Atardecer en la Laguna Azul, Islandia, uno de los baños comunitarios más famosos. (Imagen: @attractivespic vía X)

Reservado para algún momento específico o en el instante en que el tiempo alcanza, el baño es una de las actividades más íntimas del día. La higiene personal se limita en muchos lugares del mundo a un cubículo de apenas unos metros cuadrados donde a veces se canta o se reflexiona sobre la jornada. Pero en Islandia se trata de una experiencia colectiva que incluso se ganó un lugar en las listas de los galardonados por la Unesco.
En la isla, el aseo no queda reducido a la limpieza. Es un evento, una ocasión de reunión y un proceso curativo. Allí donde los paisajes parecen obra de los “prompts” y de una imaginación alocada del algoritmo, se encuentra la cordillera de Kerlingarfjöll, un macizo volcánico de 1477 metros de altura situado en las Tierras Altas de Islandia, donde en la base se forma un valle del que ascienden columnas de vapor que escapan de las fumarolas.
Las alucinantes piscinas termales de la cordillera islandesa
A menor altitud se encuentra, por si no era suficiente, otro espectáculo visual alucinante: aguas termales burbujeantes, vapor embravecido y charcos de barro, toda una conjunción de atracciones que forman parte de las piletas al aire libre de Kerlingarfjöll y de una costumbre notoria a nivel mundial. La cultura de la piscina, que implica el uso generalizado de estos estanques exteriores climatizados en sociedad, fue declarada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) un patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
Pero estos complejos termales no solo se encuentran en Kerlingarfjöll, uno de los lugares destacados por las crónicas de National Geographic. La nación cuenta con una densa red de instalaciones acuáticas públicas: hay alrededor de 120 infraestructuras repartidas por todo el territorio. En casi todas las ciudades grandes y pequeñas del país hay un "sundlaug" al que los islandeses acuden a diario. Además de las grandes piscinas, suelen contar con baños fríos, saunas y jacuzzis. Y lo que es aún mejor: la mayoría de los baños se calientan con energía geotérmica, están al aire libre y abren todo el año.
Bañarse en comunidad, una costumbre reconocida por la Unesco
“Islandia depende de la actividad geotérmica en todos los sentidos”, explica el guía turístico Boris Baniar en un artículo de NatGeo. Esto lleva a la comunidad a quitarse los abrigos y sumergirse en las fosas climatizadas mientras las temperaturas del ambiente apenas ascienden de los 0°. La estrecha conexión con la naturaleza y los recursos sostenibles, y la importancia del bienestar, la salud mental y las relaciones sociales son los valores fundamentales en Islandia.
Esta cultura fomenta la salud integral física, mental y social de todos y contribuye a que, a pesar de los largos y oscuros inviernos, los habitantes de este país se consideren, según las encuestas, uno de los pueblos más felices del mundo. “Incluso al bañarse desnudos, los islandeses abrazan la tradición de estar juntos en la naturaleza”, explican en el medio mencionado. El baño sirve como aglutinante social. La UNESCO reconoce expresamente la importancia de las piscinas como lugares públicos en Islandia en los que personas de todas las edades y procedencias se reúnen no solo para nadar, sino también para convivir e intercambiar ideas.
En traje de baño, personas de todos los ámbitos sociales se reúnen en pie de igualdad. Como parte integrante de la comunidad, las piletas son un lugar de encuentro diario en el que se puede charlar con el alcalde (o, como en la capital, Reikiavik, con la alcaldesa) igual que con el panadero o el banquero.








