Una relación tóxica no siempre empieza con gritos, insultos o maltrato evidente. Muchas veces se construye de manera silenciosa, a través de pequeñas dinámicas que desgastan la autoestima, generan dependencia emocional y convierten al vínculo en una fuente constante de sufrimiento. Así lo explica el psicólogo Arturo Gómez López, especialista en terapia de parejas, quien advierte que cada vez más personas consultan por relaciones que, lejos de brindar bienestar, terminan afectando profundamente su salud mental. Y en eso, no son pocas las veces en que las redes sociales aparecen en el medio.
Según el profesional, un vínculo afectivo puede considerarse tóxico cuando una o ambas personas experimentan malestar psicológico persistente. “La relación deja de ser un espacio de crecimiento y desarrollo personal para transformarse en una fuente de estrés emocional, inseguridad y dependencia”, señala.
Reconocer las señales a tiempo resulta fundamental. Entre los indicadores más frecuentes, Gómez López menciona el control excesivo y los celos, que se manifiestan a través de una vigilancia constante sobre las actividades, decisiones y relaciones personales del otro. También aparece la manipulación emocional, mediante la culpa, el chantaje afectivo o la victimización para obtener determinados comportamientos.
Otro aspecto habitual es el deterioro progresivo de la autoestima. Las críticas permanentes, la desvalorización de opiniones, gustos o proyectos personales terminan erosionando la confianza de quien las recibe. A esto suele sumarse el aislamiento social: la persona comienza a alejarse de amistades, familiares o actividades que le resultaban placenteras para concentrar toda su atención en la relación.
Sin embargo, el especialista aclara que no siempre existe una intención consciente de dañar. “La toxicidad suele estar relacionada con dinámicas psicológicas profundas e inconscientes”, explica. En muchos casos, las personas que establecen este tipo de vínculos desarrollan una creencia irracional según la cual no pueden ser felices ni sobrevivir sin la otra persona.
Las transformaciones sociales también juegan un papel importante. Para Gómez López, la hiperconectividad, las redes sociales y las múltiples plataformas digitales están modificando aceleradamente la manera en que las personas se comunican y construyen sus vínculos.
En ese contexto, el profesional observa un fenómeno más amplio que trasciende las relaciones de pareja. Considera que la sociedad atraviesa una etapa en la que los intereses individuales parecen ganar terreno frente a los colectivos. “Estamos viendo una disminución del principio del deber y un aumento del culto al placer inmediato. También una mayor valoración del bienestar personal por encima del bien común, lo que puede traducirse en una menor conciencia de las necesidades y deseos de los demás”, reflexiona.
Entre las consecuencias de este proceso menciona el crecimiento de conductas individualistas, una menor disposición al compromiso y una preferencia cada vez más marcada por vínculos selectivos y espacios sociales reducidos. Desde su mirada, estos cambios podrían impactar directamente en la forma en que las personas construyen relaciones afectivas. “Probablemente veremos cada vez menos parejas basadas en la convivencia, la empatía, la solidaridad y el compromiso sostenido”, advierte. “Tal vez estemos atravesando una transición hacia nuevas formas de vincularnos. Como todo cambio profundo, genera incertidumbre y desafíos de adaptación”, señala. Para el experto, la clave sigue siendo la misma: construir vínculos basados en el respeto, la comunicación, la autonomía y el reconocimiento de las necesidades propias y ajenas.
Consejos
Frente a las nuevas conductas que se ven en las redes sociales, los especialistas recomiendan enfocarse en aquello que sí puede controlarse: la propia respuesta emocional. La psicóloga y sexóloga Gabriela Silva Molina señala la importancia de fortalecer la autoestima, buscar apoyo y priorizar vínculos basados en la honestidad y el respeto. Además, recuerda que las relaciones saludables requieren tolerancia a la frustración, ya que vincularse implica aceptar diferencias, límites y expectativas que no siempre serán satisfechas de inmediato.
Otros consejos ante una relación tóxica en entornos digitales son: poner límites (dejar de seguir a la persona o bloquearla si es necesario), no buscar respuestas en los “likes” y priorizar la energía propia; siempre es más saludable invertir tiempo en quienes están verdaderamente presentes.








