El mensaje de Daniel Moyano tras el ascenso de Tucumán Central: “Nos criticaron mucho y se equivocaron”
Figura ante General Paz Juniors en la final por el ascenso al Federal A, el arquero fue clave en los 90 minutos y en la tanda que terminó 4-3. “Decían que ellos tenían jugadores de Nacional B, pero nosotros, puesto por puesto, tenemos una trayectoria tremenda”, afirmó.
ABRAZO. Moyano, Néstor Tonini y Bruno Vergara, entrenador de arqueros de Tucumán Central. OSVALDO RIPOLL/LA GACETA.
La noche pedía un héroe. Y Daniel Moyano respondió. A cinco minutos del final, Tucumán Central estaba lanzado al ataque, desbordado por la urgencia. Las líneas adelantadas, los volantes volcados en campo rival y una sensación de “todo o nada” que atravesaba cada pelota dividida. En ese contexto, General Paz Juniors encontró el escenario ideal para la contra. Kevin Martínez recibió cerca de la medialuna, controló con ventaja y quedó mano a mano con Moyano. Tenía perfil, distancia y tiempo. Parecía el 2-0 definitivo. Pero el arquero no se desesperó. “Para nosotros los arqueros es complicado cuando el partido se da así. Nosotros estábamos atacando, atacando, atacando y de la nada te sale una contra. Te agarra frío, sinceramente”, explicó después, ya con la adrenalina convertida en sonrisa tras la tanda de penales que ganó el “Rojo” por 4-3 para ascender al Federal A.
Moyano esperó hasta el último instante, achicó con decisión y bloqueó el remate con los pies. Fue una acción instintiva y técnica a la vez. Tucumán Central seguía con vida. “Gracias a Dios fueron dos pelotas clave que la pude solucionar”, resumió. No era una final más para él. En su memoria todavía dolía aquella definición perdida en 2022, con Villa Mitre de Bahía Blanca. “Ya habíamos perdido una final en La Pedrera, en San Luis, por penales. Ascendió Racing de Córdoba. Esa espina estaba en la previa y no podía dejar de pensar en ese partido”, confesó. Esta vez, el destino le debía algo.
El partido se fue a la tanda y allí comenzó otro duelo: el psicológico. “Ellos ya me habían estudiado. En Perico contra Talleres (en la final de la región Norte) me tiré tres penales al mismo palo. Seguro hablaron de eso para prepararse”, contó. Las dos primeras ejecuciones cordobesas fueron suaves, al lado opuesto de su elección. Pero en la tercera cambió.
Moyano no sólo juega con el cuerpo; sino que analiza cada acción con la precisión necesaria. “El arquero de ellos me quiso hacer la psicológica. Hicimos un juego de miradas. Él quiso llevarme a un lugar, pero no caí en su trampa. Creo que ese fue el quiebre del partido”, relató. Esa atajada fue un golpe anímico decisivo. Desde el banco rival, según su mirada, ya se saboreaba la victoria. “Cuando terminó el partido vi gestos como diciendo ‘por penales les ganamos’. Ellos estaban confiados porque su arquero había adivinado tres o cuatro penales antes. Pensaban que ya lo tenían”, aseguró.
FORTALEZA DE PIERNAS. Moyano esperó hasta el final y logró atajar dos penales. OSVALDO RIPOLL/LA GACETA.
La respuesta llegó desde los 12 pasos. En una de las ejecuciones, Moyano detectó un detalle mínimo. “Cuando él hace el saltito, yo me voy un poquito para adelante. Pensé primero que le iba a pegar fuerte al medio. Después dije no, me va a abrir el pie otra vez. Y la tiró al medio”, describió. Hubo un leve adelantamiento, pero también intuición y lectura.
En otra definición, la más espectacular, arriesgó todo. “Hice unos pasitos cortitos para atrás y dije: es imposible que remate suave. Traté de volar. Si iba más arriba no había chance, pero la tiró ahí y salí corriendo. No soy mucho de festejar los penales, pero ese fue inexplicable”, indicó.
La serie quedó sentenciada con el penal picado de Felipe Estrada. “Ahí los terminó de matar”, sostuvo. Y recordó el abrazo. “Felipe me abraza y me levanta. Fue un abrazo de victoria”, señaló.
Moyano también habló del contexto, de la subestimación. “Nos decían que nos enfrentábamos contra jugadores de Nacional B, Federal A… Pusieron eso en las redes. No nos conocen. Puesto por puesto tenemos una trayectoria tremenda. El jugador tucumano está acá porque quiere, porque es familiar, pero condiciones sobran. La Liga Tucumana es muy dura”, dijo.
Esa convicción atraviesa su estilo. Se reconoce en arqueros que arriesgan. “Me gusta mucho el juego con los pies. A veces me sale bien, a veces mal. Cuando sale mal te agarrás las boludeadas”, admite. Nombra influencias: Manuel Neuer, Ederson, Guido Herrera e Ignacio Arce. “Me encanta el que arriesga. Confía en sus condiciones”, dijo.
Su historia lo respalda. A los 13 años viajó a Buenos Aires y quedó en Arsenal. “Estuve hasta los 21. A los 18 me subieron a Primera. Estaba con Cristian Campestrini, Darío Benedetto, Lisandro López y Carlos Carbonero. Salimos campeones del Clausura y la Recopa. Yo era tercer o cuarto arquero, pero estaba ahí”, explicó.
Sin embargo, reconoce un error de juventud. “Cuando llegás a Primera pensás que ya está. Y es donde más tenés que trabajar. Creí que con las condiciones alcanzaba. Tenía que dar un plus más”, reconoció.
RECONFORTANTE. Según Moyano, el penal de Felipe Estrada fue fundamental para sentenciar el partido. OSVALDO RIPOLL/LA GACETA.
El fútbol del ascenso le enseñó otra cara. Pasó por Douglas Haig, fue titular, construyó nombre. Pero el año pasado decidió frenar. “Me quedé en Tucumán por mi familia. Mi hijo ya no quería irse a otra provincia, perder sus amigos. Era un tema familiar. Me llamaron de Federal A, la plata era el triple, pero no quise saber nada”, dijo.
Cuando lo convocó Tucumán Central, no dudó. “Averigüé que era un club prolijo. La dirigencia nos bancó a muerte. Tuvimos un partido malo y nos sostuvo. En Graneros nos tiraron piedras, rompieron el vestuario y él fue al frente con nosotros. Eso motiva”, contó.
También enfrentaron críticas. Sobre todo, después de la final de la Liga Tucumana. “Muchos clubes estaban acostumbrados a ganar de otra forma. Con nosotros no pudieron. Hubo periodistas que nos criticaron. Nosotros sabemos quiénes son. Lo tomamos de quién venía y no nos afectó”, dijo.
La final ante General Paz Juniors fue, en ese sentido, una síntesis. “Ellos hicieron tiempo todo el partido. Pero cuando terminó, estaban reventados”, indicó.
Ahora, con el ascenso consumado, vuelven los llamados. “Anoche mismo me escribieron de Federal A. Uno de Bahía Blanca, donde ya estuve y me trataron muy bien. Vamos a analizar. Es una decisión que también pasa por lo que nos ponga Dios en la mente”, dijo.
Moyano sabe que el fútbol es presente, pero también equilibrio. Tiene trabajo en Tucumán, tiene casa en Los Ralos, tiene un hijo que quiere quedarse. Y tiene un club que lo adoptó como símbolo.
La imagen final lo resume: el penal atajado, la corrida breve, el abrazo que lo eleva. La revancha consumada. Aquella final perdida en San Luis quedó atrás. Esta vez, la historia fue distinta.
Daniel Moyano no sólo atajó penales. Atajó fantasmas, dudas y subestimaciones. Y dejó a Tucumán Central en el Federal A.








