Luis Puenzo: el hombre que llevó al cine el robo de bebés en la dictadura

A los 80 años murió Luis Puenzo, el director de “La historia oficial”, la primera película argentina en ganar un Oscar. Su compromiso con la verdad.

VIDA. Nacido el 19 de febrero de 1946 en el barrio porteño de Floresta, Puenzo desarrolló una carrera que combinó cine, producción y reflexión política. VIDA. Nacido el 19 de febrero de 1946 en el barrio porteño de Floresta, Puenzo desarrolló una carrera que combinó cine, producción y reflexión política.
Hace 6 Hs

El cine argentino despidió ayer a Luis Puenzo, una de sus figuras más influyentes y el realizador que marcó un antes y un después en la proyección internacional del país. Tenía 80 años y falleció en Buenos Aires. En los últimos años atravesaba problemas de salud derivados de una enfermedad oncológica, que causó su muerte.

Director, guionista y productor, su nombre quedó definitivamente asociado a “La historia oficial”, la película que en 1986 obtuvo el Oscar a mejor filme en lengua no inglesa, convirtiéndose en la primera producción argentina -y latinoamericana- en lograr tal distinción. El galardón no sólo consagró su obra: colocó al cine argentino en el mapa mundial.

Pero detrás de ese logro hubo una historia atravesada por tensiones, riesgos y decisiones que reflejaban el clima de los últimos meses de la dictadura militar (1976-1983). Durante el rodaje, el equipo sufrió amenazas directas. “Amenazaron de muerte a la madre de la niña que hacía el papel de bebé robada. Le dijeron que la sacara de la película. Tuvimos que fingir que el rodaje terminaba y lo seguimos en forma clandestina”, recordó Puenzo en 2016.

PROTAGONISTAS. Castro, Alterio y Aleandro en “La historia oficial”. PROTAGONISTAS. Castro, Alterio y Aleandro en “La historia oficial”.

El episodio fue aun más violento: a la madre de la pequeña actriz -Analía Castro- “le pusieron una mano en el cuello, contra una pared, y le dijeron: ‘Sacá a la nena, es la última vez. Te vamos a matar’”. Frente a ese escenario, el equipo decidió simular el final de la filmación con una conferencia de prensa y una celebración para periodistas, mientras continuaban trabajando en secreto.

La película abordaba un tema que entonces era aún tabú: la apropiación de hijos de desaparecidos. Más de 500 casos fueron denunciados, y al momento del rodaje apenas tres nietos habían recuperado su identidad gracias a la labor de las Abuelas de Plaza de Mayo. Ese contexto le dio al filme una carga política y simbólica que trascendió lo cinematográfico.

ESTATUILLA. Puenzo y Aleandro -junto con Jack Valenti- con el Oscar. ESTATUILLA. Puenzo y Aleandro -junto con Jack Valenti- con el Oscar.

El relato sigue a Alicia, interpretada por Norma Aleandro, una profesora de historia que comienza a sospechar que su hija adoptiva podría ser hija de desaparecidos. Su marido, encarnado por Héctor Alterio, representa la complicidad civil con el régimen. “La película narra esa complicidad, que muchos han querido tapar”, sostenía Puenzo.

El impacto fue inmediato. Aleandro obtuvo el premio a mejor actriz en el Festival de Cannes, distinción que compartió con la estadounidense Cher, y la película ganó también el Globo de Oro, lo que impulsó su llegada a los Oscar. En la ceremonia, la actriz protagonizó uno de los momentos más recordados al pronunciar un “God bless you”, cuando se anunció el galardón.

Nacido el 19 de febrero de 1946 en el barrio porteño de Floresta, Puenzo desarrolló una carrera que combinó cine, producción y reflexión política. Su filmografía fue diversa y ambiciosa. Dirigió “Gringo viejo”, protagonizada por Gregory Peck y Jane Fonda, y basada sobre la novela de Carlos Fuentes, ambientada en la Revolución Mexicana; y “La peste” -adaptación de la obra homónima de Albert Camus- con William Hurt y Sandrine Bonnaire.

DE 1992. Imagen de “La peste, filme basado en la novela de Camus. DE 1992. Imagen de “La peste, filme basado en la novela de Camus.

En estas obras se percibe una constante: la relación entre la historia, la literatura y la política. “Camus da la clave de que los ciclos siguen. Hay microbios que permanecen dormidos, pero inevitablemente vuelven a salir en la epidemia. Eso ocurre en política”, reflexionaba Puenzo. En su opinión, los procesos históricos no eran hechos cerrados, sino dinámicas que reaparecen bajo nuevas formas.

Esa mirada lo llevaba a establecer paralelismos entre contextos. Sostenía que las lógicas económicas y políticas de la dictadura encontraban ecos en otras partes del mundo, y que conflictos contemporáneos reproducían patrones del pasado. “Este ciclo nefasto sigue latente y lo hará por décadas”, advertía, convencido de que la memoria debía ser un ejercicio permanente.

También defendía el rol del cine como herramienta de reflexión colectiva. “Ningún país ha hecho tanto como la Argentina para entender su historia reciente”, afirmaba, aludiendo a la gran cantidad de películas sobre la dictadura. Comparaba ese proceso con otros países, como Francia -por la guerra de Argelia- o Alemania -por el nazismo-, donde, según su visión, la elaboración cultural había sido más lenta.

Durante su carrera, Puenzo no sólo se destacó como realizador, sino también como productor y referente del entramado audiovisual. Participó en proyectos clave y tuvo un rol activo en el desarrollo del cine nacional. Sus cuatro hijos se vincularon al ámbito cinematográfico, entre ellos Lucía, autora de “Wakolda”.

Repercusiones

La noticia de su muerte generó expresiones de pesar en distintos sectores del ámbito cultural y de derechos humanos. La Asociación Argentina de Actores lo recordó como una figura fundamental del cine argentino, cuya obra dejó una huella profunda en la cultura nacional.

Desde Argentores también manifestaron su despedida con profundo pesar, mientras que las Abuelas de Plaza de Mayo lo definieron como un amigo y destacaron que “La historia oficial” permitió que mucha gente comprendiera lo aberrante del plan sistemático de apropiación de niños durante la dictadura.

Con su muerte, el cine argentino pierde a un director que supo combinar ambición artística, compromiso político y proyección internacional. Su obra, atravesada por la memoria, la historia y las tensiones de su tiempo, no solo abrió puertas en el exterior: también ayudó a construir una mirada crítica sobre el pasado reciente. Su legado permanece en películas que, décadas después, siguen interpelando el presente.

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