
En el municipio de Yerba Buena se vienen registrando situaciones que ameritan una reflexión responsable por parte de la ciudadanía. Por un lado, se ha observado la utilización de drones para filmar actos oficiales, cuyas imágenes luego son difundidas por legisladores que no ejercen funciones dentro del ámbito municipal. Por otro, los presupuestos anuales aprobados han evidenciado desfasajes significativos respecto de las previsiones originales, lo que plantea interrogantes sobre su planificación y ejecución. Asimismo, resulta llamativa la aprobación de un nuevo Código de Edificación tras meses de trabajo en comisión, al que -según trascendió- se incorporaron modificaciones de último momento que no habrían sido analizadas integralmente por la totalidad del cuerpo deliberativo. El nuevo Código de Ordenamiento Urbano menciona la protección del concepto de “Ciudad Jardín”. Sin embargo, surgen interrogantes legítimos: ¿se realizaron estudios de impacto ambiental? ¿Se evaluaron formalmente las factibilidades de servicios esenciales como agua, energía eléctrica y gas? Yerba Buena necesitaba sin dudas una actualización normativa que promoviera un crecimiento ordenado, sustentable y respaldado por criterios técnicos. No obstante, la realidad urbana actual -particularmente en sectores históricos como Villa Marcos Paz- evidencia transformaciones que parecen alejarse de los principios de preservación que oportunamente se manifestaron como objetivos. En este contexto, cobra relevancia el rol del Departamento Ejecutivo municipal en la conducción del desarrollo urbano, garantizando que cada decisión responda al interés general y al cumplimiento de las normas vigentes. Los vecinos aún conservamos la expectativa de que el crecimiento de Yerba Buena se consolide sobre bases de planificación responsable, transparencia y respeto por su identidad.
José Palacios
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