Canessa jugó en Tucumán cinco años después de la tragedia de los Andes

Tras sobrevivir a la tragedia, el rugbier uruguayo volvió al deporte.

RECUERDO. El plantel de Uruguay, con Canessa, por calles de Tucumán.
RECUERDO. El plantel de Uruguay, con Canessa, por calles de Tucumán.
Hace 6 Hs

Cinco años después de caminar entre nieve y silencio en la cordillera de los Andes, Roberto Canessa volvió a correr detrás de una pelota de rugby. Y lo hizo también en Tucumán. La provincia fue escenario en octubre de 1977 del IX° Campeonato Sudamericano de Rugby, un torneo que tuvo una particularidad histórica: fue la primera vez que la competencia se disputó en el interior del país. Las instalaciones del Club Atlético Concepción se transformaron durante varios días en el centro del rugby sudamericano. Allí llegaron Argentina, Uruguay, Chile, Brasil y Paraguay para disputar el certamen continental bajo las luces de la noche tucumana.

Pero detrás de la pelota ovalada había una presencia que inevitablemente excedía al deporte. Entre los jugadores uruguayos estaba Roberto Canessa. El mismo joven que apenas cinco años antes había protagonizado una de las historias de supervivencia más impactantes del siglo XX tras la tragedia del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya en la cordillera de los Andes.

En Tucumán todavía se respiraba expectativa por el torneo. Los encuentros se programaron en horario nocturno para facilitar la asistencia del público y la organización apostó fuerte por el evento. El campeonato comenzó oficialmente el 24 de octubre de 1977, aunque durante la mañana previa los dirigentes de las uniones afiliadas a la Unión Sudamericana de Rugby mantuvieron reuniones en el parque de Lawn Tennis.

Los favoritos absolutos eran Los Pumas. La selección argentina llegaba respaldada por una generación brillante que ya había enfrentado a potencias como Francia, Inglaterra y Gales. Además, el seleccionado iniciaba una nueva etapa técnica con Luis Gradín, recientemente incorporado al staff que encabezaba Aitor Otaño.

Sin embargo, gran parte de la atención también recaía sobre Uruguay. Sobre todo por la base de jugadores provenientes de Old Christians, el club profundamente marcado por la tragedia aérea de 1972.

La delegación uruguaya arribó a Tucumán el sábado 22 de octubre en tren. Durante esos días compartieron actividades sociales y deportivas con otras selecciones: almorzaron junto a Chile en Tucumán Rugby y realizaron entrenamientos nocturnos en Lawn Tennis. Entre aquellos rugbiers caminaba Canessa, ya convertido en un símbolo mundial de supervivencia.

Para entonces, la tragedia de los Andes seguía muy presente en la memoria colectiva. El 13 de octubre de 1972, el avión Fairchild FH-227D que trasladaba al equipo amateur de rugby Old Christians y a familiares rumbo a Chile se había estrellado en plena cordillera. De las 45 personas que viajaban, apenas 16 sobrevivieron tras permanecer 72 días atrapados entre la nieve.

Cinco años después, Canessa y otros jóvenes implicados en aquel hecho como Gustavo Zerbino o Antonio Vizintín aparecían jugando al rugby en Tucumán.

Vinculado al seleccionado

No era un simple sobreviviente. El wing había vuelto a insertarse en la vida deportiva de Uruguay y seguía vinculado al seleccionado. Incluso tres años después integraría Sudamérica XV. El rugby había sido parte de su vida antes del accidente y también después del horror.

No existen registros precisos de su participación en el partido frente a Argentina durante aquel Sudamericano, pero sí quedó documentada su presencia en la victoria de Uruguay frente a Paraguay por 16-7. Allí Roberto Canessa fue titular y hasta apoyó un try.

La escena hoy parece imposible de separar de la carga simbólica que arrastraba. Mientras miles de tucumanos asistían por las noches al estadio de Atlético Concepción para ver rugby sudamericano, uno de los protagonistas de la mayor historia de supervivencia deportiva del continente volvía lentamente a una aparente normalidad.

Tal vez muchos en las tribunas lo miraban solamente como un jugador uruguayo más. Otros seguramente reconocían en él al muchacho que había salido vivo de la montaña. Pero lo cierto es que Canessa representaba algo más profundo: la prueba de que después del horror también podía existir el regreso. Y ese regreso, en parte, también pasó por Tucumán.

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