Atlético Tucumán aplastó a Talleres en Copa Argentina y se ilusiona con el "ADN Falcioni"

Con goles de Renzo Tesuri, Lautaro Godoy y Nicolás Laméndola, el "Decano" venció 3-0 a la "T" por Copa Argentina y ratificó las señales de crecimiento que empieza a mostrar el equipo de Julio César Falcioni.

CELEBRACIÓN. Tras el triunfo, los jugadores de Atlético se acercaron a saludar a la parcialidad decana.
CELEBRACIÓN. Tras el triunfo, los jugadores de Atlético se acercaron a saludar a la parcialidad "decana". Marcelo Manera/Especial para LA GACETA.

Resumen para apurados

  • Atlético Tucumán goleó 3-0 a Talleres por los 16avos de la Copa Argentina para avanzar de ronda y consolidar el estilo táctico de su director técnico, Julio Falcioni.
  • Con goles de Tesuri, Godoy y Laméndola, el equipo ratificó el crecimiento iniciado ante River, aplicando un esquema reactivo y veloz pese a bajas por lesión en la defensa.
  • La victoria afianza una identidad de juego definida bajo la dirección de Falcioni. El desafío futuro del equipo será mejorar la eficacia para sostener esta competitividad.
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Primer acto: Renzo Tesuri. Segundo acto: Lautaro Godoy. Tercer acto: Nicolás Laméndola. Atléticoredondeó una actuación ilusionante por los 16avos de Copa Argentina. De esas que hacía tiempo no se vivían con tanta satisfacción en el mundo “decano”. Frente a River, en el cierre del Apertura, el equipo ya había dejado una señal de su potencial. Aquella victoria ante el “Millonario” insinuó una idea que empieza a consolidarse: Julio César Falcioni, poco a poco, está imprimiendo su sello. Y esta vez volvió a demostrarlo: goleó 3-0 a Talleres de Córdoba por los 16avos de final de la Copa Argentina. Pero lo más valioso no fue sólo el resultado: Atlético dominó el partido de principio a fin. Y con una premisa que parece romper los fundamentos del fútbol moderno: usar la pelota de manera eficiente y vertiginosa.

El “Decano” no modificó su estructura (4-1-4-1) ni hubo demasiadas variantes respecto del último “11”. Apenas ingresó Luciano Vallejo en lugar de Gastón Suso, que sufrió una rotura de ligamentos sobre el cierre del torneo. Nada llamativo. Nada despampanante. Atlético, sin embargo, se vio como un equipo renovado: con hambre, intensidad y, sobre todo, con la inteligencia suficiente para ser peligroso cada vez que cruzaba mitad de cancha.

Y el gol de Tesuri lo explicó todo. A los tres minutos, Atlético ya había golpeado. Un pase de Laméndola al área, una aparición sorpresiva del mediocampista y la definición para romper el partido antes de que Talleres pudiera acomodarse. Ese arranque frenético confirmó que las semanas de trabajo no fueron casualidad: Atlético empieza a consolidar una identidad incómoda para cualquiera, la de un equipo reactivo, directo y peligroso cada vez que acelera.

Talleres, es cierto, mantuvo la pelota. La movió de un costado al otro y buscó romper líneas con el brasileño Rick o con la presencia de Ronaldo Martínez entre los centrales “decanos”. Generó varias chances sobre el final del primer tiempo, pero la firmeza de Luis Ingolotti y la falta de precisión impidieron que encontrara el empate que lo mantuviera con vida dentro de la serie. El problema, sin embargo, era que cada vez que perdía la pelota la defensa quedaba expuesta a la velocidad de los delanteros “decanos”. Y, si el resultado no fue más abultado, fue por la actuación de Guido Herrera bajo los tres palos.

A inicios del segundo tiempo, incluso, Talleres pareció cambiar su imagen. En un vendaval de 10 minutos generó varias ocasiones y parecía que el maleficio “decano” volvería a aparecer. Ronaldo Martínez, incluso, anotó el 1-1, que luego sería anulado por fuera de juego. Las tuvo, pero no logró quebrar del todo al “Decano”. Y cuando la “T” vivía su mejor momento, Godoy apareció con una corrida memorable para poner el 2-0.

Ese tanto quebró por completo a Talleres y, luego,  Laméndola terminaría de sentenciar la historia con un cabezazo tras un centro de Leandro Díaz.

Es cierto: no es una postura novedosa dentro del mundo “decano”. Otros técnicos del pasado ya habían utilizado ideas similares y habían obtenido resultados favorables. Mucho más en este tipo de torneos a eliminación directa. Pero, en el caso de Falcioni, este triunfo tiene un sentido diferente: ratifica esa levantada que viene mostrando el equipo poco a poco. Está claro: Atlético empieza a encontrar un estilo con el que se siente cómodo y, sobre todo, con el que aspira a competir.

Claro que todavía hay aspectos por corregir. Y quizás el principal tenga que ver con la contundencia. Porque si el resultado terminó 3-0 fue más por la jerarquía individual y la fragilidad defensiva de Talleres que por la eficacia ofensiva “decana”. Leandro Díaz, por ejemplo, desperdició varias situaciones claras que podrían haber transformado la goleada en una diferencia todavía más amplia. En partidos de eliminación directa, esa clase de oportunidades suelen pagarse caro.

Pero incluso con ese detalle pendiente, Atlético dejó una sensación que hacía tiempo no transmitía: la de ser un equipo convencido de lo que quiere hacer dentro de la cancha. Un conjunto que entiende sus limitaciones, pero también sus fortalezas. Y, sobre todo, uno que empieza a parecerse cada vez más a su entrenador. En un fútbol argentino donde muchas veces reina la confusión, el “Decano” encontró algo valioso: una identidad.

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