Hace 4 Hs

En Tucumán estamos sufriendo. No lo digo sólo por los números del Ministerio de Salud; lo digo por lo que se ve en los barrios, en las guardias, en las casas. Me estoy refiriendo al Aedes Aegypti, que volvió a ganarnos una batalla y esta vez no trajo solo dengue. Trajo chikungunya, que no perdona. No es una gripe fuerte. Es un nombre raro para un dolor que te quiebra. Fiebre alta de golpe, dolor de cabeza, sarpullido. Pero lo que te marca es el dolor de articulaciones, rodillas, muñecas, tobillos, dedos. Un dolor que te dobla, que te deja inmóvil en la cama sin poder caminar. Chikungunya en África significa “que se encorva” o “algo que se encorva”. En Tucuman entendimos, porque la enfermedad te encorva del dolor. El Aedes Aegypti no está en el monte, sino en el fondo de casa, en la botella cortada donde juntamos agua para el perro; en la pileta que quedó con un dedo de agua de la lluvia pasada; en la goma vieja tirada en el baldío de la esquina. Es un mosquito de hábitos limpios; no necesita charcos podridos; le alcanza una tapita de gaseosa de agua limpia para poner 100 huevos. Es por eso que esta pelea nos da bronca e impotencia. Porque no es contra un virus lejano. Es contra nuestra propia costumbre de dejar todo para después. El descacharrado que no hicimos el sábado. El patio que no revisamos. El “yo no tengo criaderos”, que decimos sin haber mirado la canaleta.

Rodolfo Ruarte                                                                        

Las Heras 516 - S. M. de Tucumán

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