¿Qué pasa con los animales de laboratorio cuando se termina la investigación?

Casi todos son sacrificados al finalizar la investigación y la recopilación de datos. Sin embargo otros, que son sometidos a estudios mínimamente invasivos, a veces tienen una segunda oportunidad de vida.

¿Qué pasa con los animales de laboratorio cuando se termina la investigación?
Hace 4 Hs

Históricamente, el destino de la mayoría de los animales utilizados en protocolos científicos era el sacrificio al finalizar el estudio. Sin embargo, un cambio de paradigma global está impulsando como un realojamiento. Según una estimación realizada por National Geographic, más de 100 millones de animales —la gran mayoría son ratones y ratas— se utilizan cada año para la investigación en Estados Unidos. 

La tendencia es que no sean considerados material de desecho, sino individuos con derecho a una vida doméstica. En países como Estados Unidos, ya existen leyes en 17 estados que obligan a las instituciones a agotar las instancias de adopción antes de la eutanasia.

El éxito de esta transición depende en gran medida de organizaciones especializadas que actúan como puente entre la ciencia y el hogar. Entidades como el Beagle Freedom Project opera a escala internacional rescatando no sólo perros, sino diversas especies en múltiples continentes. 

En una escala más específica, grupos como Save the Buns se enfocan en la rehabilitación de conejos, mientras que santuarios como el Kindness Ranch en Wyoming ofrecen refugio a animales de granja y grandes mamíferos. En Europa, organizaciones como Stichting Aap se especializan en la compleja jubilación de primates, asegurando que estos animales, con capacidades cognitivas superiores, encuentren un entorno enriquecido tras años de cautiverio clínico.

De qué depende la elección del animal a estudiar

Desde una perspectiva técnica, elegir las especies para investigación no es azarosa, sino que responde a una necesidad de precisión biológica. Los roedores (ratas y ratones) representan cerca del 95% de los modelos debido a que comparten más del 98% de su genoma con el ser humano y permiten estudios genéticos a gran escala.

En otras áreas, el pez cebra es indispensable para la embriología por su transparencia, mientras que los perros Beagle son preferidos por su docilidad y un sistema cardiovascular que mimetiza el humano. Finalmente, los primates se reservan para investigaciones de alta complejidad neurológica e inmunológica, dada nuestra cercanía evolutiva. Comprender por qué se utilizan y cómo pueden ser rehabilitados es el primer paso hacia una ciencia más ética y compasiva.

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