Hace 8 Hs

Manuel Adorni debería entender algo básico: no todo se puede justificar desde el poder. Cuando un funcionario queda envuelto en cuestionamientos serios, el problema ya no es solo judicial, es político y moral. Y ahí no hay margen para especular. Aferrarse al cargo en medio de dudas no es fortaleza: es oportunismo. La política argentina lleva años degradando sus propios estándares. Funcionarios que se sostienen pese a todo, gobiernos que miran para otro lado y una sociedad que, cada vez más, desconfía de todos. Dar un paso al costado no es admitir culpa. Es mostrar respeto. Pero cuando ni siquiera eso ocurre, queda claro que el problema no es un caso aislado: es una forma de ejercer el poder. Y así, una vez más, la ética queda relegada. Como si fuera opcional..

Williams Rodrigo Fanlo Llanos                              

willyucr@gmail.com

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