EN ESCENA. La obra busca “iluminar” a la mujer detrás del mármol.

La figura de Lola Mora regresa a escena con la reposición de “Lola Mora: además está lo del oro”, una obra que vuelve a poner en foco la intensidad creadora, las contradicciones y el tramo final de la vida de una de las artistas más audaces y discutidas de la historia argentina. Lejos de un retrato solemne o meramente biográfico, la propuesta teatral asume el riesgo de explorar las zonas más íntimas de la escultora: su fuerza visionaria, su fragilidad y la persistencia de su deseo artístico incluso en el deterioro.
La puesta no narra de manera lineal. Por el contrario, se construye como un entramado de recuerdos que se iluminan por momentos, como destellos en la oscuridad. “Esta obra nos encuentra con la memoria. Una memoria que no se presenta de forma lineal ni cerrada, sino que se ilumina por momentos. Brilla algo en la oscuridad”, explica la co-directora Daniela Flores Blasco. En escena, los objetos —cartas, ropas, escritos, bocetos— emergen y se desvanecen como lo hacen los recuerdos, revelando distintas facetas de la artista. Cada aparición abre la posibilidad de una nueva Lola, múltiple y cambiante.
La pregunta por el legado atraviesa todo el montaje. “¿Qué se quema y qué se guarda?”, plantea la actriz Emilia Guerra, sintetizando el núcleo conceptual de la obra. Abrir un baúl de cosas viejas se convierte aquí en un gesto poético y político: rescatar lo que el tiempo intenta borrar y revisar qué permanece después de la muerte. ¿Quién recuerda a los artistas? ¿Qué parte de su obra y de su vida logra sobrevivir?
Para el director Nicolás Aráoz, el trabajo junto a las actrices buscó reflejar “la mirada de la enorme Lola Mora, una mujer pionera en la escultura y también una visionaria, una buscadora de oro: el oro de lo absoluto, de aquello que no se degrada”. Esa metáfora del oro -no como metal sino como esencia- articula la dramaturgia: la búsqueda de algo imperecedero frente a la fragilidad del cuerpo y al paso del tiempo.
La actriz Susana Santos, encargada de encarnar a Mora en su vejez, asume un desafío interpretativo de gran intensidad. “Es un cliché decir ante un personaje que es un desafío. Pero en este caso fue un reto personal interpretar a Lola Mora, tan inmensa artista, tan grandiosa mujer”, sostiene. Su composición presenta a una Lola anciana, atravesada por recuerdos, delirios y fantasías artísticas, con proyectos inacabados que aún laten. “Oscila entre lo poético y la emoción, apostando siempre”, agrega, subrayando la tensión permanente entre grandeza y vulnerabilidad.
Tiempos poéticos
La teatralidad, marcada por tiempos poéticos y una fuerte impronta visual, es otro de los ejes del espectáculo. “La mirada profunda de los directores da lugar a una teatralidad construida con tiempos poéticos e imágenes que reflejan la interioridad de los personajes”, señala la actriz Francisca Valero. Los cuerpos en escena no solo interpretan: también danzan, evocan, encarnan recuerdos posibles, fragmentados, íntimos y colectivos.
DIÁLOGOS. El elenco interpela al espectador sobre el legado de la artista.
En esta reposición, “Lola Mora: además está lo del oro” reafirma su apuesta estética y conceptual: iluminar a la escultora desde una perspectiva contemporánea, evitando la estatua fría para devolverle carne, contradicción y deseo. La obra propone así un encuentro sensible con una figura que desafió convenciones y pagó costos por su audacia, pero que nunca dejó de buscar ese oro simbólico que no se degrada.
Más que un homenaje, la pieza es una pregunta abierta sobre la memoria, el arte y la persistencia. Y en ese cruce entre fuerza creativa y deterioro físico, la escena vuelve a encender la llama de una artista que se resiste a ser olvidada.








