Tejer: Mercedes Bru lleva adelante en Tafí del Valle el legado heredado de su madre

Entre la tradición y la búsqueda propia.

MERCEDES BRU. La identidad del proyecto se apoya en la fusión. MERCEDES BRU. La identidad del proyecto se apoya en la fusión. LA GACETA / FOTO DE OSVALDO RIPOLL
Hace 2 Hs

Desde hace 16 años, Tafí del Valle no es para Mercedes Bru un destino turístico ni una postal de fin de semana. Es su casa. Nacida en San Miguel de Tucumán, su vínculo con el valle comenzó mucho antes de mudarse definitivamente. “Nosotros teníamos casa acá de fin de semana, entonces siempre veníamos y me enamoré del lugar”, recordó. Sus abuelos, sus padres y sus hermanos compartían esa rutina de escapadas familiares que terminaron convirtiéndose en proyecto de vida.

La decisión de instalarse de manera permanente coincidió con una etapa bisagra. “Hace 16 años que vivo acá, encontré mi lugar en el mundo. Pese a que conozco mucho, el valle nunca deja de sorprenderme”, precisó. Fue en ese período más prolongado en Tafí cuando conoció a quien hoy es su marido, también tucumano de origen pero ya radicado en el valle. Allí formaron su familia y crecieron sus hijas, Sofía y Lucía, en un entorno donde la cultura y el paisaje no son accesorios, sino parte constitutiva de la identidad cotidiana.

El tejido, sin embargo, tiene raíces más profundas que la mudanza. “Es como una larga historia porque viene de la generación de mi mamá”, explicó. Su madre se formó en una escuela donde aprendió técnicas textiles que luego perfeccionó con práctica y oficio. “Ella desde muy joven se pagaba todas sus cosas con el tejido”, contó. No fue una actividad complementaria: fue sustento, vocación y disciplina. Incluso trabajó para boutiques de alta costura en Buenos Aires, a donde también viajaba para comprar materiales y dejar sus prendas.

El punto de inflexión para Mercedes llegó durante la pandemia. Sus padres decidieron radicarse también en Tafí y surgió una necesidad concreta: encontrar un espacio propio para exhibir las creaciones. “No había un lugar donde exponer todas las artesanías que hacía ella. Entonces decidimos abrir este local”, relató. La alternativa de integrarse a una feria tradicional no las convencía. “No nos sentíamos identificadas en una feria artesanal en la plaza”, sostuvo. La edad de su madre, hoy 80 años y todavía tejiendo, y el perfil diferencial de las prendas exigían otro formato.

La identidad del proyecto se apoya en la fusión. “Nuestros tejidos involucran tanto las fibras naturales de oveja y de llama como también las industriales, y combinamos esas dos cosas”, explicó. La mezcla no es solo material, también estética: lo rústico y clásico dialoga con el brillo y recursos de alta costura. El resultado busca ser “original, auténtico y único”, según definió.

Indumentaria femenina

Si bien realizan encargos diversos, la indumentaria femenina ocupa el centro de la escena. “La mayoría somos mujeres en mi casa y nos inspiramos en nosotras”, afirmó. Observa que las clientes suelen llegar con desafíos concretos, con la intención de crear piezas que no se repitan. Allí mismo aparece la instancia de diálogo y diseño personalizado, donde cada prenda se construye a partir del deseo individual.

Para Bru, la creatividad no es un destello azaroso. “Creo que la creatividad no es algo que te llega por la nada misma, sino que hay que buscar. Es un trabajo”, reflexionó. El proceso implica prueba y error, ensayo de texturas, combinación de fibras. A veces el resultado supera lo imaginado; otras veces obliga a replantear. Esa dinámica, más cercana al laboratorio que a la inspiración romántica, define su método.

En el trato con quienes llegan al local, propone un ejercicio previo. “Yo aconsejaría primero autoevaluarse y autoconocerse a uno mismo”, señaló. Considera que, en tiempos dominados por tendencias masivas, elegir desde el gusto personal es un acto de honestidad. “Saber cuáles son tus gustos sin caer en lo que todo el mundo lleva puesto”, planteó, para luego diseñar “una prenda auténtica hecha con mucho amor”.

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