Xi Jinping y Donald Trump.
Carlos Duguech
Analista internacional
Hubo un tiempo -que duró bastante después de la Segunda Guerra Mundial- en el que la bipolaridad que inauguraba la guerra fría tuvo como protagonistas de ambos lados a los encumbrados dirigentes de Washington y Moscú. De fuerte impacto fue el desmembramiento de la estructura colectiva de la ex URSS (15 repúblicas socialistas soviéticos la integraron) el 26 de diciembre de 1991 consecuencia no querida por el carismático Gorbachov. De quien tanto tuvo que ver, sin embargo, al liberar las compuertas del dique soviético, que posibilitó emerger a la Federación Rusa (Rusia, a secas). La de Putín. Y aquí sucede una transfiguración que genera una “Rusia” que no es la potente ex URSS que disputaba con los EE.UU. los resortes de la política mundial. Configuraban, en suma -y pese a la disminución territorial por la independencia desde 1991 de las ex repúblicas socialistas soviéticas: un nuevo esquema bipolar, algo desequilibrado para Rusia, la de Putin. Pero, a contrapelo de lo que se suponía iba a producirse con el derrumbe de la URSS, el esquema de la bipolaridad se mantenía con maquillajes y refuerzos puntuales en acuerdos EE.UU.-Rusia.
Nuevo escenario mundial
La insólita invasión rusa a Ucrania el 24/02/22 vino a desenfocar la foto del sistema internacional y de las relaciones entre las potencias mundiales. El esquema actual “EE.UU.-Rusia”, heredero forzoso del clásico “EE.UU.-U.R.S.S.” incursionó en un tembladeral. Rusia cometió el crimen de agresión en el inicio hasta que se encontró con la no imaginada resistencia bélica ucraniana. Esa misma que formateó ese sistema de defensa armada que prevalece cuatro años después. Las motivaciones expuestas por Putin están muy ligadas a su rechazo a que Ucrania se incorpore a la OTAN. Originadas, claro, en las no disimuladas expresiones del presidente ucraniano Zelenski, que manifestaba su vocación “otanista”. Se complica aún más el escenario mundial por el sangriento ataque de activistas de Hamas que irrumpen en el sur israelí generando más de un millar de víctimas y 250 personas tomadas como rehenes. Ello desencadenó la implacable respuesta de Israel con bombardeo masivo sobre Gaza con más de 70.000 víctimas mortales y destrucción casi total.
En ese escenario cabe poner la atención en una realidad. EE.UU. brindando apoyo de equipos e insumos militares y financiamiento a Israel. Tal y como ya lo venía haciendo en favor de Ucrania. En este último caso cabe enfatizar la reacción de Putin por la utilización de las fuerzas ucranianas de un misil de gran potencia (estadounidense) que excedía el campo ucraniano hendiendo profundamente en territorio ruso. Putin, por ese misil, involucraba a los EE.UU, como “el atacante” en una declaración pública en la que elípticamente ¡desprendía de responsabilidad a Ucrania! En ese escenario la relación Putin-Trump estiraba peligrosamente la cuerda que ligaba a las dos superpotencias.
China -la traemos a este escenario- aparecía como invitada por Rusia a brindarle apoyo en su gestión bélica en Ucrania. Fiel a su singular estilo, Xi Jimping retacea entusiasmos y declaraciones grandilocuentes y mide sus palabras. No se compromete, pero otorga cierta confianza de no estar lejos del escenario de los hechos, prestos al apoyo. Y lo transmite a su modo. Con cautelosa precisión.
A partir de allí, en este tablero de la política internacional que se desenvuelve en los altos escenarios, surgen primacías, cuestionamientos y hasta empujones en el escenario, por ocupar los primeros planos. Esos que no se deciden ni con acuerdos ni con “palabras bonitas” de ocasión sino con “capacidad de fuego” donde la pólvora son los recursos monetarios disponibles “ya”, y el plomo las decisiones en política internacional sostenibles con fuerza bélica abarcadora de mapas con sus territorios y mares y arsenales nutridos con más allá de lo necesario.
Acostumbramiento
Como si fuera una lección del secundario sobre geografía e historia contemporánea, vista desde este Tucumán nuestro y de la Argentina nuestra y de nuestra Latinoamérica, desde Occidente advertíamos, como si fuesen monumentos de bronce imperecedero, que el esquema era EE.UU. y URSS. No más que eso. El techo internacional de la “Humanidad”. Todo dependía de esa bipolaridad, bajo la tela tensa de una carpa de circo, con su arena, su trapecio, sus payasos, sus magos y la tropa de animales que se amaestraban para la admiración y el goce humanos.
A cielo abierto se esfumó la carpa mundial. El cielo abrió sus nubes y nubarrones. La troupe circense eligió nuevos diseños mientras EE.UU. e Israel eligieron “el tiro al blanco” descargando furias de fuego, muerte y destrucción sobre un país que ya tenía fama de exportador de terrorismo. El triángulo que dibujaban Washington e Israel con Teherán, crimen de agresión, desató finalmente la guerra que desdibuja el panorama para los tres vértices, cada uno con sus pretensiones y decisiones. Y una consecuencia imprevista desmadró el tablero mundial. Y cerró un aparentemente inexpugnable estrecho de Ormuz, ese Aleph en el que se ha convertido con su diseño marítimo casi triangular.
Ahora, China
Marginada, aunque no del todo, China emerge de la mano de Xi Jin ping. Acerco ahora unas líneas del libro “China”, de Henry Kissinger (2012) de 600 páginas editado en 2012. En su haber más de 50 viajes a China. “Pero es necesario comprenderla, porque China ejercerá una función muy importante en el mundo que empieza a vislumbrarse en el siglo XXI”. ¡Todo dicho, y por quién, nada menos! Tal vez Trump leyó “China” antes de su encuentro con su presidente.
El típico dúo de potencias hegemónicas en el techo del mundo: “USA and Soviet Union”, hasta ayer mismo. Hoy, anticipo como ensayo de una presentación en sociedad (mundial) el dúo parece dibujarse con trazos en lápiz -por ahora- como “USA and China”.
La incursión de Trump y su multitudinario equipo de asesores y acompañantes en territorio asiático chino se puede sintetizar en una frase que revela un resultado futbolística: Xi Jinping 2, Donald Trump 1. Sencilla explicación desde esta columna: todo el tiempo Trump favoreció la complacencia del chino. Hasta con lo de Taiwán que, probablemente incida en la relación EE.UU. con esa isla que reclama China. La advertencia de Xi caló en el comportamiento de Trump. Es probable que la visita de Putin en unos días terminará de definir (ardua gestión del ruso) este panorama del liderazgo mundial: o “USA-Rusia” o “USA-China”
Saludo con mensaje
No se puede cerrar esta columna sin poner de manifiesto una observación que es natural en los intérpretes de las revelaciones gestuales de un saludo estrechando manos. La foto muestra a Trump sumado su mano izquierda al apretón de las dos derechas. Los que interpretan el lenguaje corporal definen que eso “transforma un saludo formal en uno de cercanía, confianza y afecto”. El preludio de la conformación querida por Trump y desde tras bambalinas -por ahora- ejercida por Xi, para el “techo del mundo”, Washington-Pekín. Moscú, ¡abstenerse!
La trampa de Tucidides. En boca de un presidente chino sonó espacial, universal. Una advertencia de peso para el millonario presidente de los EE.UU.
También sobre Taiwán. Algo así como “nada de Vietnam, otra vez, Mr. President.











