Día de San Expedito en Tucumán: ni la lluvia pudo frenar el fervor de los fieles

La jornada del patrono de las causas urgentes cerró con una lluvia que no impidió la movilización.

PATRONO. Con lluvia y amontonamiento, los tucumanos hicieron todo para tocar la figura de San Expedito. PATRONO. Con lluvia y amontonamiento, los tucumanos hicieron todo para tocar la figura de San Expedito.
Hace 4 Hs

La lluvia se empeñó en arruinar los planes nocturnos de San Expedito, pero no logró apagar la fe. Desde temprano, cientos de personas comenzaron a llegar a la parroquia con paraguas, pilotos y estampitas protegidas entre bolsas de plástico. Afuera, los parlantes dejaban escuchar las misas y los rezos hasta la vereda, mientras la fila de fieles avanzaba lentamente bajo el agua. La parroquia del Inmaculado Corazón de María destaca por su historia y devoción a San Expedito y permaneció abierta hasta pasadas las 22, y ni el mal tiempo ni las calles llenas de agua frenaron a quienes se acercaron a pedir, a agradecer o simplemente a renovar la esperanza.

La escena era elocuente: familias enteras, adultos mayores, jóvenes y niños soportaban la lluvia con paciencia. Algunos aguardaban en silencio, otros rezaban en voz baja. En medio del clima gris y húmedo, la devoción por San Expedito volvió a convocar a una multitud que encontró en la fe un refugio ante las urgencias de la vida cotidiana.

DESDE TEMPRANO. Los fieles rezando en Sagrado Corazón. DESDE TEMPRANO. Los fieles rezando en Sagrado Corazón.

El chaparrón sí llegó a complicar las misas centrales, obligó a reacomodar movimientos y aceleró el paso de los voluntarios dentro y fuera del templo. Sin embargo, la intensidad del temporal contrastaba con la firmeza de quienes llegaban decididos a cumplir con su promesa. Cada rostro traía consigo una necesidad urgente, una preocupación económica, un problema de salud o al menos un deseo de alivio.

Testimonios

Rosana Gálvez, de 55 años, esperaba su turno con la mirada cansada pero serena. Había ido a pedir trabajo para su marido, que desde hace meses solo consigue distintos trabajos, pero muy esporádicas.

“Vine a pedir por el trabajo de mi marido. Hace meses que hace changas y no alcanza. Tengo dos hijos chicos y cada vez se hace más difícil llenar la heladera. Le pido a San Expedito que aparezca una oportunidad estable y que podamos volver a vivir con un poco menos de angustia”, contó. Su testimonio reflejaba una preocupación compartida por muchos de los presentes: la dificultad de sostener el hogar en un contexto económico asfixiante.

ADENTRO. La iglesia con los fieles ya sentados. ADENTRO. La iglesia con los fieles ya sentados.

A pocos metros, Juan Carlos Martínez, de 35 años, llevaba una vela entre las manos. Su pedido estaba vinculado a la salud de su madre, que espera resultados médicos. “Yo le pido por mi mamá, que está enferma y esperando unos estudios. Uno trata de mantenerse fuerte, pero la incertidumbre pesa mucho. Vengo a pedir salud y que salga todo bien, porque cuando hay una urgencia en la familia parece que el mundo se detiene. Este es un santo muy milagroso”, dijo. En sus palabras se mezclaban el temor y la confianza, una combinación frecuente entre quienes buscan respuestas cuando la angustia se vuelve insoportable.

La fe también se expresaba como una plegaria colectiva. Karina Gambarte, de 41 años, llegó con un pedido que trascendía lo personal. “Mi pedido es por mis hijos y por la Argentina. Quiero que puedan estudiar, trabajar y tener un futuro acá. Uno ve que todo cuesta más, que hay gente que se va, que hay mucha tristeza. Le pido a San Expedito que nos dé fuerza y que el país encuentre un poco de paz y estabilidad”, afirmó. Su deseo resumía una sensación extendida: la necesidad de encontrar certezas en medio de la incertidumbre social y económica.

Problemas económicos

Entre la multitud también estaba Eduardo Valdez, que acudió con la necesidad urgente de resolver problemas económicos. “Vine a agradecer y también a pedir. Tengo deudas, estoy atrasado con el alquiler. San Expedito siempre fue el santo al que recurro cuando siento que ya no tengo salida. Le pido que me ayude a no bajar los brazos”, relató. Su oración sintetizaba el sentido profundo de la jornada: pedir ayuda cuando las fuerzas flaquean.

PARAGUAS Y EL REFUGIO. La iglesia del Sagrado Corazón, anoche. PARAGUAS Y EL REFUGIO. La iglesia del Sagrado Corazón, anoche.

La lluvia siguió cayendo, mojando veredas y empapando paraguas, pero la multitud no dejó de crecer. La fe avanzó entre charcos, abrigos húmedos y largas esperas. En cada paso, en cada vela encendida, en cada oración murmurada, se repetía la misma certeza: frente a las causas urgentes, la devoción puede más que cualquier tormenta.

San Expedito volvió a convocar a miles que llegaron buscando respuestas en medio de sus dificultades. Y aunque la lluvia empañó las misas centrales, no logró opacar la fuerza de una multitud que eligió creer, aun bajo el agua.

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