El rugby suele hablar de valores. Del sacrificio colectivo, de la solidaridad, del respeto por el rival y del espíritu de equipo. Pero hay historias que obligan a preguntarse hasta dónde llegan realmente esos principios y cuánto depende, finalmente, de las decisiones humanas. El contraste entre Roberto Canessa y Alejandro Puccio se convirtió en uno de esos casos capaces de abrir debates incómodos sobre el deporte, la moral y la condición humana. Por un lado aparece Canessa, sobreviviente de la tragedia de los Andes y símbolo de resistencia extrema. Por el otro, Puccio, figura emergente del CASI y parte de una de las organizaciones criminales más impactantes de la historia argentina. El escritor y jefe de despacho del Juzgado Federal de Primera Instancia N° 3 José María Posse aportó una mirada íntima y profunda sobre ese contraste durante una charla impulsada por LA GACETA. Y lo hizo desde una experiencia personal marcada por los recuerdos de la tragedia de los Andes.
Posse tenía alrededor de siete años cuando ocurrió el accidente del vuelo uruguayo en la cordillera. Sin embargo, el episodio quedó grabado para siempre en su memoria familiar. Su abuela paterna era uruguaya y pertenecía a una antigua familia del país vecino. Cuando se difundió la lista de desaparecidos, reconoció varios apellidos vinculados a su entorno familiar. Desde entonces, cada noche se rezaba el rosario en su casa pidiendo por los jóvenes atrapados en la montaña.
La aparición con vida de los 16 sobrevivientes generó primero alegría y alivio. Pero después llegó el impacto más duro: enterarse de cómo habían sobrevivido. “Mi abuela cayó en un mutismo tremendo durante mucho tiempo”, recordó Posse.
La revelación de que los sobrevivientes se habían alimentado de los cuerpos de sus compañeros provocó un shock emocional enorme en una mujer profundamente católica. Según relató, fue un sacerdote quien logró ayudarla a resignificar lo ocurrido. El cura le explicó que, de algún modo, aquellos cuerpos se habían convertido en alimento para otros, trazando incluso un paralelismo con el cuerpo de Cristo. Esa escena quedó marcada para siempre en la memoria del escritor. “Con el tiempo, conocí a varios de los sobrevivientes y debo tener toda la bibliografía”, dijo.
Espíritu colectivo
Con el tiempo, Posse ingresó al rugby y encontró en ese deporte muchos de los valores que, según él, también atravesaron la historia de los Andes. “El rugby enseña camaradería y sacrificio colectivo”, explicó.
Para él, el scrum representa perfectamente esa lógica: nadie llega solo al try. Detrás de cada conquista existe un esfuerzo común donde todos empujan para el mismo lado. Por eso considera que la tragedia de los Andes se convirtió también en una lección humana profundamente ligada al espíritu del rugby. Los sobrevivientes transformaron una experiencia brutal en un mensaje de superación, compañerismo y resiliencia. “Este caso me sirvió para escribir algunos artículos o dar charlas motivacionales para juveniles”, indicó.
La caída de un ídolo
Porque mientras Canessa terminó convertido en símbolo de supervivencia y solidaridad, Alejandro Puccio representó para muchos rugbiers de la época una decepción devastadora.
Posse recordó que Puccio era admirado por toda una generación. Figura emergente del CASI, talentoso, carismático y con enorme proyección, aparecía como uno de los grandes nombres del rugby argentino de entonces. “Todos mirábamos al CASI y ellos eran mis ídolos”, resumió.
El impacto fue todavía más fuerte porque Puccio lo tenía todo: apellido reconocido, prestigio social, talento deportivo y un futuro enorme por delante. Incluso había formado parte de Sudamérica XV, combinado que enfrentó a los Springboks durante la época del Apartheid.
Y allí aparece una de las paradojas más impactantes de esta historia. En distintos momentos, tanto Puccio como Canessa integraron equipos vinculados a Sudamérica XV (el primero en 1982, y el uruguayo dos años antes). Dos hombres atravesados por el mismo universo rugbístico, pero destinados a representar cosas completamente opuestas. “Era incomprensible pensar que este muchacho que tenía todo, haga algo de esa magnitud”, reflexionó Posse.
Un duro golpe
El caso Puccio golpeó especialmente fuerte dentro del rugby argentino porque rompía con todo aquello que el deporte decía representar. Posse recordó que muchos jugadores del CASI eran amigos de rugbiers tucumanos y de distintos clubes del país. Por eso, cuando explotó el caso de los secuestros, hubo quienes directamente no podían creerlo.
También habló de las divisiones que generó la situación: mientras algunos defendían a Puccio desde la amistad o la incredulidad, otros lo condenaban inmediatamente.
Pero más allá de las discusiones judiciales, el escritor cree que existe una cuestión moral imposible de ignorar. Porque, según su mirada, Puccio y quienes integraban la banda conocían perfectamente lo que estaba ocurriendo dentro de la casa del horror de San Isidro.
Y ahí aparece el dilema central. ¿Cómo alguien formado bajo los valores del rugby termina traicionando todo aquello que el deporte enseña? Para él, el contraste entre Canessa y Puccio expone justamente eso: la diferencia entre quienes transforman el dolor en algo positivo y quienes eligen el camino contrario. Los sobrevivientes de los Andes construyeron una historia basada en la solidaridad extrema. La banda Puccio, en cambio, utilizó vínculos familiares y sociales para sostener el horror.
Dos caras humanas nacidas dentro de un mismo contexto deportivo. Dos formas completamente distintas de entender al otro. Y quizás allí radique la verdadera fuerza del dilema Canessa-Puccio: demostrar que el deporte puede enseñar valores, pero que finalmente siempre será cada persona la que decidirá qué hacer con ellos.








