Cartas de lectores: La política aplastada por el propio peso de su chatura

Hace 3 Hs

Un ministro, un diputado, un militante, miles de personas viendo sus vidas colapsadas por una inundación que -de tanto en tanto- vuelve por sus calles y entra a sus viviendas; un cobarde y traicionero cabezazo… Violencia, sangre, diputado caído, agresor protegido por policías, intendente que sube la apuesta y promete muerte al agresor; un Presidente pidiendo ir a fondo ante la violencia física difundida por las redes, sin mirar su propia violencia verbal; gestual y política, ante cada medida que toma en la gestión del Estado (una peligrosa e innecesaria sobreactuación anglosionista; permitir palos y gases a jubilados, a infancias, a periodistas o lo que se cruce delante de su proyecto de arrasar con la Argentina Industrializada y de clase media; etc.), condimentada con noctámbulos reposteos de sujetos más violentos aún. Si bien tengo muy en claro lo sucedido en La Madrid con la agresión sufrida por el diputado Pelli, le pregunté a la IA: ¿qué lleva a un militante rentado, a usar la violencia física contra un opositor? La respuesta fue la siguiente: “Un militante rentado puede recurrir a la violencia física contra un opositor, para defender su fuente de ingresos, estatus o poder, percibiendo la disidencia como una amenaza directa. Esta acción busca silenciar al disidente, reafirmar autoridad mediante la coacción y asegurar la lealtad grupal ante la pérdida de legitimidad”. Interesante respuesta, ¿no le parece? Porque cuando la Política se convierte en un medio de vida (rentado), la violencia se utiliza para mantener el statu quo y también para intimidar; silenciar o retirar de la escena pública a opositores, sustituyendo la falta de argumentos o legitimidad. Desde la Teoría de la elección racional, la violencia ocurre cuando el militante percibe que los beneficios de agredir (mantener el puesto, estatus), superan los costos. La militancia del campo nacional y popular, sobre todo luego de Néstor y Cristina y la revalorización de la gloriosa militancia de las décadas de 1960 y 1970, cuyos sobrevivientes de las genocidas dictaduras se convirtieron en docentes de la nueva militancia (rescato en Tucumán, por ejemplo, al profesor Daniel Yépez, solo por mencionar uno), demostró estar preparada para ser oposición con Cultura y Arte; con ideología y formación política; con historia y filosofía; con memoria y verdad, a pesar de que se nos siga negando la Justicia. Lo demostramos durante el Gobierno de Macri y lo estamos ratificando con el de Milei. En consecuencia, no necesitamos que los cavernícolas de la política nos salpiquen y ensucien, porque nos sabemos diferentes, aunque los conservadores y antiperonistas y antigobiernos nacionales y populares todo lo reducen a la remanida frase: “son todos peronistas, todos iguales”. Sinceramente, no lo somos. Nunca lo fuimos y tampoco lo seremos. Porque tenemos la valentía de decir lo que pensamos y de reconocer nuestros errores cuando nos equivocamos. Eso sí: de lo que nunca podrán acusarnos, es de ser cómplices de ninguna expresión de violencia en esta Democracia que supimos conseguir y que seguimos construyendo.

Javier Ernesto Guardia Bosñak                                               

Javierucr1970@gmail.com

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