre a otro ritmo. No puede pedirse más asfalto que el que los caminos de tierra pueden ofrecer. Las configuraciones de las calles siguen la lógica misma que marca el terreno. Detrás de una escena de viviendas de adobe, un cerro de color morado se enciende en rojo fuego en el atardecer. En la intersección de la mítica Ruta 40 y la vía escénica 150, en el Departamento de Jáchal, se halla este tesoro guardado en el tiempo.

Un pueblo entre dos rutas míticas 

Los paisajes de Huaco están precedidos por una de las carreteras más imponentes y modernas de la Argentina. La Ruta Nacional 150 San Juan/La Rioja conecta el Parque Ischigualasto con Jáchal a través de una impresionante obra de ingeniería con seis túneles y cinco pasos elevados en un entorno mágico. Allí, las montañas de colores rojizos y grises se erigen a los costados, con vistas privilegiadas al Valle de la Luna, serpenteando los viaductos e inundándose de inmensidad montañosa.

Donde este trayecto escénico se encuentra con la Ruta 40, todo se transforma en una pequeña entrada que invita a perderse. Un sendero lleno de árboles sobre los que vuelan cotorras y loros da la bienvenida. Un cordón de montañas moradas hipnotiza la mirada. En este pequeño paraje, la antigua ruta pasa por el centro y el viejo almacén le da el tinte de un rincón que perdura en el tiempo, mientras la vegetación despareja reúne algarrobos autóctonos con casuarinas y eucaliptos.

Casonas de adobe y puertas de doble hoja con arco de medio punto en Huaco. Casonas de adobe y puertas de doble hoja con arco de medio punto en Huaco. Imagen: La Vida de Viaje

Huaco, tierra de desfiladeros y poetas

La cuesta de Huaco es otro de los atractivos de este pueblo. Un desfiladero que se abre paso a través de una quebrada imponente, donde la conformación pétrea de las montañas regala una paleta de colores y tonalidades que estallan ante los sentidos. Avanzando por el ripio en un pronunciado ascenso, los miradores panorámicos tientan a detener la marcha para admirar el dique Los Cauquenes, un embalse que custodia las aguas del río Huaco para regar el oasis productivo. Tras cruzar el túnel vial que traspasa la Sierra Negra, se inicia el descenso definitivo hacia este rincón cuyano cuyo nombre, de raíces araucanas, lo dice todo: “hua” significa maíz y “co”, agua.

Al transitar por sus tranquilas callejuelas queda en claro que el apuro aquí no existe. El tiempo parece haberse detenido entre los cultivos de cebollas y ajos que sostienen la vida del lugar, y en las tierras que alguna vez transitó el caudillo Chacho Peñaloza. Huaco resguarda su historia con recelo: allí todavía se erige un viejo molino harinero con piezas de algarrobo negro talladas a mano, testigo de las épocas en que los productores acarreaban las cosechas de trigo a lomo de mula.

Este terruño místico es también la cuna del poeta Eusebio del Jesús Dojorti Rocco, inmortalizado como Buenaventura Luna, quien se encargó de contarle al mundo las bellezas de su tierra a través de coplas y canciones. En Huaco, donde todos se conocen y la hospitalidad es el modo de vida, es posible revivir el canto eterno de Don Buenaventura: “Te canto, vallecito, por recordar tus verdes alfalfares, mi huerto en flor, el oro de tus trigos, el manantial y la lejana estrella que reflejó”.

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