El centro de Madrid se convirtió en una inmensa iglesia al aire libre. Más de 1,2 millones de personas participaron de la misa presidida por el papa León XIV en la Plaza de Cibeles y en las principales avenidas de la capital española, en una jornada marcada por la emoción de los fieles, un amplio operativo de seguridad y la posterior procesión de Corpus Christi.
A partir de las primeras horas de la mañana, miles de personas comenzaron a llegar al corazón de la ciudad. Familias enteras, grupos de amigos y peregrinos provenientes de distintos puntos de España llegaban con mochilas, esterillas y banderas, mientras tambores y guitarras animaban el ambiente.
“Es el primer encuentro de este país con el papa León. Es una fiesta para las familias, una fuente de alegría y esperanza”, expresó Teresa Valdecantos, una trabajadora del área de recursos humanos que llegó con muletas y una silla plegable para soportar la larga espera.
Entre los asistentes estaba también Lourdes Madrigal, una mujer de 47 años que viajó desde Bilbao junto a otras 50 personas. Su mayor preocupación era no poder acercarse a recibir la comunión debido a la multitud. “He podido comulgar”, celebró al finalizar la ceremonia.
La magnitud de la convocatoria obligó a desplegar un importante dispositivo logístico y de seguridad. Madrid se vistió para la ocasión con más de 30.000 claveles amarillos y blancos, los colores del Vaticano, que adornaron el recorrido por el que más tarde avanzaría la procesión eucarística.
Uno de los momentos más impactantes se vivió durante la comunión. Mientras cientos de miles de personas guardaban silencio, voluntarios distribuyeron recipientes con hostias consagradas y acompañaron a los sacerdotes que se desplazaban entre la multitud protegidos del intenso sol con paraguas blancos.
No todo fue sencillo. A medida que aumentaba la afluencia de público, se registraron demoras y aglomeraciones en los accesos al perímetro de seguridad. “¡Queremos ver al papa!”, repetían numerosos fieles en las calles cercanas a la plaza mientras levantaban sus teléfonos móviles y mostraban los códigos QR que les permitían ingresar a la zona habilitada.
Inconvenientes superados
Finalmente, los inconvenientes fueron superados y la celebración comenzó bajo temperaturas elevadas. A pesar de las botellas de agua distribuidas por la organización, varias personas sufrieron descompensaciones por el calor.
Al finalizar la misa, a la que asistieron el rey Felipe VI y la reina Letizia, la multitud estalló en aplausos y comenzaron a escucharse gritos de “¡Viva el papa!” en distintos puntos de la ciudad.
Luego, León XIV encabezó la tradicional procesión de Corpus Christi por las calles de Madrid, en el marco de una visita de una semana que continuará en Barcelona y las Islas Canarias.
La gira tiene lugar en un país considerado uno de los grandes bastiones históricos del catolicismo europeo, aunque en las últimas décadas la práctica religiosa ha experimentado un progresivo descenso. La masiva convocatoria de ayer mostró, sin embargo, que la figura del nuevo pontífice sigue despertando entusiasmo y movilizando a cientos de miles de fieles.







