Canessa y Puccio: dos destinos frente al mismo espejo

Una coincidencia en una cancha de rugby abrió una reflexión sobre la moral, la familia y las decisiones humanas.

CONTRASTES. El Clan Puccio y la tragedia de los Andes, os dos relatos extremos de la condición humana. CONTRASTES. El Clan Puccio y la tragedia de los Andes, os dos relatos extremos de la condición humana.

En octubre de 1977, el Club Atlético de San Isidro cumplía 75 años y organizó un partido especial para celebrar su historia. El tradicional club de San Isidro convocó a un equipo de figuras para enfrentar a su Primera, que venía de dominar el rugby porteño. Con el paso del tiempo, aquel encuentro quedó marcado por una imagen mucho más profunda que lo deportivo. En uno y otro equipo compartieron el mismo número, el 14, Roberto Canessa y Alejandro Puccio. El primero ya era uno de los sobrevivientes de la tragedia de los Andes, convertido en símbolo de resistencia, voluntad y solidaridad. El segundo acababa de debutar en la Primera del CASI y todavía no cargaba públicamente con el horror que años después envolvería a su familia.

Esa coincidencia fue el punto de partida de “Canessa y Puccio, el duelo del héroe y el canalla”, la nota escrita por Daniel Dessein que derivó en una reflexión mucho más amplia sobre la condición humana, la moral y la libertad. Según explicó el presidente del directorio de LA GACETA, el tema apareció casi por casualidad, a partir de una publicación vinculada a Eliseo “Chapa” Branca, ex Puma y ex jugador del CASI, que también estuvo conectado con aquella historia. Pero rápidamente la anécdota deportiva se transformó en algo mucho más profundo.

Dessein sostuvo que la fuerza del caso no está únicamente en la coincidencia de aquel partido, sino en el peso simbólico de las dos historias. “Son dos de las historias más potentes del último medio siglo”, afirmó, al recordar el impacto cultural que generaron tanto la tragedia de los Andes como el Clan Puccio. De un lado quedaron libros y películas como “Viven” y “La sociedad de la nieve”, centradas en los jóvenes uruguayos que sobrevivieron 72 días en la cordillera después del accidente aéreo de 1972. Del otro, investigaciones, series y filmes como “El clan”, que reconstruyeron el universo criminal encabezado por Arquímides Puccio.

“Son dos ejemplos: por un lado, los sobrevivientes que logran construir una sociedad distinta incluso fuera del mundo del que habían salido; y, por el otro, Puccio, que tuvo la oportunidad de escapar de ese entorno y hasta el ejemplo, en aquel partido, del ‘Odiseo de los Andes’. Entonces aparece la gran pregunta: ¿cuánto de Puccio y cuánto de Canessa hay en nuestra sociedad?”, reflexionó Dessein.

La pregunta fue retomada por Jorge Daniel Brahim, editor, escritor y ensayista, quien aseguró que al leer la nota sintió que estaba frente a algo más cercano a un ensayo filosófico que a un texto periodístico tradicional. Para él, el cruce entre Canessa y Puccio obliga a pensar en la condición humana. Ambos eran jóvenes, compartían el rugby, el puesto de wing, el número 14 y un universo social relativamente parecido. Sin embargo, había una diferencia enorme entre ellos: la moral.

Brahim llevó el análisis hacia una vieja discusión filosófica. Por un lado, Jean-Jacques Rousseau y la idea de que el ser humano es bueno por naturaleza. Por el otro, Thomas Hobbes y aquella mirada más oscura según la cual “el hombre es lobo del hombre”. “En esa cornisa permanente vivimos los seres humanos”, señaló el ensayista.

Dessein reforzó esa idea al remarcar que el contraste resulta todavía más impactante porque los dos protagonistas no provenían de mundos completamente distintos. San Isidro, el CASI, Carrasco, los colegios y el ambiente social del rugby construían una cercanía muy fuerte entre ambos universos. “Las vidas se parecen mucho en esos puntos”, explicó. Y justamente por eso la oposición moral se vuelve más inquietante.

Para Dessein, Puccio no era un marginado ni alguien excluido de su entorno. Al contrario: era un jugador integrado, valorado y admirado dentro del rugby argentino. “Él juega el partido más importante del rugby argentino hasta ese momento, en el que Sudamérica XV le gana a los Springboks el 3 de abril de 1982. Era un niño mimado de su sociedad”, recordó.

Allí aparece una de las preguntas centrales del debate: ¿cuánto pesa la genética y cuánto pesa la cultura? Dessein lo planteó como una tensión entre lo heredado, el contexto familiar, la escuela y el club. Puccio tenía cerca el reconocimiento deportivo, el prestigio social y hasta la posibilidad de escapar de la trama criminal encabezada por su padre. Sin embargo, terminó absorbido por ese mundo.

Contraste familiar

El contraste familiar también fue clave en el análisis. Dessein recordó la figura del padre de Canessa, Juan Carlos, médico reconocido en Uruguay y ejemplo para su hijo. Del otro lado aparece Arquímides Puccio, como una figura opresiva y destructiva. “Hay algo casi trágico ahí”, sostuvo. “Alejandro debía romper con su padre o frenarlo, pero no pudo hacerlo”, indicó.

Brahim retomó esa idea desde una mirada más existencial. “Lo poco bueno que uno tiene necesita un gran esfuerzo para cristalizarse”, afirmó. Para él, el ser humano vive en tensión permanente entre sus impulsos más primarios y la posibilidad de construir valores. Allí también entra en juego la idea de “circunstancia” de José Ortega y Gasset: aquello que rodea y condiciona a las personas, aunque sin anular completamente su libertad.

La tragedia de los Andes apareció entonces como el otro gran espejo de la discusión. En medio del hambre, el frío y el aislamiento, los sobrevivientes debieron construir una nueva forma de convivencia. Brahim definió esa experiencia como “una primera clase de filosofía en un aula a cielo abierto”, a más de 3.500 metros de altura. Allí, explicó, entendieron que la vida depende de un hilo y que el ser humano es esencialmente frágil.

Pero esa fragilidad no destruyó al grupo. Por el contrario, los obligó a organizarse y sostenerse colectivamente. La llamada “sociedad de la nieve” nació en el límite de lo soportable, pero se sostuvo sobre la solidaridad, la organización y la voluntad de salvarse juntos. Para Dessein, allí aparece la diferencia definitiva entre Canessa y Puccio. “Los sobrevivientes lograron mantener un esquema de valores incluso fuera de la sociedad convencional; Puccio, en cambio, no logró escapar del infierno que tenía dentro de su propia casa”, explicó.

La comparación, sin embargo, no busca convertir a uno en santo y al otro únicamente en monstruo. Más bien obliga a pensar en la fragilidad moral humana y en cómo las circunstancias, los vínculos y las decisiones pueden empujar hacia un lado u otro.

Por eso la historia sigue generando impacto. Porque no habla solamente del rugby ni de dos nombres famosos. Habla de una sociedad capaz de producir gestos heroicos y, al mismo tiempo, horrores escondidos detrás de una apariencia respetable. Habla de familias que contienen y otras que destruyen. Y, sobre todo, habla de personas que, enfrentadas al límite, deben decidir qué hacer con su libertad. Ahí reside la potencia de aquella imagen perdida de 1977. Canessa y Puccio compartieron una cancha, un número y una época. Pero terminaron representando dos respuestas completamente opuestas frente a la misma pregunta humana: qué parte de nosotros prevalece cuando llega el momento de elegir.

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