Por el estreno de “Michael”, las redes se llenaron de versiones del Rey del Pop
Un concurso impulsado por el Cine Atlas dejó al descubierto algo que sigue vigente: el legado de Michael Jackson atraviesa generaciones y se expresa en historias, trajes y coreografías que van mucho más allá de una película.
ESCENARIO. Joaquín, de 4 años, bailó en Lules junto a un imitador de Michael Jackson. / GENTILEZA DE LUCILA RODRIGUEZ
Resumen para apurados
- Tras el estreno de la biopic 'Michael', fans de todas las edades en Tucumán inundaron las redes con imitaciones de Michael Jackson debido a un concurso impulsado por el Cine Atlas.
- La iniciativa del cine motivó a niños y jóvenes a compartir coreografías y vestuarios caseros. Los videos reflejan cómo el legado del artista se mantiene vigente entre generaciones.
- Este fenómeno confirma que la figura de Jackson trasciende el tiempo. Se prevé que el estreno de la película revitalice su obra y potencie nuevas expresiones artísticas locales.
Un nene con sombrero negro intenta hacer el “moonwalk” en el living de su casa. En otra historia, un adolescente se acomoda el blazer antes de grabarse. Más abajo, alguien baila con botines de fútbol y una camisa blanca.
Durante días, las historias de Instagram del Cine Atlas se llenaron de imitadores de Michael Jackson.
Todo empezó con un concurso por el estreno de “Michael”, la película que llegó esta semana a los cines. La consigna era simple: grabarse bailando. Pero lo que apareció fue otra cosa.
No eran solo videos. Era una escena repetida en distintas casas, escuelas y edades. Una forma de confirmar que Michael Jackson, en realidad, nunca se fue.
De un juego en casa a un escenario
Santino tiene 12 años, juega al básquet y va a primer año de secundaria. Pero cuando suena Michael Jackson, cambia todo.
“Me interesó mucho su baile y su canto”, cuenta. Empezó a imitarlo a los seis años mirando videos y hoy ya tiene varios trajes: algunos hechos por su mamá y su abuela, otros adaptados para distintas coreografías.
Bailó frente a más de 300 personas y no le pesa. “Me siento feliz y orgulloso de imitar a Michael”, dice. Su sueño es ser artista o bailarín.
Algo parecido le pasó a Joaquín, de 4 años. También lo descubrió en casa con su mamá, mirando videos. Hoy ya se anima a subirse a un escenario. Cuando baila, lo tiene claro: siente que puede ser como él.
Bailar, imitar y hacerlo propio
No todos buscan copiar cada detalle. Algunos arman su propia versión.
Dilan, de 11 años, apareció en uno de los videos con botines, short de fútbol y un blazer negro. “No me importó la ropa de abajo”, cuenta. Su ranking también dice mucho: “primero el fútbol, después mi familia y tercero Michael Jackson”.
Algo parecido pasa con Gino, de 4 años, que baila con un traje rojo y tiene una favorita clara: “Thriller”. Su mamá, Jennifer Brizuela, cuenta que “se prende en todas” cada vez que suena una canción. En su caso, el fanatismo tiene una historia detrás: fue su abuelo, Elvio Brizuela, quien lo hizo fanático. Ahora, los dos quieren ir juntos a ver la película.
De la admiración a una forma de vida
En algunos casos, ese primer vínculo se vuelve algo más profundo.
Martín Gómez Sastre, bailarín, docente y coreógrafo, lo dice directo: empezó a bailar por Michael Jackson. Formado en Buenos Aires y en el exterior, reconoce que todo -los movimientos, la estética, el nivel de producción- lo marcó.
“Me pasaba horas viendo audiciones, viendo ese nivel de entrega”, recuerda. Con el tiempo, incluso formó parte de un tributo. “Hoy lo miro y siento que ahí empezó todo”.
El mismo fanatismo, distintas generaciones
Milo, de 10 años, empezó a interesarse por Michael a los tres, mirando videoclips en la televisión mientras su mamá hacía cosas en la casa.
“Se pasaba horas viendo videos”, cuenta su mamá, Cecilia Bossini. Con el tiempo llegaron los trajes - hechos por su tía - y los escenarios: su escuela, sobre todo.
Hace un tiempo fue a ver a Lenny Jay, un imitador, en el Teatro Mercedes Sosa y se emocionó hasta las lágrimas.
Braian, de 23 años, lo descubrió distinto. “Lo escuché por primera vez con ‘Billie Jean’ en la radio”, recuerda. Después venían los CDs que le traía su mamá. “Esperaba que me trajeran música nueva”.
En la escuela ya bailaba, incluso enseñando coreografías para actos. Hoy, aunque su rutina es otra, hay algo que no cambia: “cuando escucho su música, me empiezo a mover”.
Subió su video al concurso y la respuesta lo sorprendió. Pero hubo un mensaje que le quedó: su hermano le dijo que lo admiraba.
Para él, Michael Jackson es mucho más que un artista. “Fue la persona más conocida del mundo, pero también la más desconocida”, reflexiona.
Y el concurso terminó siendo apenas una excusa.
Porque lo que apareció en esas historias no fue solo talento o entretenimiento. Fue algo más difícil de explicar: una conexión que sigue pasando de generación en generación.
Michael Jackson no es solo música. Es algo que se imita, se hereda, se vuelve a descubrir.
Y mientras la película empieza a proyectarse en el cine, en algún lugar -en una casa, en una escuela o frente a un celular- alguien vuelve a imitarlo.
Un paso, un giro, el sombrero. Y por unos segundos, otra vez, el Rey del Pop vuelve a estar en escena.








