Fiesta del Queso: de un paraje rural a compartir escenario con el “Chaqueño” Palavecino

La historia del “Flecha” Mamaní, bombista de una de las estrellas de la Fiesta del Queso en Tafí es digna de escuchar y contar.

SUEÑO CUMPLIDO. “Flecha” Mamaní tocando el bombo junto al “Chaqueño”, el sábado por la noche en Tafí. SUEÑO CUMPLIDO. “Flecha” Mamaní tocando el bombo junto al “Chaqueño”, el sábado por la noche en Tafí. LA GACETA / FOTOS DE OSVALDO RIPOLL
Hace 2 Hs

Bajó del escenario empapado de transpiración y barro, pero con el pulso firme. Del otro lado de las rejas, una mujer lo abrazó y lloró. “Yo vengo a verlo a usted”, le dijo, entre sollozos. Esa escena en un 9 de Julio en Tucumán sintetiza lo que Arnaldo Andrés Mamaní, “Flecha” para el ambiente artístico, construyó golpe a golpe: respeto, emoción y pertenencia. Hoy es el bombista principal de Oscar Esperanza “Chaqueño” Palavecino, pero su historia empezó lejos de los grandes escenarios.

Nació en Guachipas, al sur de Salta, en el paraje Coropampa. Hijo de Rosalía Álvarez y Andrés Mamaní, creció en un entorno rural donde la música no era una salida obvia. El folklore empezó a filtrarse casi por casualidad. “En la secundaria yo escuchaba otra música, pero un compañero nos hacía estudiar matemática con folklore de fondo. Ahí escuché a Los Guaraníes, a Los Chalchaleros, a Cafrune. Y algo me quedó”, recordó.

El bombo apareció de manera abrupta. En un acto escolar por el Día de la Tradición faltaba quien acompañara a un dúo. “Era miércoles. Me ofrecí sin saber tocar nada. Era eso, bailar o recitar un poema. Practiqué miércoles, jueves y el viernes ya estaba arriba del escenario”, contó. Lo básico, apenas lo indispensable. Pero nunca más lo soltó.

El primer instrumento llegó gracias a su abuelo, un hombre de campo que creyó en él cuando su padre dudaba. “Mi abuelo me regaló el primer bombo. Mi papá creía que yo no debía seguir ese camino, pero yo estaba convencido de lo que estaba haciendo”, relató. El segundo lo ganó en el programa “Salta es una Canción”, conducido por Óscar Humacata. Allí fue elegido como el mejor bombista de Salta por el legendario Domingo Cura, quien le entregó un bombo de Mario Paz. Ese reconocimiento no fue solo un premio: fue una puerta.

La conexión con Humacata lo llevó, en 2012, a recibir el llamado que cambiaría su carrera. Pascual Toledo, histórico bombista del Chaqueño, atravesaba un problema de salud. “Óscar me dijo: ‘Te va a llamar gente del Chaqueño, estate atento’, y así fue”, recordó. El jueves ensayó y el viernes ya estaba tocando en Chile. No en una peña menor, sino fuera del país. El fin de semana incluyó Mendoza y Santiago del Estero. Iba por unos días; terminó quedándose años.

Primero fue suplente. Luego, tras la pandemia y la jubilación de Pascual, se convirtió en bombista oficial. “ ¿El mejor momento de mi carrera? Tocar con el Chaqueño para mí siempre es el mejor momento”, afirmó. Lo dice sin titubeos.

UN SOLO DE TAMBOR. Mamaní se destacó en la lluviosa noche de Tafí, durante la Fiesta del Queso. UN SOLO DE TAMBOR. Mamaní se destacó en la lluviosa noche de Tafí, durante la Fiesta del Queso.

En ese recorrido compartió escenario con figuras como Axel, Abel Pintos, Soledad Pastorutti y Luciano Pereyra. Fue parte de una noche histórica en la que el Chaqueño logró que Jorge Rojas y Rubén Ehizaguirre volvieran a unir sus voces. También acompañó a Dalmiro Cuéllar, compartió grupo con Juan Fuentes, previo a sus tiempos en Los Huayra, y a Federico “Feche” Maldonado, antes de su proyección nacional. Cada experiencia sumó oficio, pero no le quitó hambre.

Mucho sacrificio

Antes de ese presente consolidado, hubo sacrificio. Mucho. En 2010 llegó a Cosquín con el grupo Cantares. No había hoteles ni comodidades. Vendían discos en la Plaza San Martín y tocaban en peñas callejeras. “Poníamos el estuche del violín en una banqueta y arrancábamos. Que la gente nos deje pesitos y se lleve nuestro CD a cambio. Así pasábamos siete o nueve noches”, relató. Dormían en carpas; si llovía, se mojaban los instrumentos o no tenían ropa seca para poder actuar. A veces había para almorzar pero no para cenar. “En las peñas de Cosquín a los artistas emergentes no les dan ni agua, saben que si te vas vienen 100 más como vos. Te tratan como si fueras descartable”, se sinceró.

Una noche, después de tocar, dos mujeres mayores le pidieron leerle la mano. “No creía en eso, pero me dijeron: ‘Vos vas a ser un músico muy exitoso’”, recordó. No les dio mayor importancia. Dio una vuelta y al regresar ya no estaban. Minutos después, un amigo bandoneonista lo convocó para acompañar a Raúl Palma en la Peña de los Carabajal. Al músico le gustó tanto la manera de tocar, que invitó a “Flecha” para que lo acompañara en su presentación en el festival de Cosquín. Al día siguiente tocó en la Plaza Próspero Molina, ante un predio colmado que esperaba el debut solista de Jorge Rojas. “Fue un paso muy importante, pero mis piernas temblaban como nunca. Desde ahí no paré de tocar en la plaza”, afirmó.

Esa concatenación de hechos marcó un quiebre. De la banqueta callejera al escenario mayor. De los diez minutos con la delegación salteña a horarios televisivos junto al Chaqueño. “No dejen de luchar porque no es fácil llegar”, suele decir.

Tucumán ocupa un lugar especial en su mapa emocional. Además del abrazo en aquella carpa, recuerda a un hombre mayor en Amaicha que lo buscó porque su difunto hermano era fanático suyo. No supo cómo agradecer sus palabras y, a modo de tributo, le regaló el pañuelo que llevaba puesto. “Es un gesto mínimo, pero muy emotivo. Ese pañuelo me trajo paz en mi alma, espero le haya dado lo mismo a ese hombre”, expresó. Para él, el público tucumano tiene algo distinto. “Canta todas las canciones, las vive. Cada show en cualquier festival de la provincia es como entrar en una caldera”, describió.

Su filosofía es clara: el artista debe respeto absoluto. “La gente es la que te pone arriba del escenario. Se moja, paga la entrada, espera horas. Lo mínimo es dar el 100%”, sostuvo. Esa convicción explica por qué cada golpe al parche suena cargado de intención.

Nunca incursionó en otros géneros. El folklore es su territorio natural. Define su carrera con una palabra: “pasión”. Y entiende al bombo como algo más que un instrumento. Es raíz, identidad, pulso colectivo. “Que nunca se pierda esa esencia como bombista”, pidió. Sueña con dejar un legado para las nuevas generaciones, para que el bombo no quede reducido a un accesorio dentro de un set de percusión.

Desde Coropampa hasta los grandes festivales, el recorrido del “Flecha” Mamani no fue lineal ni sencillo. Hubo carpas mojadas, manos leídas al azar, llamados inesperados y abrazos que justifican todo. Hoy, cuando suena “Juan de la Calle” y el público fija la mirada en él, cada golpe parece resumir esa travesía: perseverancia, respeto y amor por un instrumento que, en sus manos, late como el corazón mismo del folklore argentino.

Un cierre de lujo: el punto final para la Fiesta del Queso en Tafí del Valle

Lázaro Caballero, Sergio Galleguillo y Los Herreras cerraron la grilla de la Fiesta del Queso anoche en Tafí del Valle. El día, anterior, el sábado, la grilla se vio afectada por la intensa lluvia que cayó en Tafí y en otras partes de la provincia. El “Chaqueño”, estrella principal de la jornada, terminó subiendo a la madrugada, aunque él igualmente eral indicado para cerrar el sábado. Ya durante el domingo, la lluvia cedió y no hubo que lamentar retrasos o reprrogramaciones. De todas maneras, con o sin lluvia, el público asistió en un gran número al festival y disfrutó de sus artistas favoritos una vez más.

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