Por qué la derrota es una señal de alarma para San Martín: quedaron al descubierto problemas que venía arrastrando

El 0-2 en Carlos Casares dejó expuestos defectos que el invicto disimulaba. Para Yllana, el golpe puede ser una advertencia; para el “Santo”, una oportunidad de reaccionar.

POCA INFLUENCIA. El ingreso de Matías García no influyó demasiado para la generación en la mitad de la cancha. POCA INFLUENCIA. El ingreso de Matías García no influyó demasiado para la generación en la mitad de la cancha. Foto CASM.
Bruno Farano
Por Bruno Farano 27 Abril 2026

Resumen para apurados

  • San Martín de Tucumán perdió 0-2 ante Agropecuario en Carlos Casares por la Primera Nacional, exponiendo fallas estructurales que su racha invicta ocultaba hasta este fin de semana.
  • Pese a probar distintos esquemas y cambios en el mediocampo, el equipo de Andrés Yllana no logró generar juego, confirmando deficiencias tácticas que se arrastraban hace tiempo.
  • La derrota funciona como una señal de alerta para reajustar el plantel antes de enfrentar a Banfield. El desafío será corregir errores para no perder terreno en el torneo local.
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No todas las derrotas llegan para derrumbar o para crear un caos. También están esas que aparecen para revelar algo; para encender algunas alertas, sobre todo cuando el ángulo de maniobra todavía es óptimo. Y la que San Martín sufrió en Carlos Casares, contra uno de los equipos de peor rendimiento en lo que va de la temporada, puede entrar en esa categoría. Claro; para eso debe funcionar como un llamado de atención, tal cual lo dijo Andrés Yllana en la improvisada ronda de prensa a la salida del estadio Ofelia Rosenzuaig.

Porque el 0-2 que encajó el “Santo” contra Agropecuario no sólo cortó un invicto; también resaltó defectos que venían asomando, pero que los resultados, y en parte la posición en la tabla, habían ayudado a disimular. Y acaso ahí esté el verdadero valor del golpe. No en dramatizarlo, sino en entenderlo.

Yllana fue honesto después del partido. Admitió que el equipo jugó mal, evitó refugiarse en excusas pese a hablar del viento, del pasto alto y de una cancha que obligó a jugar otro tipo de partido que el que habían preparado en la semana, y asumió responsabilidades. También dijo algo que merece atención: “en el ascenso hay que saber ganar estos partidos feos”, aseguró; y en ese ítem está el núcleo del asunto.

Porque justamente en ese tipo de encuentros San Martín mostró fisuras que no son nuevas. Una es futbolística y venía apareciendo incluso en partidos que terminaron favorablemente: el abuso del juego directo.

Buscar la segunda pelota puede ser un recurso válido, incluso necesario en una categoría en la que no prima el juego fluido. Pero un equipo con pretensiones de protagonismo difícilmente pueda basar buena parte de su estructura únicamente en eso. Y en lo que va de la temporada los centrales fueron, en gran parte, los que más buscaron a los delanteros.

El pelotazo puede ser una herramienta, eso está claro. Pero no debe convertirse en un modelo. Cuando eso sucede, el equipo se vuelve previsible y la prueba fue brutal en Casares. En un partido cerrado, trabado y de detalles, San Martín no pateó al arco en 90 minutos; un hecho insólito y alarmante para un equipo que tiene la chapa de candidato colgada en el pecho desde el inicio de la temporada.

LO NECESITA. Kevin López no pudó ser eje en la mitad de la cancha para San Martín. LO NECESITA. Kevin López no pudó ser eje en la mitad de la cancha para San Martín. Foto CASM.

Por ese motivo ese no es un dato menor, sino una señal de alerta.

En la gélida y ventosa tarde casarense también quedó expuesto otro tema que empieza a merecer una discusión puertas adentro: los constantes cambios. Yllana modifica con frecuencia el “11” titular y, aunque eso pueda llegar a leerse como búsqueda o adaptación, también puede estar atentando contra algo elemental para un grupo nuevo. Todo equipo necesita rodaje y la falta de minutos en conjunto para el “11” ideal atenta contra ello. Claro, también puede deberse a que el DT no haya podido dar con ese equipo ideal.

A San Martín le faltan asociaciones, le faltan automatismos, le faltan tres o cuatro toques consecutivos para poder generar los espacios; y esas cosas sólo se consiguen con rodaje y jugando juntos.

A eso se suma una vacancia sensible en el corazón del equipo. El DT aún no encontró un “5” patrón. Santiago Briñone y Laureano Rodríguez tuvieron oportunidades, pero ninguno terminó de adueñarse de un puesto fundamental para todo equipo que aspira a cosas importantes. Los grandes planteles se estructuran siempre alrededor de un volante central con aplomo, y el “Santo” aún no puede dar con alguien que se calce esa camiseta y la haga valer.

Y algo parecido ocurre con la generación de juego. Kevin López rindió mejor entrando desde el banco que arrancando. Matías “Caco” García parece el único que intenta darle claridad a cada intervención, aunque no tuvo demasiada participación y en varias oportunidades saltó al campo cuando la mano ya estaba complicada. En tanto, Alan Cisnero tiene desequilibrio, pero parece necesitar recibir más cerca del área para que eso lastime.

Está claro que la derrota que el “Santo” sufrió en el corazón de la provincia de Buenos Aires no es una catástrofe, sobre todo porque hay mucho torneo por delante. Pero puertas adentro, Yllana debería convertirla en advertencia.

Es importante que el "Santo" no ignore las luces de alerta

El DT pidió no crear caos donde no lo hay y tiene razón; porque muchas veces el fútbol suele moverse entre exageraciones. Y está claro que un triunfo no convierte a un equipo en imparable ni una caída lo vuelve inviable. Pero tampoco conviene ignorar señales.

San Martín quedó a siete puntos del primero de la zona B y apenas dos por encima del primer equipo que hoy se está quedando afuera del Reducido. Falta mucho, es cierto, pero los puntos que se dejan pasar a mitad de año suelen pesar en la etapa de definiciones. Por eso, quizás, la derrota contra Agropecuario tenga valor si obliga a revisar.

Las campañas que terminan siendo grandes suelen tener un partido así. Uno que incomoda, que rompe la sensación de confiabilidad y que obliga a mirar hacia adentro. Y en San Martín pueden dar fe de ello porque, por ejemplo, los equipos que lograron los últimos ascensos (a la Primera Nacional en 2016 y a la Superliga en 2018) perdieron partidos en contextos similares.

Casares puede haber sido apenas una mala tarde o un aviso oportuno, dependerá de cómo San Martín responda.

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