Tarucas goleó a Cobras Brasil, quedó a un paso de las semifinales y llegará dependiendo de sí mismo a la última fecha

La franquicia del NOA aplastó 61-26 a Cobras en San Pablo, logró su tercera victoria consecutiva y se consolidó en el cuarto puesto del Súper Rugby Américas. Con un triplete de Mateo Pasquini, definirá su clasificación a los playoffs ante Capibaras.

Tomás Elizalde trata de frenar un avance del sudafricano Rosko Specman.
Tomás Elizalde trata de frenar un avance del sudafricano Rosko Specman. Crédito: Matheus Tahan / Ruas midia

Resumen para apurados

  • Tarucas venció 61-26 a Cobras Brasil en San Pablo en la penúltima fecha del Súper Rugby Américas para quedar a un paso de clasificar por cuenta propia a las semifinales.
  • Tras superar una racha de malos resultados, el equipo sumó su tercer triunfo en fila gracias a una gran actuación de Mateo Pasquini, consolidando su juego en el torneo.
  • Tarucas buscará sellar su pase a los playoffs ante Capibaras en Tucumán dependiendo de sí mismo, gracias a una amplia ventaja en la diferencia de tantos sobre Selknam.
Resumen generado con IA

Mateo Pasquini celebró por tercera vez cuando todavía faltaban dos minutos para que terminara el primer tiempo. A esa altura, el wing ya había corrido más metros que varios jugadores de Cobras juntos, había encontrado espacios donde parecía que no existían y había transformado un partido incómodo en una goleada. Los brasileños todavía seguían de pie, pero la historia ya estaba escrita. Tarucas había viajado a San Pablo buscando una victoria. Se volverá a Tucumán con algo bastante más importante: la posibilidad de decidir su propio destino dentro del Súper Rugby Américas. La franquicia del NOA aplastó 61-26 a Cobras Brasil por la penúltima fecha del torneo y llegará a la última jornada dependiendo exclusivamente de sí misma para clasificar a las semifinales.

Hace algunas semanas parecía una posibilidad remota. Hoy es una realidad construida a partir de tres triunfos consecutivos (Pampas, Yacaré XV y Cobras) y de una confianza que empezó a aparecer justo cuando más la necesitaba. Quizás por eso la imagen de Pasquini terminó representando mucho más que un triplete. Representó a un equipo que dejó de jugar con miedo.

Durante buena parte de la segunda rueda del campeonato Tarucas caminó sobre una cuerda floja. Cada derrota pesaba demasiado. Los errores se multiplicaban. Fecha a fecha se miraba la tabla con más preocupación que ilusión.

Algo cambió en las últimas semanas. Se notó contra Pampas. Se confirmó frente a Yacaré. Y terminó de quedar claro en San Pablo. Tarucas ya no juega como un equipo que intenta sobrevivir. Juega como uno que cree.

La tarde no había comenzado de la mejor manera. Cobras golpeó rápido con un try de João Lucas Marino y durante algunos minutos pareció dispuesto a convertir el partido en una batalla incómoda. Los brasileños movían la pelota con decisión y encontraban respuestas en el contacto. Pero la reacción tucumana fue inmediata.

José Calderoni apareció por una banda como si fuera un back más. Tomás Vanni aprovechó el impulso para dar vuelta el marcador. Y después llegó Pasquini. Su primer try nació de un contraataque. El segundo encontró una defensa desarmada. El tercero fue simplemente la confirmación de que estaba jugando uno de esos partidos en los que todo sale bien.

Cada vez que tocaba la pelota generaba peligro. Cuando aceleraba, dejaba rivales en el camino y encontraba espacios donde parecía no haberlos. No es casualidad que sea el tryman de la franquicia. Tampoco que se haya convertido en uno de los jugadores más determinantes del torneo.

Cuando apoyó por tercera vez, el marcador indicaba 35-12 y la sensación era que Cobras ya no tenía respuestas. No porque el equipo brasileño hubiera dejado de intentarlo. Simplemente porque Tarucas había comenzado a jugar en otro nivel.

Los forwards ganaban metros. Los backs encontraban espacios. Máximo Ledesma convertía todo lo que pasaba por su pie. Y el partido empezaba a parecerse más a una exhibición que a una final anticipada por la clasificación.

El complemento sirvió para confirmar esa superioridad. Tomás Elizalde apareció primero. Después llegó el turno de Juan Manuel Vivas tras un line-maul perfectamente ejecutado. Más tarde Bautista Estofán encontró su premio. Y cuando el reloj ya se consumía, Simón Pfister cerró la cuenta. Entre todos construyeron nueve tries.

Entre todos construyeron algo más importante. Cimentaron una posición de privilegio de cara a la fecha final.

Ayer, Selknam observaba cómo Pampas lo derrotaba y complicaba seriamente sus aspiraciones. El resultado dejó a los chilenos con 36 puntos. Tarucas terminó la jornada con 39. Tres puntos de diferencia. Parece poco. No lo es. Porque detrás aparece otro número que explica buena parte del panorama.

Tarucas tiene una diferencia de tantos de +67. Selknam quedó en -65. Son 132 puntos entre uno y otro. Una distancia gigantesca para una competencia a la que apenas le queda una fecha. Peñarol, por su parte, también quedó obligado a una combinación que roza lo milagroso.

Por eso, cuando el árbitro marcó el final en San Pablo, la sensación fue distinta a la de una simple victoria. No hubo clasificación. Todavía no. No hubo festejos desmedidos. Tampoco. Pero sí apareció algo parecido a la tranquilidad.

La tranquilidad de saber que ya no hace falta mirar otras canchas. Saber que el futuro depende de lo que se genere en el juego propio. La tranquilidad de saber que, después de tantos altibajos, la temporada sigue viva.

El próximo partido será contra Capibaras XV en Tucumán. Del otro lado estará un rival que ya tiene asegurado su lugar en los playoffs.

Del lado “naranja” estará un equipo que llega en el mejor momento del año. Uno que recuperó la confianza. Uno que encontró respuestas. Uno que encontró en Pasquini la imagen perfecta de su transformación. Y uno que, por primera vez en mucho tiempo, tiene las semifinales al alcance de la mano.  

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