La rivalidad entre Washington y Pekín empaña el clima pre-electoral en Brasil

Flavio Bolsonaro, candidato de la derecha, invitó a Estados Unidos a interesarse en los comicios de octubre, cuando competirá contra Lula.

CONFERENCIA. “El mundo libre entero debe observar nuestras elecciones”, afirmó en Texas el hijo de Bolsonaro. CONFERENCIA. “El mundo libre entero debe observar nuestras elecciones”, afirmó en Texas el hijo de Bolsonaro.
Hace 6 Hs

RÍO DE JANEIRO, Brasil.- El 2026 es un año crucial para Brasil. Las elecciones presidenciales serán en octubre, con un mandatario progresista de 80 años buscando la reelección, un ex presidente de derecha preso, que impulsa a su hijo como su delfín y una región convulsa ante las amenazas de Donald Trump.

En ese contexto, las dos principales fuerzas políticas de la principal economía sudamericana repuntan sus esfuerzos por estar en el poder, pero no pueden sustraerse a la disputa de las grandes potencias mundiales.

Unas elecciones polarizadas, con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el aspirante de extrema derecha (e hijo de un ex presidente) Flávio Bolsonaro como protagonistas, es lo que espera a Brasil en los próximos meses. Pero, más allá de la disputa interna, estos comicios plantean otro frente: la rivalidad entre Estados Unidos y China.

De fondo hay temas económicos, como las tierras raras brasileñas, codiciadas por Washington y Beijing, y geopolíticos, como decidir entre el equilibrio de Lula con ambas potencias o la alineación con Washington de Bolsonaro, apunta un análisis de Valeria Saccone, para la agencia France24.

Aunque Lula sigue al frente en las encuestas, particularmente entre los electores de centro, para la primera vuelta, su ventaja se ha ido reduciendo sobre Flávio Bolsonaro y algunos sondeos apuntan a un empate técnico en la segunda ronda.

La semana pasada, el mandatario brasileño lanzó un mensaje de continuidad al anunciar que repetirá fórmula con su actual vicepresidente, Geraldo Alckmin, un político que en el pasado fue su rival y a quien en el último año ha alabado públicamente en más de una ocasión por el resultado de las negociaciones con Estados Unidos, que llevaron a la retirada de los aranceles.

El senador Flávio Bolsonaro, primogénito de Jair Bolsonaro -el ex presidente condenado a 27 años y tres meses por su intento de golpe de Estado-, ha llevado el debate al terreno exterior.

Recientemente, el precandidato de la extrema derecha, que ha ido remontando en los sondeos, llevó la campaña al corazón del conservadurismo estadounidense en plena antesala electoral.

En la Conferencia de Acción Política Conservadora, en Texas, pidió presión internacional sobre las elecciones brasileñas de octubre, y enmarcó el futuro del país suramericano en una disputa geopolítica mayor: la pugna entre Estados Unidos y China por los minerales estratégicos.

“El mundo libre entero debe observar nuestras elecciones”, afirmó Flávio Bolsonaro. “En lugar de que la Administración de (el ex presidente estadounidense Joe) Biden interfiera en nuestras elecciones para instalar a un socialista que odia a Estados Unidos, ejercer presión diplomática para lograr elecciones libres y justas basadas en los valores de origen americano sería un buen cambio de política exterior para la región, ¿no creen?”, agregó.

Pero fue otra frase la que encendió el debate en Brasil. En su intervención, el senador presentó al país como pieza clave para la seguridad estratégica de Washington: “Brasil es la solución de Estados Unidos para quebrar la dependencia de China en minerales críticos, especialmente las tierras raras”, destacó.

Tierras raras

Las llamadas tierras raras -17 elementos esenciales para la fabricación de tecnología avanzada, desde baterías hasta sistemas de defensa- están en el centro de la nueva carrera global por la autonomía industrial.

China domina buena parte de su producción y refinado, concretamente el 70% de la producción mundial y entre el 85% y el 90% de la capacidad global de refinación y procesamiento. Y Estados Unidos está en busca de alternativas al monopolio chino. En ese tablero, Brasil aparece como un gigante en potencia, ya que posee la segunda mayor reserva mundial de estos minerales.

La oposición brasileña interpretó las palabras de Bolsonaro como una invitación a Washington a intervenir en las elecciones y una entrega de soberanía.

La ministra de Relaciones Institucionales, Gleisi Hoffmann, acusó a la familia Bolsonaro de actuar contra de los intereses de Brasil en el extranjero y de hacer gala de sumisión extrema con el presidente Donald Trump.

El diputado Rui Falcão criticó duramente a Bolsonaro: “Es muy grave que un precandidato a la Presidencia de la República viaje a Estados Unidos y se comprometa a entregar los recursos de tierras raras de Brasil”.

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