02 Mayo 2004 Seguir en 
El escritor Eduardo Hughes Galeano nos recuerda que la cruz esvástica, que los nazis se encargaron de identificar con la guerra y con la muerte, antes había sido un símbolo de la vida en la Mesopotamia, en la India y en América. También rememora que, para acabar con los incendios forestales, el presidente George Bush propuso talar los bosques. Algo así como decapitar a un hombre para terminar con su dolor de cabeza. Son paradojas y el mundo está repleto de ellas.
Una reciente se suscitó en Tucumán, el jueves, cuando la Unión Tranviarios Automotor (UTA), el sindicato de los colectiveros, realizó una huelga contra el transporte ilegal. Paradójicamente, los mayores beneficiados por el paro fueron los remises truchos, que no dieron abasto, llevando y trayendo gente que usualmente viaja en ómnibus. Fue llamativo ver tantos autos destartalados con cinco o hasta seis pasajeros que circulaban a toda velocidad por las avenidas, porque el exceso de demanda exigía acortar los tiempos. Los ilegales deben haber recaudado un buen dinero el viernes.
Otra paradoja, siguiendo con el transporte, es la que proponen los empresarios. En protesta por el incremento de remises truchos quieren suspender o mermar los servicios de ómnibus los días domingos, feriados y durante los horarios con poco movimiento. De pie y contentos, los ilegales aplauden esta idea.
Más allá de lo creíble
Igual que a los choferes "pirata", a Galeano también le gustan las paradojas, palabra que proviene del griego -"para y doxos", que significa "más allá de lo creíble"-. Dicen que el cretense Epiménides formuló una de las primeras y más famosas paradojas, conocida como "La del mentiroso". Dijo: "todos los cretenses son mentirosos". Sabiendo que Epiménides era cretense ¿lo que decía era verdadero o falso? Quizás encontremos la respuesta en los claustros académicos.
Aunque los universitarios también tienen paradojas. Por ejemplo, las agrupaciones políticas de izquierda defienden el ingreso irrestricto y se oponen a que haya un cupo de estudiantes en las carreras. Es decir, proponen la teoría del libre mercado para la Universidad. En cambio, las agrupaciones de derecha, en general a favor de la cupificación, exigen la regulación del Estado en el ingreso. Una enorme paradoja argentina.
Al revés
En el mundo las cosas ocurren al revés. En Cuba, por ejemplo, hay cupos muy estrictos para ingresar a la Universidad y entran tantos estudiantes como profesionales se necesitan. Todo está regulado por el Estado, como buen país socialista. En Inglaterra, cuna del liberalismo, las universidades estatales profesan el ingreso irrestricto, como corresponde a un país de libre mercado.
"Idea extraña u opuesta a la opinión común y al sentir de las personas", dice sobre paradoja la Real Academia Española. Hay paradojas graciosas y otras cruentas, como la de bombardear al pueblo iraquí para salvarlo de un tirano, o como la de esterilizar una aguja antes de colocar una inyección letal.
Volviendo al transporte, una paradoja que ya es un clásico en esta provincia, es aquella de que los remises, primero legales y después ilegales, nacieron durante el gobierno del partido que se hace llamar la "fuerza moral de los tucumanos". Otra muy curiosa es que mucha gente ha dejado de trabajar para poder cobrar el Plan Trabajar o la que algunas comisarías cobran (ahora dicen que ya no) para entregar un certificado de pobreza.
Las paradojas tucumanas son las mejores, sin duda. Hay Caps que tienen abajo del letrero que dice "Urgencias", otro que dice "Atención, de 7 a 11". Debe haber pocas ciudades en el país, y tal vez en el mundo, donde una persona pierde toda una mañana para pagar un impuesto. Si por lo menos fuera para cobrarlo...
Carlomagno, creador de la primera biblioteca de Europa, era analfabeto. Y Joshua Slocum, el primer hombre que dio la vuelta al mundo navegando solo, no sabía nadar. En Tucumán debería haber calles que lleven sus nombres.
Una reciente se suscitó en Tucumán, el jueves, cuando la Unión Tranviarios Automotor (UTA), el sindicato de los colectiveros, realizó una huelga contra el transporte ilegal. Paradójicamente, los mayores beneficiados por el paro fueron los remises truchos, que no dieron abasto, llevando y trayendo gente que usualmente viaja en ómnibus. Fue llamativo ver tantos autos destartalados con cinco o hasta seis pasajeros que circulaban a toda velocidad por las avenidas, porque el exceso de demanda exigía acortar los tiempos. Los ilegales deben haber recaudado un buen dinero el viernes.
Otra paradoja, siguiendo con el transporte, es la que proponen los empresarios. En protesta por el incremento de remises truchos quieren suspender o mermar los servicios de ómnibus los días domingos, feriados y durante los horarios con poco movimiento. De pie y contentos, los ilegales aplauden esta idea.
Más allá de lo creíble
Igual que a los choferes "pirata", a Galeano también le gustan las paradojas, palabra que proviene del griego -"para y doxos", que significa "más allá de lo creíble"-. Dicen que el cretense Epiménides formuló una de las primeras y más famosas paradojas, conocida como "La del mentiroso". Dijo: "todos los cretenses son mentirosos". Sabiendo que Epiménides era cretense ¿lo que decía era verdadero o falso? Quizás encontremos la respuesta en los claustros académicos.
Aunque los universitarios también tienen paradojas. Por ejemplo, las agrupaciones políticas de izquierda defienden el ingreso irrestricto y se oponen a que haya un cupo de estudiantes en las carreras. Es decir, proponen la teoría del libre mercado para la Universidad. En cambio, las agrupaciones de derecha, en general a favor de la cupificación, exigen la regulación del Estado en el ingreso. Una enorme paradoja argentina.
Al revés
En el mundo las cosas ocurren al revés. En Cuba, por ejemplo, hay cupos muy estrictos para ingresar a la Universidad y entran tantos estudiantes como profesionales se necesitan. Todo está regulado por el Estado, como buen país socialista. En Inglaterra, cuna del liberalismo, las universidades estatales profesan el ingreso irrestricto, como corresponde a un país de libre mercado.
"Idea extraña u opuesta a la opinión común y al sentir de las personas", dice sobre paradoja la Real Academia Española. Hay paradojas graciosas y otras cruentas, como la de bombardear al pueblo iraquí para salvarlo de un tirano, o como la de esterilizar una aguja antes de colocar una inyección letal.
Volviendo al transporte, una paradoja que ya es un clásico en esta provincia, es aquella de que los remises, primero legales y después ilegales, nacieron durante el gobierno del partido que se hace llamar la "fuerza moral de los tucumanos". Otra muy curiosa es que mucha gente ha dejado de trabajar para poder cobrar el Plan Trabajar o la que algunas comisarías cobran (ahora dicen que ya no) para entregar un certificado de pobreza.
Las paradojas tucumanas son las mejores, sin duda. Hay Caps que tienen abajo del letrero que dice "Urgencias", otro que dice "Atención, de 7 a 11". Debe haber pocas ciudades en el país, y tal vez en el mundo, donde una persona pierde toda una mañana para pagar un impuesto. Si por lo menos fuera para cobrarlo...
Carlomagno, creador de la primera biblioteca de Europa, era analfabeto. Y Joshua Slocum, el primer hombre que dio la vuelta al mundo navegando solo, no sabía nadar. En Tucumán debería haber calles que lleven sus nombres.
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