NOVELA
CASA CON PILETA
PATRICIA SALINAS
(Emecé – Buenos Aires)
El nombre de la bonaerense Patricia Salinas ya merece sus tildes y subrayados. Una señal de seguimiento prometedor, pongamos, en la medida de que su primera novela (Casa con pileta) se nos presenta con una fuerza inusitada, entendida esa fuerza como la influencia magnética por la que nos dejamos apresar cuando un libro nos lleva de paseo.
De paseo, desde luego, en su sentido lato. El de un trecho grato que nos provee de un entretenimiento que nos hace más llevadera la existencia misma. Más afable, más hospitalario, más, en fin, más vida vivible.
Y he aquí la madre de las paradojas, puesto que Casa con pileta es una novela capaz de impregnar al lector de las preguntas capitales de su protagonista, de sus intríngulis, de sus exploraciones no exentas de fracasos y, por qué no, también no exentas de cierta desesperación.
De lo que se supone banal hasta llegar a lo crucial, Salinas nos cuenta la historia de una mujer, flamante madre, que descubre su condición de adoptada. Que allí tenemos un universo sustantivo.
Pero además esa misma mujer se muda a una casa con pileta y más temprano que tarde descubre que es contigua al tristemente célebre Pozo de Quilmes, un centro clandestino de los más activos de la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983.
La revelación inspira en la mujer un motivo del que no puede ni quiere escapar: ¿y si ese lugar tiene directa o indirecta relación con su nacimiento? De tal suerte se convierte en una cronista apta para entrevistar de manera solapada, o lateral, atar cabos y abrirse paso en una maleza de pistas no necesariamente fecundas.
De la identidad como valor con sello propio y de la identidad como dolor que conllevan las brumas, va la excelsa novela que escribió Patricia Salinas.
En ese frenesí que abarca personas de variado perfil (vecinas enigmáticas, una familia inglesa en la pendiente de su esplendor, una compañera con la que compartió militancia de izquierda, un abogado ex montonero, sigan firmas), la mujer persevera hasta el límite mismo de poner en riesgo su salud mental. Pero nada la constituirá más que perseverar.
Acaso rendir tributo al superlativo trabajo de Salinas aconseje transcribir el último párrafo de un capítulo de cierre de inequívoca profundidad: ¿Esto está por terminar o por empezar?
El párrafo de colofón dice así: Como me enseñó mi papá, la vida sin ir hasta el fondo puede resultar dolorosa. Las olas se baten en la superficie, mientras uno puede permanecer en el fondo, a salvo. A pesar del miedo. Ya sin miedo a la inmensidad.
Walter Vargas
© LA GACETA







