San Martín tiene en Córdoba una chance ideal para reencontrarse con su mejor versión

El equipo de Yllana llega al duelo contra Estudiantes de Río Cuarto con una deuda clara: encontrar circulación, juntar líneas y evitar errores que ya le costaron caro.

DISPUTA. Kevin López protege la pelota ante la marca, en medio de un partido que volvió a jugarse más al roce que al ritmo. DISPUTA. Kevin López protege la pelota ante la marca, en medio de un partido que volvió a jugarse más al roce que al ritmo. Foto de Diego Araoz/LA GACETA.

Resumen de nota

  • San Martín de Tucumán enfrenta a Estudiantes de Río Cuarto por Copa Argentina en Córdoba. El equipo busca avanzar de fase y mejorar su funcionamiento tras el empate ante Chacarita.
  • El equipo de Yllana llega con poco descanso y dificultades en la generación de juego. La falta de fluidez y los errores defensivos recientes obligan a ajustar el sistema táctico.
  • Este cruce de eliminación directa medirá la madurez del plantel para afrontar la doble competencia. El resultado definirá el ánimo y la rotación física para el próximo duelo liguero.
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Córdoba aparece en este momento como una prueba de contexto y de carácter. San Martín viajará a “La Docta”, casi sin tiempo para procesar la bronca que dejó el empate contra Chacarita, y se meterá de lleno en un cruce de eliminación directa. No hay descanso, no hay margen amplio de trabajo y tampoco demasiado espacio para detenerse en lamentos. En ese escenario, el equipo de Andrés Yllana debe afrontar el partido contra Estudiantes de Río Cuarto por los 32avos de la Copa Argentina, con la misma responsabilidad. No sólo porque un mata-mata siempre tiene un peso especial, sino porque también funcionará como una medida para evaluar cuánto puede crecer en poco tiempo.

El “Santo” viene mostrando compromiso, intensidad y momentos de orden, pero todavía no consigue transformar esas virtudes en un dominio sostenido del juego. Compite, aunque muchas veces más desde el esfuerzo que desde la claridad. Ese es, hoy por hoy, su principal límite. La intención está clara: ser protagonista, presionar alto, recuperar rápido y atacar con agresividad. El problema aparece cuando debe asumir el control desde la pelota.

“En todo esto tampoco estoy conforme con el juego. No logramos jugar como queremos”. La frase de Yllana describe bastante bien el presente: existe una idea, pero no una ejecución constante. Y cuando el rival corta circuitos, achica espacios o lleva el partido a la fricción, el funcionamiento se resiente demasiado.

Eso fue lo que pasó frente al “Funebrero”. El trámite se hizo trabado, con muchas interrupciones, poco tiempo real de juego y escasa circulación.

“Nos costó encontrar la circulación de la pelota; fue mucha disputa, mucho roce”, explicó el DT. Ahí quedó expuesta una de las fallas más evidentes: cuando no puede mover la pelota con limpieza, San Martín se parte, abusa de los pelotazos, se apura y termina aceptando un desarrollo que le conviene mucho más al rival que a sí mismo.

Por eso el medio campo vuelve a ser el centro del análisis. Kevin López es uno de los pocos futbolistas capaces de romper líneas y darle otro ritmo al equipo, pero si lo siguen de cerca o le quitan libertad, el circuito ofensivo se resiente demasiado.

“Cada vez que iba a buscar la pelota, incluso cerca de los centrales, tenía un jugador muy cerca”, dijo Yllana sobre el ex Atlético. El problema no fue solamente que lo controlaran a él, sino que no apareció otra vía estable para generar juego.

Laureano Rodríguez ofrece equilibrio, recuperación y una salida inicial más limpia, pero no siempre logra convertirse en el nexo que ordene. Nicolás Castro, mientras tanto, todavía no consigue asumir con continuidad el papel de conductor.

Ahí aparece una mejora urgente: el equipo necesita más participación de sus volantes interiores y mayor cercanía entre líneas. Si no logra juntar pases en la mitad, queda condenado a acelerar antes de tiempo o a abrir hacia los costados sin haber movido previamente al rival. Justamente, cuando eso ocurre, la amplitud deja de ser una herramienta pensada y se convierte en un recurso forzado. No alcanza con tirar el equipo hacia afuera; primero necesita construir mejor por dentro.

Señales positivas

En ataque, sin embargo, hay algunas señales positivas. Diego Diellos empieza a consolidarse como una referencia confiable en el área. Más allá del gol, lo suyo vuelve a destacar por intuición, ubicación y lectura de las jugadas. También Alan Cisnero puede darle un matiz distinto cuando recibe abierto y ataca espacios.

El problema es que esas respuestas todavía aparecen como chispazos individuales y no como parte de un mecanismo aceitado. Para un partido de eliminación directa eso puede resolver una jugada; para sostener un mejor funcionamiento, todavía resulta insuficiente.

Lo que debe mejorar

También preocupa lo que ocurre atrás. No da la sensación de ser un equipo frágil durante todo el partido, pero sí uno que sigue pagando demasiado caras ciertas desconcentraciones. Un rebote, una segunda pelota, una marca que se pierde o una jugada mal resuelta alcanza para tirar abajo lo que se venía haciendo bien.

Calendario apretado

A todo eso se suma la cuestión física y la gestión de cargas. El encuentro contra el “León del Imperio” llega en una semana apretada, con viaje, poco descanso y la necesidad de volver a jugar el domingo contra Güemes.

Ahí Yllana tendrá que resolver una disyuntiva importante: si rota para administrar energías o si sostiene una base para seguir construyendo funcionamiento. Ninguna de las dos decisiones parece simple. Meter demasiada mano podría resentir automatismos; tocar poco, en cambio, podría repetir problemas que el equipo todavía no logra corregir. Tal vez la salida esté en un punto intermedio: refrescar algunas piezas sin desarmar del todo una estructura que sigue buscando afirmarse.

Lo que pone en juego entonces San Martín no es solamente una clasificación. También se juega la posibilidad de mostrar evolución en un contexto adverso, con poco tiempo de trabajo y en plena marcha del torneo. Necesita más claridad para circular, más peso de sus volantes en la elaboración y más concentración para no regalar detalles. Porque la entrega está, el compromiso también, pero a esta altura eso ya no alcanza por sí solo. Córdoba, en definitiva, asoma como una prueba concreta de madurez.

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