Teatro Rosita Ávila: cuánto se puede cambiar en el intento de ser aceptado

Luis Saltor es dirigido por Víctor Laplace en “Informe para una academia”, sobre un cuento de Franz Kafka. En tiempo presente.

SER HUMANO COMO SALIDA. “Animal” es protagonizada por Luis Saltor y dirigida por Víctor Laplace. SER HUMANO COMO SALIDA. “Animal” es protagonizada por Luis Saltor y dirigida por Víctor Laplace.
Hace 5 Hs

El convulsionado universo de Franz Kafka ha inspirado propuestas teatrales y cinematográficas e incluso ha sido reinterpretada en dibujos y comics. Sus personajes conflictuados, enfrentados a sinsentidos cotidianos y confrontados a una realidad que los supera son atemporales, pero parecen haber cobrado aún más sentido ahora que antes.

En 1917, el escritor checo publicó “Informe para una academia”, un cuento sobre un mono atrapado por cazadores, que aprende a comportarse como un humano y relata su transformación ante los sabios que integran una Academia de Ciencias y Artes para su aceptación final.

A partir de esa idea se construyó “Animal o la salida humana”, la obra teatral que se presentará esta noche desde las 21 en el teatro municipal Rosita Ávila (Las Piedras 1.550), con la actuación de Luis Saltor, dirigido por Víctor Laplace, y que estrenó en noviembre de 2024 en la Capital Federal. El texto es una adaptación de Matías Bertilotti, quien aprovechó el relato para abordar hasta qué punto se modifica la personalidad ante la necesidad de ser socialmente aceptado.

El unipersonal elude el planteo trágico y juega con el humor y la ironía para poner en crisis el concepto de sociedad y presentar “un cuestionamiento al ser humano”, adelantó Saltor, en una entrevista con LG Play. “El planteo es muy interesante, porque está escrito en el tiempo del animal, que siempre es el tiempo del presente permanente. Fue un desafío que resulta absolutamente atractivo, también porque exige al espectador pensar en el ahora”, añadió.

Pedro el Rojo fue arrancado de la selva africana, y en su cautiverio aprendió las costumbres de sus captores. “La obra desarrolla su presentación ante los académicos -que viene a ser el público-, la salida en sociedad de este ser que ya no es simio pero que tampoco es humano aunque él pida ser considerado un hombre. Considera que ya hizo todo lo necesario para la transición. El tema es si verdaderamente está terminada y si vale la pena”, advirtió.

“La adaptación que hicimos pega muy fuerte en la identidad, porque si trasladamos el cuento al presente, nos encontramos con la función de un influencer de modificar permanentemente su identidad para encajar en los algoritmos. Mentimos permanentemente con lo que no somos, porque si dejamos de mentir salimos de ese sistema. Estamos en una sociedad hipercomunicada, pero a la noche tenemos de pronto una soledad angustiante”, señaló el protagonista.

Saltor aclaró que Pedro el Rojo “está buscando una salida, no la libertad, que es una idea muy romántica, muy amplia; entonces, ¿qué hace?”. “Más allá de que no le gusta tomar alcohol, ni fumar, ni escupir, ni hablar, lo hace imitando al ser humano, porque si no seguirá enjaulado. Y nosotros también estamos enjaulados. Probablemente nuestra jaula sea más grande, pero te pregunto: ¿vos salís sin el celular una mañana? Podés no sentir que estás en una jaula, pero sí lo estás”, ejemplificó.

“Tenemos cosas animales todo el tiempo, incluso peores que la de los animales. Estamos todo el tiempo tratando de ver cómo encajamos

Acerca de llegar a Tucumán, destacó el valor de acercarse a “un público nuevo que siempre cuestiona con nuevas preguntas, y lo que está pasando con esta obra es que cada vez que la hacemos aparecen cuestiones nuevas que ni yo la tenía pensada o ni Víctor en su primera apuesta”. En ese sentido, refirió a su experiencia en España, donde estuvo de gira: “la asociaron con el tema de las modificaciones culturales que abordan los migrantes que llegan de África para que esa sociedad no los rechace”.

Producción

El intérprete volvió con esta obra a la actuación luego de 44 años, ya que su última vez sobre el escenario fue en 1982 con “El largo adiós”, de Tennesse Williams. “Después me dediqué a la producción por cuatro décadas, porque tenía hambre y terminé haciendo algo por la cual yo no fui a Buenos Aires, porque mi propósito era estudiar actuación. No tenía laburo, abría la heladera y me encandilaba el foquito del fondo porque estaba vacía. Me fue bárbaro. Cuando me jubilé después de hacer 80 películas, pensé que si me pongo las pantuflas, un pijama y me pongo a mirar televisión, puedo aguantar media tarde. Y entonces decidí recuperar algo que siempre me quedó pendiente, esa esencia que ya había perdido, porque los años pasan. Entonces le pregunté a Víctor si quería arruinar 60 años de carrera dirigiéndome, porque lo conozco hace muchos años y con quien tengo una amistad, y aceptó este desafío”, describió, vinculando la obra con su propia experiencia vital y su presente.

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