El miedo al silencio: cuando interrumpir es un mecanismo de defensa contra la incomodidad social

Hay quienes tienen una tendencia a hablar antes que otra persona finalice su discurso. Es una conducta que suele tener raíces psicológicas o neurológicas profundas.

SIN QUERER. Una interrupción suele malentenderse. SIN QUERER. Una interrupción suele malentenderse.
Hace 2 Hs

En psicología se analiza no solo el "qué" hacen, sino el "por qué" lo hacen. Un abordaje científico ideal para desglosar porqué alguien interrumpe una charla. No siempre es una patología y los psicólogos se inclinan por la importancia de construir una escucha activa: esperar, validar y permitir que el otro complete su idea antes de intervenir. 

Interrumpir a alguien en plena conversación suele generar tensión. Para muchos, es sinónimo de ego o falta de respeto. Pero está lejos de querer generar alguna imposición del discurso propio.

Diferencias

La psicología apunta que si la interrupción es constante e involuntaria, puede estar ligada al Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). El cerebro de una persona con TDAH procesa la información más rápido de lo que puede frenar su habla. La sensación de que si no dicen la idea en el momento se les olvidará, genera la urgencia insoportable y, como consecuencia, interrumpen.

En el caso de quienes tienen Trastorno del Espectro Autista (TEA) no interrumpen por mala educación, sino porque no detectan el "turno de palabra". Tienen dificultades para leer las señales sociales, como las pausas para respirar o el tono de voz que indica que alguien no ha terminado.

A veces es una cuestión de personalidad o gestión emocional el porqué hay personas que interrumpen. Piensan que la interacción social deben “hacerla bien”, se ponen nerviosas y lanzan sus comentarios apenas los piensan para evitar silencios incómodos. La falta de empatía está relacionada con el narcisismo y el egocentrismo. La persona cree que su aporte es mucho más valioso que el del resto y no ve la interrupción como una falta de respeto, sino como algo que mejora la conversación.

¿Qué hacer?

En vínculos cercanos, como pareja o familia, interrumpir puede erosionar la comunicación emocional. La persona que no logra expresarse siente que sus ideas no valen o que no hay espacio para su voz, lo que genera frustración y distancia afectiva. En amistades o relaciones sociales, el hábito puede interpretarse como una señal de desinterés.

Si la situación genera contratiempos y fricciones en las relaciones sociales, hay herramientas que no buscan eliminar la espontaneidad, sino mejorar el equilibrio entre hablar y escuchar. En la lista de acciones se apuntan: respirar antes de hablar para evitar respuestas impulsivas, tomar notas cuando surge una idea y esperar el turno para decirla, observar señales del interlocutor y no intervenir mientras construye una frase, practicar pausas breves para permitir la participación de otros, usar frases como “cuando termines quiero agregar algo”.

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