El salteño que busca atraer turistas a El Salvador a través del golf
Gonzalo Fernández Gamietea nació en Rosario de la Frontera, vivió en Tucumán, fue jugador profesional, dirigente deportivo y concejal. Hoy trabaja junto al Ministerio de Turismo salvadoreño en una estrategia que busca atraer viajeros e inversiones a través del deporte.
Resumen para apurados
- Gonzalo Fernández Gamietea, exgolfista salteño, se unió al Ministerio de Turismo de El Salvador para atraer viajeros e inversiones internacionales mediante el golf.
- Nacido en Rosario de la Frontera, Fernández Gamietea fue jugador profesional de golf, dirigente deportivo y concejal antes de asumir su rol actual en Centroamérica.
- La iniciativa busca consolidar al deporte como motor económico en El Salvador, posicionando al país como un destino clave para el turismo deportivo de alto nivel.
Escuchar nota
A miles de kilómetros de Rosario de la Frontera, en su Salta natal, Gonzalo Fernández Gamietea trabaja hoy en una misión que difícilmente podría haber imaginado cuando, de chico, caminaba detrás de su padre por una cancha de golf con uno o dos palos en la mano. Su tarea consiste en ayudar a El Salvador a atraer turistas, empresarios e inversiones a través de ese deporte.
Su historia no siguió un recorrido previsible. El golf, que primero imaginó como una carrera dentro de la cancha, terminó abriéndole un camino en la gestión, la política y, finalmente, en el turismo internacional. Un día volvió a hacer una valija, pero esta vez no llevaba sólo sus palos de golf, sino una propuesta para un país entero.
Cuando el golf dejó de ser un juego
El golf dejó de ser un juego bastante temprano. A los 16 años ya había decidido que quería dedicarse a ese deporte y, cuatro años después, dejó Salta para instalarse en Tucumán e intentar convertirse en jugador profesional. Compitió durante un período breve, hasta que las dificultades económicas y estructurales de sostener una carrera deportiva en el país lo obligaron a revisar el plan.
Viajar, entrenar y participar de torneos exigía recursos que no siempre estaban disponibles. La competencia podía ser su vocación, pero no necesariamente un camino posible a largo plazo. Recuerda sobre el momento en que decidió volcarse a la gestión: “entendí que ese era el camino que tenía por delante para seguir ligado a lo que más me apasionaba”. Aquella renuncia no significó alejarse del golf, fue el comienzo de otra etapa.
Llegó joven a la dirigencia. A los 28 años asumió la presidencia del Club de Golf de Rosario de la Frontera y, en paralelo, fue concejal durante tres períodos en Salta. Más tarde presidió la Federación de Golf del Norte Argentino.
Los cargos pertenecían a espacios diferentes, pero terminaron formando un mismo perfil. La experiencia pública, el conocimiento del deporte y la conducción institucional le permitieron construir una carrera que ya no dependía de sus resultados como jugador.
Fue durante su etapa al frente de la Federación cuando apareció la reunión que cambiaría el rumbo de su carrera. Durante un encuentro con Morena Valdez, ministra de Turismo de El Salvador, conoció la intención del país de incorporar al golf dentro de su estrategia de promoción internacional.
La iniciativa se inscribía en una transformación más amplia impulsada por el gobierno de Nayib Bukele. Fernández Gamietea recuerda que la ministra le habló de una visión de país orientada a mejorar la seguridad, atraer inversiones y reconstruir la imagen internacional de El Salvador. Dentro de ese nuevo escenario, el golf aparecía como una herramienta para abrir mercados y acercar al país a otro tipo de viajero.
Su mandato al frente de la Federación estaba por terminar. La oportunidad apareció justo cuando debía decidir cuál sería su próximo paso. “Sentí que era el momento de animarme, dejar la zona conocida y apostar a un desafío nuevo que iba muy de la mano con lo que quería seguir construyendo”, cuenta.
Desde el Ministerio le solicitaron que, a través de Grupo Coya, su empresa, desarrollara tres propuestas destinadas a impulsar el turismo mediante el golf. Una de ellas fue seleccionada y el acuerdo terminó llevándolo a El Salvador.
El golf como carta de presentación
Su misión actual comprende la organización de torneos, el desarrollo de acciones internacionales y la creación de alianzas estratégicas entre países. También busca generar vínculos con empresarios, inversores e instituciones que puedan descubrir El Salvador a partir de una experiencia relacionada con el golf.
Su rutina empieza a las seis de la mañana, muchas veces con nueve hoyos de golf, un partido de tenis o una salida a correr. A partir de las 7.30, la jornada se reparte entre reuniones con aliados de otros países, el diseño de nuevas estrategias y los encuentros con golfistas extranjeros interesados en invertir en el país. Después de las seis suele ir al gimnasio y alterna entre clases de inglés, lectura, la iglesia o un café con amigos. “Lo que más disfruto es poder vivir de algo que me gusta y pensar actividades que tengan un impacto positivo en un país”, detalla.
Esa dinámica cotidiana explica también el tipo de trabajo que lleva adelante. Buena parte de su tarea consiste en convertir al golf en un punto de encuentro entre turismo, negocios y relaciones institucionales.
Según Fernández Gamietea, el perfil del viajero ayuda a explicar la apuesta. El turista de golf suele quedarse más tiempo en un destino y destinar un presupuesto mayor al alojamiento, los traslados, los restaurantes y otras actividades. A su vez, el deporte permite generar movimiento fuera de los momentos tradicionales de temporada alta.
Hay, sin embargo, otro valor que no se mide únicamente en noches de hotel o consumo turístico. Una cancha reúne durante varias horas a jugadores, empresarios, funcionarios, inversores y representantes institucionales. Ese tiempo compartido crea un espacio particular para conversar, presentar proyectos y establecer contactos: “no es solo un deporte, es una vidriera hacia el mundo”.
Cada torneo puede transformarse así en una presentación del país. No se trata únicamente de convocar golfistas, sino de lograr que quienes lleguen encuentren razones para volver, invertir o recomendar el destino.
Del verde de las Yungas al Pacífico
Al instalarse, Fernández Gamietea descubrió que algunos paisajes le resultaban inesperadamente familiares: las montañas, la vegetación frondosa y el verde de ciertas regiones le recordaron a San Javier y a las Yungas tucumanas. También encontró similitudes con San Lorenzo, en Salta.
“El Salvador tiene mucho del norte argentino”, dice. La diferencia está en la concentración del territorio. El país es pequeño y montañoso, lo que permite combinar experiencias muy distintas sin atravesar largas distancias. En un mismo viaje es posible subir a un volcán, caminar entre bosques, visitar lagos y terminar la jornada frente al océano Pacífico.
Entre volcanes, bosques, lagos y costa, el país concentra actividades de aventura, propuestas gastronómicas y un centro histórico que, asegura, merece ser conocido más allá de los paisajes.
La costa ocupa un lugar central. Sus olas largas, potentes y técnicas hicieron que algunos surfistas las ubicaran entre las mejores del mundo. El agua se mantiene cálida durante todo el año y permite entrar al mar sin trajes gruesos. Además, la ausencia de un historial significativo de ataques de tiburones suma una sensación de tranquilidad poco habitual en otros destinos de surf. El clima se divide principalmente entre una temporada seca y otra de lluvias, pero mantiene temperaturas relativamente constantes.
En pocas horas, el viajero puede pasar de un bosque de montaña a una playa del Pacífico. Esa cercanía entre escenarios se convierte en uno de los principales argumentos del destino.
El país que encontró al llegar
Durante muchos años, la imagen exterior de El Salvador estuvo atravesada por la violencia y el dominio territorial de las pandillas. Esa era también la referencia que Fernández Gamietea tenía antes de instalarse.
Al llegar se encontró, según describe, con un país en plena transición. En las conversaciones cotidianas seguían apareciendo las marcas de un pasado cercano, pero en las calles percibía un movimiento diferente. “Conviven dos historias al mismo tiempo”, sostiene. Una pertenece a una sociedad atravesada durante décadas por la violencia. La otra corresponde a un territorio que hoy intenta reactivar su economía, atraer visitantes y construir una nueva identidad frente al mundo.
Él vincula ese cambio con las políticas de seguridad, infraestructura e inversión desarrolladas durante la gestión de Bukele, que permitieron que el país empezara a proyectarse de otra manera hacia el exterior.
Lo que más lo impactó fueron los relatos de los salvadoreños. Escuchó historias de familias que habían perdido a alguien por las pandillas y de comerciantes obligados a pagar extorsiones para poder trabajar dentro de determinadas zonas. Ese pasado todavía forma parte de la memoria colectiva, aunque su experiencia desde que llegó fue distinta. Asegura que no atravesó situaciones de violencia y que encontró una sociedad que empezaba a ocupar de otra manera los espacios públicos, los comercios y las actividades turísticas.
También lo sorprendió la amabilidad de las personas. “A pesar de haber estado sometida a tantos años de violencia, es una sociedad de mucha bondad”, afirma.
Un proyecto que mira hacia adelante
Hoy su objetivo no se limita a organizar un gran torneo. Espera que las acciones desarrolladas junto al Ministerio de Turismo atraigan visitantes, inversiones y nuevas oportunidades capaces de permanecer cuando termina un evento. “Mi principal objetivo es que al país le vaya bien”, afirma. Para él, el verdadero resultado se medirá en hoteles ocupados, restaurantes con movimiento, empleo, servicios y proyectos que mejoren la vida de los salvadoreños.
Detrás de ese objetivo, su forma de pensar este desafío está atravesada por la fe y por una idea que repite como principio personal: “no tenemos techo para conseguir lo que nos proponemos”. También cree que los proyectos toman fuerza cuando aparecen personas dispuestas a compartir una misma visión y a convertirla en algo concreto.







