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Cuando los agentes económicos perciben que la estabilidad es sostenible, aumenta la previsibilidad y mejoran los incentivos para invertir, ahorrar, producir y asumir riesgos de largo plazo. La definición del economista Lucas Pussetto simplifica lo que los agentes económicos, desde el más sofisticado inversor hasta el más común de los consumidores finales, perciben: aquella estabilidad macroeconómica y la mejora de los incentivos terminan generando más crecimiento, más productividad, más inversión y, eventualmente, mayores niveles de bienestar para el conjunto de la sociedad. A eso, técnicamente, se la conoce como “teoría del derrame”.
El presidente Javier Milei tiene varios rivales a vencer. Pasó la primera prueba: encarrilar el rumbo de una Argentina que se encaminaba hacia una hiperinflación. Fue a base de un ajuste salvaje, que gran parte de la sociedad lo aceptó con tal de que mejorara su situación económica. El tiempo, sin embargo, no fue suficiente para que la macro derramara en la microeconomía. La matriz económica se está modificando, aunque el campo sigue alimentando al Estado, retenciones mediante. Energía, minerales e industria del conocimiento son los sectores más beneficiados por la coyuntura. Por el contrario, la construcción, la industria y el comercio, tres actividades que generan casi el 60% de los puestos de trabajo en el país, sufren los efectos de la caída del consumo y la apertura de las importaciones. El Gobierno no le ha encontrado la vuelta para equilibrar la balanza económica. Las recetas del FMI tendrán que esperar. Las reformas tributaria y previsional no gozan del consenso. Los gobernadores no quieren que le toquen la parte de la torta que le corresponde de la recaudación nacional. Los empresarios, a su vez, objetan la intención de incrementar la cantidad de aportantes al impuesto a las Ganancias así como elevar el impuesto simplificado (Monotributo), que, según las cámaras que los representa, puede llegar a afectar el consumo, la formalidad laboral y, en definitiva, la recaudación impositiva.
El plan de la administración libertaria, con aval del Fondo, también incluye reemplazar Ingresos Brutos por un IVA dual (federal y provincial), similar al proyecto de “Super IVA” planteado el año pasado. Mientras se plantea más trabajadores pagando Ganancias, mayor presión sobre monotributistas e incremento de la alícuota de Ganancias a las empresas chicas, se reduce la alícuota para las empresas grandes y las retenciones al agro. En los años pares, el efecto de tales medidas tienden a moderarse en el tiempo. Pero en esta Argentina todo se mueve en base a la partitura electoral. Frente a una oposición que sigue navegando a la deriva por falta de líderes, Javier Milei se enfrenta a un rival complicado: las expectativas económicas. Esta semana que arranca, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) difundirá el dato de inflación de mayo que puede marcar la senda de la desaceleración. Sin embargo, la dinámica de los precios no contribuye a la recuperación del poder adquisitivo de los ingresos.
El economista Miguel Kiguel dijo que la Argentina atraviesa una etapa de fuerte contraste entre sectores que se benefician del auge exportador y una economía doméstica que no logra recuperar dinamismo. Ese contraste es el que deberá desarmar Milei antes del próximo turno electoral.







