Cómo eran las travesías a los valles antes de 1943
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.

La travesía que llevaron a cabo en 1915 el baqueano Segundo Ríos Bravo y 40 personas para trasladar el menhir Ambrosetti desde El Mollar hasta el parque 9 de Julio duró un mes. Como se ve en la foto de Luis “Perillo” Posse, enviado por el gobernador Ernesto Padilla para documentar el viaje, tuvieron que atravesar varias veces el río Los Sosa, mover enormes piedras y cuidar que el megalito de 1.800 kilos no se rompiera. Lo llevaban en un “aipa” de cueros de oveja y madera con dos ruedas. Encima llovió casi en todo el viaje. “El cerro se ha enojado”, decían inquietos los porteadores.
El viaje a caballo en esos tiempos insumía unas 14 horas desde Acheral, por empinadas sendas y tras cruzar más de un centenar de veces el río. En la nota “Hacia Tafí, a caballo” (16/02/2002), Carlos Páez de la Torre (h) recoge el testimonio de la señora María Justina Navarro de Villalonga, quien cuenta que en los 30 iban a veranear en la casa de su abuelo en el valle. Salían a las 3 de Tucumán en tren hasta Acheral y desde allí partían, a las 7, a caballo y con mulas para llevar las cargas. Almorzaban en un paraje llamado “La Casita” y luego subían faldeando el Ñuñorco hasta La Angostura. Llegaban a las 5 de la tarde.
La penuria terminó en 1943. En la inauguración de la ruta el gobernador Miguel Critto exclamó: “El camino ha domesticado al cerro bravío”.








